Ethereum ha escalado más de un 6% este 15 de julio, hasta rozar los 1.875 dólares, después de que el Índice de Precios al Consumo (IPC) estadounidense de junio cayera con mucha más fuerza de la prevista. La inflación interanual se situó en el 3,5%, frente al 4,2% de mayo y muy por debajo del 3,8% que esperaba el consenso de analistas, lo que reduce la presión sobre la Reserva Federal y despeja el camino para los activos de riesgo.
El alivio ha sido inmediato. Con los inversores revisando a la baja las probabilidades de una nueva subida de tipos en la reunión del 29 de julio, el ether se ha convertido en uno de los grandes beneficiados de una sesión claramente favorable a las criptomonedas.
Un IPC que sorprende a la baja y alivia a la Reserva Federal
Los datos publicados por la Oficina de Estadísticas Laborales a las 8:30 hora de la costa este pillaron al mercado con el pie cambiado. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, cayó del 2,9% al 2,6% interanual, y el dato mensual se contrajo un 0,40%. La gasolina, que había empujado los precios al alza en meses anteriores, se desplomó, conteniendo el efecto de la energía.
La reacción es lógica desde la óptica monetaria. Hace apenas unos días, el gobernador Christopher Waller había elevado la probabilidad implícita de una nueva subida de tipos en julio hasta el 40-45% tras unos datos macro algo más calientes. Esa amenaza se desvanece con esta lectura, y el mercado ahora descuenta que la Fed mantendrá su rango objetivo en el 3,50%-3,75% al menos hasta septiembre. Unos tipos reales más bajos y un dólar más débil suelen ser el combustible perfecto para que el capital fluya hacia Ethereum.
Ormuz, el contrapeso que frena el rebote
Pero no todo es viento de cola. La escalada de tensión en el estrecho de Ormuz está actuando como un potente freno. El alto el fuego tácito entre Estados Unidos e Irán se ha roto, y desde el 14 de julio Washington ha impuesto un bloqueo naval de facto sobre puertos iraníes, mientras se suceden los ataques a buques tanque. El Brent ha repuntado más de un 2% intradía y roza los 85 dólares por barril, lo que enciende las alarmas sobre una segunda vuelta inflacionaria.
El mecanismo es conocido: petróleo más caro eleva las expectativas de inflación, lo que obligaría a la Fed a mantener los tipos altos durante más tiempo, fortaleciendo al dólar y drenando liquidez de los activos de riesgo. Por eso, aunque Ethereum ha subido con fuerza, el rebote se ha quedado lejos del que cabría esperar si no existiera este foco geopolítico.
El mercado está descontando que la Reserva Federal no endurecerá su política en julio, y eso basta para que el dinero vuelva a fluir hacia Ethereum.
¿Hay combustible para seguir subiendo?
La gran pregunta es si este rebote tiene fundamento para continuar. En lo que va de año, Ethereum acumula una caída cercana al 37%, después de haber tocado los 3.418 dólares en enero y desplomarse hasta los 1.506 dólares a finales de junio. El suelo de junio fue duro, pero desde entonces la criptomoneda ha rebotado más de un 23%, y la superación de los 1.800 dólares es una señal técnica relevante.
Los tres catalizadores que manejan los analistas pasan, en primer lugar, por la confirmación macro: mañana se publica el índice de precios a la producción (IPP) de junio, y cualquier cifra que refuerce la debilidad de los precios daría otro empujón. En segundo lugar, la evolución de Ormuz: si el conflicto escala, la aversión al riesgo podría llevarse por delante las ganancias. Y en tercer lugar, el propio soporte de 1.800 dólares: mantenerlo es condición necesaria para aspirar a los 2.200 dólares, el siguiente nivel de resistencia técnica.
Desde esta redacción creemos que la sesión de hoy es, sobre todo, un alivio táctico. El trasfondo del año sigue siendo complejo, con la Fed presidida ahora por Kevin Warsh y una inflación PCE que se proyecta en el 3,6% a cierre de 2026. Pero los datos de hoy recuerdan que, cuando la presión macro cede, Ethereum sigue siendo el activo digital que más rápido capitaliza el optimismo. No es una llamada a comprar, pero sí una muestra de que, incluso en un año bajista, las sorpresas positivas encuentran eco inmediato.




