Hallan en Egipto decenas de lenguas de oro en tumbas selladas de la época ptolemaica y romana

El hallazgo de 24 amuletos de lengua de oro en 18 tumbas selladas del puerto de Marina el-Alamein demuestra que los rituales funerarios del Antiguo Egipto pervivieron bajo dominio griego y romano. La excavación, anunciada por el Ministerio de Antigüedades egipcio, incluye una est

Lo anunció el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto esta semana y ya está removiendo los cimientos de la arqueología ptolemaica: en el yacimiento de Marina el-Alamein, un antiguo puerto a 100 kilómetros al oeste de Alejandría, un equipo de arqueólogos ha destapado 18 tumbas selladas que contienen, entre otros tesoros, veinticuatro amuletos de lengua de oro.

El hallazgo, correspondiente a los períodos Ptolemaico y Romano (siglo IV a.C. al IV d.C.), demuestra que los rituales funerarios del Antiguo Egipto pervivieron en uno de los enclaves más helenizados del Mediterráneo, desafiando la idea de una aculturación rápida bajo el dominio griego.

Publicidad

Marina el-Alamein, la ciudad que unió dos mundos bajo tierra

Marina el-Alamein se alzaba en la costa mediterránea como un punto de comercio y mezcla cultural durante la dinastía ptolemaica, fundada por los sucesores de Alejandro Magno. Las 18 tumbas descubiertas ahora se reparten en dos niveles: once fueron excavadas en profundidad, mientras que las siete restantes se construyeron más cerca de la superficie, un diseño que los arqueólogos vinculan con diferencias de estatus o de época.

A diferencia de otros yacimientos costeros, el conjunto apareció sellado, lo que ha permitido recuperar los ajuares en un estado de conservación excepcional. El Ministerio egipcio ha confirmado que la datación preliminar abarca desde el siglo IV a.C. hasta el siglo IV d.C., una horquilla de casi ochocientos años en la que Egipto pasó de ser un reino helenístico a provincia romana.

El enigma de las lenguas doradas y la puerta falsa del altar

Los 24 pequeños amuletos de lengua de oro son el hallazgo que más ha sorprendido a los especialistas. Colocados dentro de la boca de los difuntos, estos objetos tenían una función precisa: garantizar que el difunto pudiera hablar ante el tribunal de Osiris y recitar las fórmulas sagradas del Libro de los Muertos. Uno de los amuletos, además, representa el Ojo de Horus, símbolo de protección divina.

Junto a las lenguas, los arqueólogos hallaron un altar de ofrendas cuya base reproduce una puerta falsa, un elemento arquitectónico típicamente egipcio que simbolizaba el tránsito entre el mundo de los vivos y el de los muertos. A través de ella, se creía, el espíritu podía recibir el alimento y las ofrendas depositadas por sus familiares.

Marina el-Alamein

No menos revelador es el contexto: que un ritual tan anclado en la tradición faraónica aparezca en un puerto abierto al comercio griego sugiere que las élites locales conservaron sus creencias incluso cuando la lengua, la moneda y la administración se helenizaban. “Es una prueba material de que la identidad religiosa egipcia no se diluyó”, comentó un portavoz del ministerio.

Veinticuatro lenguas de oro, veinticuatro voces que aún nos hablan del poder de la palabra en la eternidad.

Más allá de Egipto: la huella helenística y un sarcófago sellado

Entre los escombros de de las tumbas apareció también una estatua inacabada de Afrodita, la diosa griega del amor y la belleza. Su presencia confirma la fuerte influencia helenística en la zona y sugiere que pudo existir un santuario o espacio de culto dedicado a deidades griegas en las inmediaciones del cementerio.

Otro de los elementos destacados es un sarcófago de granito de 2,5 metros de largo que fue encontrado con la tapa aún sellada. Los investigadores están examinando ahora los restos humanos de su interior para determinar la identidad, la edad y el estatus de la persona enterrada. El análisis antropológico podría arrojar luz sobre los hábitos de vida de una población costera que, a efectos prácticos, miraba al Mediterráneo pero enterraba a sus muertos mirando al Nilo.

Por qué este hallazgo es una ventana a la identidad cultural del Mediterráneo oriental

Este descubrimiento no es solo una colección de objetos bellos: es un argumento arqueológico contra la narrativa simplista de que la conquista griega borró las tradiciones egipcias. Marina el-Alamein, con sus lenguas de oro y sus puertas falsas, demuestra que durante siglos convivieron dos mundos bajo un mismo cielo. Las élites locales adoptaron elementos helenos —como la iconografía de Afrodita— sin renunciar a la promesa de una vida eterna dictada por Osiris.

Eso sí, quedan preguntas abiertas. El equipo aún no ha publicado una estratigrafía detallada ni ha completado los análisis de ADN o isótopos que podrían revelar el origen geográfico de los enterrados. Sin esos datos, el retrato es todavía parcial. No obstante, la arqueología egipcia ha demostrado en los últimos años que los enclaves costeros guardan más secretos que los grandes templos del interior.

Las próximas campañas de excavación en Marina, previstas para el otoño de 2026, intentarán responder a una de las grandes incógnitas: si estos rituales eran un fenómeno aislado de una clase sacerdotal o una práctica extendida entre toda la población del puerto. La lengua de oro, mientras tanto, seguirá brillando como un recordatorio de que, para algunos, la muerte era el comienzo de la conversación más importante.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: 18 tumbas selladas con 24 amuletos de lengua de oro, un altar con puerta falsa, un sarcófago de granito y una estatua de Afrodita.
  • Dónde: Yacimiento arqueológico de Marina el-Alamein, costa mediterránea de Egipto, a 100 km al oeste de Alejandría.
  • Institución responsable: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto; excavación dirigida por un equipo arqueológico egipcio.
  • Cuándo: El hallazgo fue anunciado en julio de 2026; las tumbas datan de los períodos Ptolemaico y Romano (siglo IV a.C. – siglo IV d.C.).
  • Impacto a futuro: Demuestra la pervivencia de rituales funerarios egipcios en un entorno helenizado y abre nuevas vías para estudiar la identidad cultural del Mediterráneo oriental.

Publicidad