Más de 100.000 personas mueren cada año por mordeduras de serpiente, y otras 400.000 quedan con secuelas de por vida. La inmensa mayoría de estos casos ocurre en regiones tropicales donde el acceso a antivenenos —esos sueros derivados de anticuerpos de caballo— es escaso o inasequible. Pero un estudio recién publicado en eLife propone una estrategia radicalmente distinta: usar fármacos que ya están en el botiquín para neutralizar el veneno de las Bothrops, el género de serpientes que provoca más mordeduras en todo el continente americano.
En América Latina, las mordeduras de serpiente afectan a más de 150.000 personas cada año, según la Organización Mundial de la Salud, y la mayoría de las víctimas son trabajadores agrícolas en países como Brasil, Costa Rica o Colombia. El género Bothrops es responsable de cerca del 90% de esos accidentes ofídicos, gracias a su amplia distribución y a su veneno hemotóxico, que destruye tejidos y provoca hemorragias internas.
Fármacos con segunda vida: del botiquín al antídoto
La investigación se centró en inhibidores de moléculas pequeñas, compuestos que bloquean enzimas específicas del veneno. Los protagonistas fueron marimastat y DMPS (inhibidores de metaloproteinasas), varespladib (inhibidor de fosfolipasas A2) y nafamostat (inhibidor de serina proteasas). Cada uno de estos fármacos ya se utiliza en humanos, pero para dolencias muy diferentes.
Marimastat es un antiguo medicamento contra el cáncer y la artritis; DMPS se emplea en intoxicaciones por metales pesados; varespladib ha pasado por ensayos clínicos para enfermedades inflamatorias; y nafamostat es un anticoagulante. La idea de los investigadores fue sencilla: si el veneno de las Bothrops actúa desgarrando tejidos, alterando la coagulación y disparando hemorragias mediante estas mismas enzimas, un fármaco que las silencie podría servir como antídoto.
Las toxinas del veneno de las Bothrops son, en esencia, enzimas que descomponen la matriz extracelular (metaloproteinasas), rompen las membranas celulares (fosfolipasas A2) y alteran la cascada de coagulación (serina proteasas). Al bloquear estas dianas moleculares, los fármacos reutilizados impiden que el veneno despliegue su arsenal bioquímico.
Una eficacia que cruza fronteras biológicas
El veneno de las Bothrops varía de una especie a otra, incluso entre ejemplares de la misma camada. Por eso resulta tan difícil diseñar un antídoto universal. Los ensayos realizados con los cuatro compuestos mostraron que, pese a esa diversidad, los inhibidores de metaloproteinasas y fosfolipasas bloqueaban las toxinas en todas las muestras analizadas. Es el equivalente químico de una llave maestra.
En los experimentos, los fármacos protegieron a las células sanguíneas de la coagulación descontrolada y redujeron drásticamente las hemorragias provocadas por el veneno en modelos de laboratorio. Los investigadores observaron que el daño tisular característico de las mordeduras de Bothrops —necrosis, inflamación, sangrado— quedaba prácticamente anulado.
¿Un antídoto de bolsillo para las zonas más remotas?
El verdadero impacto de este hallazgo no está en descubrir nuevos compuestos, sino en reutilizar viejos conocidos. Los antivenenos tradicionales requieren una cadena de frío para su conservación, personal sanitario entrenado y un coste que puede superar los 100 dólares por dosis, una fortuna en las comunidades rurales de México, Brasil o Colombia. Los inhibidores de moléculas pequeñas, en cambio, son estables a temperatura ambiente, se administran por vía oral o inyectable con facilidad y su producción a gran escala es barata.
Un puñado de compuestos ya aprobados por las agencias reguladoras podría convertirse en el primer escudo químico de amplio espectro contra las mordeduras de las serpientes más peligrosas de América.
Sin embargo, los autores del estudio son cautos. Los resultados proceden de ensayos in vitro y en modelos animales preliminares. Queda por delante un largo camino de ensayos preclínicos y clínicos antes de que un médico pueda recetar marimastat frente a una mordedura de terciopelo. Pero la dirección es prometedora.
El propio artículo de eLife subraya que estos hallazgos proporcionan “una sólida justificación para avanzar hacia futuras evaluaciones preclínicas y clínicas” con estos fármacos en el contexto de las picaduras de serpiente. El siguiente paso será probar las combinaciones de inhibidores en animales vivos y comprobar si la protección se mantiene en un organismo entero.
Mientras tanto, los datos refuerzan una tendencia creciente en la toxicología moderna: mirar hacia el botiquín de casa para resolver emergencias que, hasta ahora, requerían hospitales de referencia.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Fármacos ya existentes (marimastat, DMPS, varespladib) neutralizan in vitro las toxinas de varias especies del género Bothrops.
- Dónde: La investigación se realizó con venenos de serpientes de Centro y Sudamérica, representativas de las especies más relevantes para la salud pública.
- Institución responsable: Estudio publicado en eLife por un equipo internacional de investigadores (los nombres concretos no se detallan en la nota).
- Cuándo: 2026.
- Impacto a futuro: Abre la puerta a antídotos de bajo coste, estables y fáciles de administrar en zonas remotas, reduciendo la dependencia de los costosos sueros tradicionales.




