Glovo ha quedado fuera de la fusión entre Uber y Delivery Hero. El miedo a un movimiento de los reguladores ha hecho que el unicornio español se quede, junto a otras 16 filiales, fuera del acuerdo de la OPA. Es otro movimiento accionarial sobre el que la empresa española, que queda en manos del fondo norteamericano SSW Partners, no tiene ningún control y que puede marcar su futuro inmediato.
El objetivo del fondo de inversión es conseguir un comprador que asuma el futuro del unicornio español. Así lo han expresado dos miembros de la directiva, Josh Steiner y Antonio Weiss, en el documento compartido por la propia Delivery Hero. «Nos complace adquirir estas empresas líderes en el mercado. Apoyaremos a la gerencia para garantizar que estas empresas sigan creciendo, invirtiendo en su personal y brindando un servicio excepcional a los clientes. Paralelamente, lideraremos el proceso para encontrar los mejores hogares a largo plazo para estas empresas, donde continuarán prosperando», han sentenciado.

No debería ser una sorpresa. Si Uber hubiera acabado por absorber las operaciones de Glovo en España, se habría quedado con más del 70 % de las operaciones del delivery en el país; un dato que podía acabar por obligar a la CNMC a frenar la operación. Desde Uber y Delivery Hero han considerado que lo mejor era evitar esta situación; de hecho, tampoco han comprado las operaciones del unicornio en Polonia, Portugal, Rumanía o Moldavia, y desde SSW Partners se ha considerado que era una oportunidad.
La maleta de problemas de Glovo
El problema es que la compañía española tiene una mochila de problemas difícil de gestionar para un nuevo comprador. Por un lado, lidian con un proceso de contratación que en teoría ha terminado, pero que sigue arrastrando retos por la falta de un convenio que señale condiciones de contratación claras en el sector. Además, su fundador y consejero delegado en el país, Óscar Pierre, sigue investigado por un supuesto delito contra los derechos de los trabajadores, aunque ha solicitado que se archive la causa.
Se suma que el año pasado la Seguridad Social exigía a Glovo unos 450 millones de euros en sanciones y cuotas debidas por la etapa en la que operó con falsos autónomos. En esta situación, es complicado saber quién puede asumir la compra de la empresa de reparto, que tiene a su favor su popularidad en el mercado español, donde mantiene un duelo por el primer puesto con Uber Eats, y en el que Just Eat todavía no la ha alcanzado.
¿Hay algún comprador sobre la mesa?
De momento, apenas unos días después de la confirmación de la compra de Delivery Hero por parte de Uber, no ha aparecido el nombre de ningún comprador. Lo que está claro es que sería deseable un comprador español, pues en los últimos años parte del reto de adaptarse a la Ley Rider era que esto hacía que la empresa tuviese que operar de forma diferente a la del resto de las filiales de su empresa matriz.
También facilitaría la compleja relación que tiene la empresa con el Ministerio de Trabajo, con el que ha mantenido un clima de tensión desde la aprobación de la Ley Rider. Además, abriría la puerta a que se negociara la estructura de pago con la Seguridad Social. Y es que, antes de la compra, Delivery Hero tenía una horquilla de riesgo de pérdidas de entre 520 y 860 millones de euros, lo que dificulta asumir esta contingencia para cualquier comprador que lo quiera a largo plazo.

Será clave observarlo de cerca. A pesar de las dudas evidentes alrededor de Glovo, esta sigue teniendo la ventaja de haber avanzado en el proceso de asumir el modelo de contrataciones, y puede ser la puerta de entrada para algunas de las competidoras que han abandonado España en los últimos años. Con la tendencia del sector a consolidarse, es posible que los pretendientes aparezcan a corto plazo.
Los riders siguen atentos el movimiento
Por otro lado, los riders en España y los sindicatos siguen muy de cerca el posible movimiento. La empresa ha sido señalada por estos trabajadores debido a las malas condiciones de trabajo que consideran tener algunos de ellos, y por aplicar lo que desde CCOO se ha considerado como «un ERE encubierto», antes de uno literal. Por tanto, cada vez que el accionariado cambia de manos, se multiplica la preocupación entre los repartidores.
Al mismo tiempo, el cambio de modelo laboral ha subido el coste de operaciones para cualquier posible comprador. De hecho, el secretario general de CCOO, Unai Sordo, ha señalado que es posible que Glovo «no pueda operar con los precios con los que operaba», al aplicar el nuevo modelo. Será un reto para quien asuma el mando, sobre todo porque la lupa del ministerio y de la Seguridad Social sigue sobre la empresa.




