Opel ha confirmado que su nuevo SUV compacto 100% eléctrico se fabricará en la planta zaragozana de Figueruelas a partir de 2027. La decisión refuerza el papel de la factoría española dentro del grupo Stellantis y marca un nuevo episodio en la colaboración con el fabricante chino Leapmotor, participado por el consorcio.
El modelo, de unos 4,5 metros de longitud, se situará entre el Frontera y el Grandland en la gama Opel. Será el primer vehículo desarrollado conjuntamente con Leapmotor y solo dispondrá de propulsión eléctrica pura, sin versiones híbridas ni de autonomía extendida, según ha confirmado Florian Huettl, consejero delegado de Opel.
«Es un proyecto prometedor que nos permitirá reducir los tiempos de desarrollo y aprovechar las fortalezas de ambas compañías», explicó Huettl. El directivo prevé que el tiempo de desarrollo podría acortarse a menos de dos años, lo que situaría su lanzamiento comercial en 2028. La producción, sin embargo, arrancará ya en 2027 en las líneas de Figueruelas.
La planta zaragozana consolida así su carga de trabajo: además de este SUV, Opel tiene previsto fabricar allí la nueva generación del Corsa eléctrico a partir de 2028. De este modo, la factoría se convierte en uno de los centros neurálgicos del coche eléctrico en el sur de Europa.
La joint venture reparte las tareas: Opel se encargará del diseño, la ingeniería de chasis y la iluminación, mientras que Leapmotor aportará la arquitectura electrónica, las baterías y el sistema de propulsión. «Vemos que el proceso de desarrollo en China es rápido y hay una forma diferente de afrontar ciertas cuestiones técnicas. Eso nos inspira», añadió Huettl.
La alianza con Leapmotor puede ser el atajo de Opel para acortar distancias con los rivales chinos que ya copan el mercado eléctrico europeo.
Competir con los fabricantes chinos desde dentro de Europa
El movimiento encaja en la estrategia de Stellantis de aprovechar la tecnología de sus socios chinos para contrarrestar la avalancha de vehículos eléctricos asequibles que llegan de marcas como BYD, MG o la propia Leapmotor de manera independiente. Al producir en Zaragoza, Opel evita los aranceles que la Unión Europea aplica a los vehículos importados, lo que mejorará notablemente su competitividad en precio.
Huettl no ha concretado el precio de venta previsto, pero ha asegurado que el coche será «presumiblemente muy competitivo». La combinación de la escala de producción de Stellantis y la red de concesionarios de Opel podría permitir un posicionamiento agresivo, incluso por debajo de otros modelos eléctricos de la marca.
Sin embargo, la fórmula no está exenta de riesgos. La integración de dos culturas de ingeniería tan dispares ha sido un quebradero de cabeza en otras joint ventures del sector. Opel confía en que la movilización y la voluntad mutua darán frutos, pero hasta que el primer prototipo no ruede, la incertidumbre es inevitable.
Figueruelas se convierte así en el banco de pruebas de un modelo de colaboración que, si funciona, podría extenderse a más modelos y marcas del grupo. Opel no descarta ampliar la cooperación en el futuro, aunque prefiere centrarse ahora en hacer de este SUV un éxito.




