Volkswagen estudia hacer recortes de 50.000 empleos: CEO admite costes un 20% más altos

El grupo automovilístico alemán baraja la supresión de 50.000 puestos para atajar una estructura de costes insostenible. La planta de Seat en Martorell, con más de 12.000 trabajadores, teme verse arrastrada por el ajuste.

Volkswagen se enfrenta a una reestructuración de plantilla sin precedentes en su historia reciente. El consorcio alemán estudia la eliminación de 50.000 empleos en todo el grupo, según ha comunicado la dirección a los representantes de los trabajadores, tras reconocer que sus costes de fabricación son un 20% superiores a los de sus principales rivales.

La admisión del problema la hizo el propio CEO en una reunión interna, en en la que calificó la estructura de costes de «insostenible». El ejecutivo puso cifras a la desventaja: producir un coche en las plantas alemanas cuesta hoy una quinta parte más que en factorías equivalentes de la competencia. De ahí el excedente de personal que ahora la compañía quiere abordar con un ajuste que podría ir incluso más allá y alcanzar los 100.000 puestos, como ya había advertido en foros anteriores.

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La noticia ha caído como un jarro de agua fría en la planta de Seat en Martorell, el mayor centro de producción del grupo en España. Con más de 12.000 trabajadores, la factoría barcelonesa teme verse directamente arrastrada por los recortes. «Sería ingenuo pensar que no nos van a afectar», declaró un portavoz sindical al diario El País. La inquietud se extiende también a la planta de Navarra, que emplea a otras 4.500 personas.

Un sobrecoste que lastra la competitividad

El diferencial del 20% se concentra sobre todo en Alemania, donde los costes laborales, energéticos y logísticos se han disparado en los últimos tres años. Volkswagen arrastra una estructura sobredimensionada que lastra sus márgenes justo cuando la competencia china y los fabricantes puramente eléctricos aprietan con precios más ajustados. La dirección ha trasladado la necesidad de ahorrar 10.000 millones de euros solo en el área de la marca principal para recuperar el pulso competitivo.

El plan, que se negocia con los sindicatos, incluye prejubilaciones, bajas incentivadas y, como última opción, despidos forzosos. La cifra de 50.000 empleos equivale aproximadamente al 8% de la plantilla total del grupo, que ronda los 650.000 trabajadores en todo el mundo.

Martorell, el eslabón español bajo máxima presión

Volkswagen produce demasiado caro y con demasiada gente; la ecuación es insostenible en el actual escenario competitivo.

Seat es una de las marcas que el grupo siempre ha señalado como joya de la corona, pero el contexto ahora es distinto. La planta de Martorell, que produce modelos como el León, el Arona y el Cupra Formentor, opera a plena capacidad, pero el sobrecoste sistémico del grupo alemán podría obligar a repartir el ajuste entre todas las factorías europeas. Fuentes sindicales consultadas por este medio reconocen que «hay nerviosismo» y que la dirección aún no ha concretado cupos por planta.

El temor a una deslocalización parcial hacia países del Este con costes más bajos planea sobre la instalación catalana. Aunque la productividad de Martorell es alta, los costes laborales españoles siguen estando por debajo de los alemanes, lo que podría jugar a su favor. Sin embargo, la dimensión del ajuste es tan grande que ningún centro está a salvo.

Seat Martorell

Análisis: la factura del gigante que se durmió en los laureles

Los problemas de Volkswagen no son nuevos, pero la crudeza de las cifras admitidas por su cúpula marca un antes y un después. El grupo que durante décadas lideró el mercado europeo con motores diésel y una gama interminable de modelos se ve ahora sobrepasado por una transición al vehículo eléctrico que ha cogido con el pie cambiado y por unos competidores chinos que ofrecen tecnología equivalente a precios un 30% inferiores. Bruselas ya estudia medidas anti-dumping para los coches eléctricos chinos, pero la respuesta real pasa por la competitividad interna. La vieja receta de reducir costes a golpe de ERE puede ser un parche si no se acompaña de una verdadera transformación industrial.

El sobrecoste del 20% es la suma de muchos lastres: una estructura de proveedores encorsetada, convenios colectivos blindados, plantas ineficientes y un exceso de burocracia interna que ralentiza cualquier decisión. Mientras, marcas como BYD o Tesla fabrican con márgenes de dos dígitos. El ajuste de empleo es la parte más socialmente dolorosa, pero probablemente solo el principio de una sacudida más profunda que incluirá el cierre de fábricas y la eliminación de modelos icónicos.

Para España, el impacto dependerá del reparto final. Seat jugó fuerte en 2025 al adjudicarse la producción del Cupra Tavascan, y Martorell es clave para el futuro eléctrico del grupo en el sur de Europa. Una eventual reducción de plantilla allí pondría en jaque no solo a los trabajadores, sino a toda una industria auxiliar que da empleo a decenas de miles de personas en Cataluña. El Gobierno seguirá de cerca las negociaciones, consciente de que cualquier paso en falso puede costarle muy caro en términos políticos y sociales.

La pelota está ahora en el tejado de la negociación colectiva. El comité de empresa exigirá garantías, pero las cuentas no cuadran. Y cuando las cuentas no cuadran, las palabras sobran.


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