IBM ha sufrido una caída en bolsa superior al 25% tras admitir que no alcanzará sus previsiones de ingresos del segundo trimestre, desatando una ola de ventas que ha arrastrado a los principales valores tecnológicos. La sesión de este 14 de julio ha borrado más de 70.000 millones de dólares de la capitalización del gigante azul y ha contagiado al software, que ha perdido más de 100.000 millones en bloque en apenas unas horas.
Claves de la operación
- La carta de Arvind Krishna desencadena las ventas. El consejero delegado de IBM reconoció que los clientes están redirigiendo sus inversiones hacia servidores, almacenamiento y memoria para asegurar el suministro de cara a la IA, en detrimento del software tradicional.
- El sector del software pierde 100.000 millones en una sola sesión. Empresas como ServiceNow, Workday, Adobe, Salesforce, Oracle, Microsoft y Amazon han registrado pérdidas cuantiosas, con caídas de hasta el 8%, en un efecto dominó que subraya el cambio de prioridades del gasto TI.
- Los fabricantes de memoria salen ganando. SK Hynix, que ayer se dejó un 14%, repunta un 12% en la sesión y arrastra al alza a Samsung y Micron, beneficiándose de la misma dinámica que castiga al software.
La carta que hundió a IBM: por qué los clientes están migrando su gasto a la infraestructura
La misiva que desató la estampida fue enviada el pasado lunes por el propio Krishna a los inversores. En ella, el máximo ejecutivo explicaba que los clientes están desplazando sus inversiones trimestrales hacia infraestructuras de servidores, almacenamiento y memoria para garantizarse el acceso a los componentes que alimentan los sistemas de inteligencia artificial, ante la previsión de un alza de precios. ‘Aunque anticipábamos cierto cambio en nuestras expectativas por la cadena de suministros, no podíamos imaginar la magnitud de esta repriorización’, admitía.
Los números concretos han resultado descorazonadores: IBM ingresó 17.200 millones de dólares en el segundo trimestre, frente a los 17.800 millones que proyectaba el consenso. Un desfase de 600 millones, apenas un 3,4%, que sin embargo ha provocado una corrección devastadora. El crecimiento interanual se ha limitado al 1%, lastrado por la caída de los negocios de consultoría e infraestructura, que no ha podido ser compensada por la ligera mejora del área de software ni por las adquisiciones recientes.
El castigo bursátil ha sido inmediato y contundente: IBM se ha desplomado más de un 25%, evaporando 70.000 millones de dólares de capitalización en una sola jornada. Una sangría que supera con creces la del propio desfase y que refleja el pesimismo del mercado sobre la capacidad de la compañía para adaptarse a la nueva jerarquía del gasto tecnológico.
El desplome no se ha quedado en IBM. El sector del software ha perdido más de 100.000 millones de dólares en bloque, en una venta masiva que ha golpeado a todos los actores. ServiceNow o Workday han llegado a caer un 8% en total y ahora lo hacen en en un 4% y un 5%, Adobe lo hace en un 3,45% Salesforce y Oracle cerca de un 2%. Microsoft y Amazon, aunque menos expuestos al software puro, también han cotizado en números rojos.
La estampida no es un accidente: el mercado está reevaluando el software tradicional a una velocidad que ni las propias empresas alcanzan a digerir.
Efecto contagio: el software pierde más de 100.000 millones en cuestión de horas

La reacción en cadena ha sido fulminante. ServiceNow ha llegado a desplomarse un 8%, aunque ha recortado pérdidas hasta el 4%, y Workday se ha quedado en el 5%. Adobe ha cedido un 3,45%, mientras que Salesforce y Oracle se han movido cerca del 2%. Incluso gigantes como Microsoft y Amazon, con una menor dependencia del software de licencia, han registrado caídas, lastradas por el temor a un parón generalizado de la inversión corporativa en TI.
Este castigo se suma a una tendencia que acumula el sector en lo que va de año: el software acumula una corrección cercana al 20%, y nombres que hasta hace poco eran considerados defensivos, como ServiceNow o Salesforce, ya no lo parecen tanto. La irrupción de los modelos de IA generativa está acelerando la obsolescencia de muchas herramientas empresariales, que pueden ser reemplazadas total o parcialmente por agentes conversacionales.
¿Un cambio estructural? La IA redibuja el mapa del gasto TI
En contraste, los fabricantes de memoria son los grandes beneficiados. SK Hynix, que ayer perdió un 14% tras la salida a bolsa de su filial de tarjetas, se ha disparado un 12% y ha arrastrado a Samsung (+3%) y Micron (+2,4%). La paradoja es que el mismo miedo a una escasez de suministros que hunde a IBM está inflando las valoraciones de los productores de hardware. El dinero no se está retirando del sector tecnológico: simplemente está rotando de unas manos a otras.
Para IBM, el golpe es especialmente doloroso porque pone en cuestión la hoja de ruta de su transformación. La compañía ha apostado fuerte por la nube híbrida y la inteligencia artificial, con adquisiciones como Red Hat, pero sus cifras muestran que el negocio de consultoría e infraestructura, que todavía representa una parte sustancial de sus ingresos, está sufriendo. La pregunta que se hacen los analistas es si se trata de un bache coyuntural o del inicio de una decadencia prolongada para el gigante azul.
En España, donde IBM opera desde 1926 y atiende a grandes clientes como BBVA, Santander y administraciones públicas, el terremoto bursátil no pasa desapercibido. Aunque su filial española no cotiza de forma independiente, el castigo en bolsa a la matriz afecta a la percepción de riesgo de sus servicios y podría tener implicaciones en futuros contratos. Y sobre todo, el mensaje es extrapolable: las empresas españolas que basan su transformación digital en el software tradicional deben replantearse hasta qué punto sus inversiones están alineadas con un paradigma que está mutando a toda velocidad.
La sesión de hoy deja la sensación de que el mercado ha dictado una sentencia: la nueva economía de la IA premia al que fabrica y castiga al que intermedia. Queda por ver si los gigantes del software saben reaccionar o si, como IBM, se verán desbordados por una ola que ni ellos esperaban.




