Una camioneta al día. Esa es la única actividad comercial que soportaban las aduanas terrestres de Ceuta y Melilla desde su reapertura en febrero de 2025. Pero Marruecos ha decidido cerrarlas durante los tres meses que dura la Operación Paso del Estrecho (OPE), con el argumento de que el flujo de viajeros no debe verse entorpecido.
El cierre, confirmado por fuentes de la delegación del Gobierno en Melilla, se ha llevado a cabo con más sigilo aún que el año pasado. No hubo comunicación oficial a las autoridades españolas; Rabat se limitó a informar verbalmente a los escasos operadores que utilizan esos pasos.
Cierre sin aviso previo y con nulo impacto comercial
La aduana marroquí justificó la medida alegando que el acuerdo bilateral prevé modular el tránsito de mercancías durante los picos de la OPE. Sin embargo, los números desmienten cualquier riesgo de colapso. Desde Ceuta solo se importan áridos para construcción y desde Melilla, sandías –las últimas en mayo–, mientras que las exportaciones se limitan a pequeños electrodomésticos esporádicos. El volumen diario no alcanza ni para llenar un camión. Y, de hecho, la mayoría de los operadores coincide en que la medida es puramente política.
La Operación Paso del Estrecho, denominada Marhaba por Marruecos, moviliza a unos 3,5 millones de personas de origen marroquí que residen en Europa. El tránsito de viajeros por las fronteras de Ceuta y Melilla es mucho mayor, pero la actividad aduanera, prácticamente inexistente, no supone un estorbo objetivo.
Arantxa Campos, presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta, lo expresa sin rodeos: “por parte de los empresarios de la ciudad no hay ningún interés en utilizar una aduana sin ninguna seguridad jurídica, que funciona al capricho de un país autoritario al que se le deja campar a sus anchas”. Su homólogo en Melilla, Enrique Alcoba, coincide: “No disponemos de información oficial, pero eso es lo que nos trasladan los agentes de aduanas”.
El ‘hito histórico’ de 2025 fue solo una camioneta diaria: sin seguridad jurídica, la aduana de Ceuta y Melilla sigue siendo un gesto político vacío.
Las quejas empresariales no son nuevas. Tras la reapertura en 2025, las condiciones impuestas por Rabat –mercancías autorizadas, horarios restringidos, procedimientos arbitrarios– hicieron que el uso de la aduana fuera casi testimonial. En Ceuta se registró una operación comercial cada 3,5 días y en Melilla cada 7 días. Cifras que hablan de un fracaso diplomático disfrazado de avance.
Empresarios de Ceuta y Melilla: ‘sin seguridad jurídica’
“La aduana comercial estará cerrada hasta que acabe la OPE”, confirmó Campos al teléfono. La decisión, según los agentes locales, se aplica sin fecha de reapertura concreta más allá de mediados de septiembre. Para las empresas que aún confiaban en normalizar el tránsito, el mensaje es claro: el control lo tiene Rabat.

Un gesto político que reabre las heridas del Sáhara y la sumisión diplomática
El cierre de las aduanas apenas afecta al comercio bilateral, pero sí golpea la narrativa del Gobierno español. La reapertura de 2025, calificada por el ministro Albares como un “hito histórico”, fue la única concesión tangible que Marruecos ofreció a cambio del respaldo de Pedro Sánchez al plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental en 2022. Casi tres años de espera para un mecanismo que ahora se paraliza sin explicaciones.
La hoja de ruta firmada en abril de 2022 entre Sánchez y Mohamed VI pretendía normalizar las relaciones bilaterales, pero la realidad muestra una asimetría persistente. Marruecos ha utilizado las aduanas como palanca: primero las cerró en 2018 sin protesta española, luego las reabrió con cuentagotas y ahora las vuelve a bloquear con la excusa de la OPE.
El presidente de Melilla, Juan José Imbroda, lo resumió con crudeza el año pasado: “Marruecos manda en las relaciones con España, en la frontera con Ceuta y Melilla”. La ausencia de una respuesta firme del Ejecutivo español refuerza esa percepción.
Más allá del gesto, el cierre subraya la fragilidad de los acuerdos cuando una de las partes puede modificar las reglas sin contrapartida. Para las ciudades autónomas, la dependencia del comercio con Marruecos –por limitado que sea– queda expuesta a decisiones políticas que escapan a su control.
La OPE termina en septiembre. Para entonces, los empresarios de Ceuta y Melilla deberán decidir si vuelven a confiar en unas aduanas que funcionan a golpe de capricho. La pregunta de fondo es si el Gobierno español exigirá garantías reales o continuará apostando por una normalización que, por ahora, solo beneficia a Rabat.




