El BCE elige a 36 empresas para el euro digital: Abanca, la única española, contra las stablecoins en dólares

El piloto arrancará en verano de 2027 con 36 entidades seleccionadas por el Eurosistema. Solo los empleados de los bancos centrales podrán usarlo en pagos cotidianos.

El Banco Central Europeo ha seleccionado a 36 entidades de pagos para poner en marcha la fase piloto del euro digital, el proyecto con el que Fráncfort quiere plantar cara al avance de las stablecoins en dólares. Entre los elegidos figura Abanca, la única firma española, en un consorcio que reúne a bancos, fintechs y grandes procesadores europeos.

Los detalles del piloto: 36 actores para una infraestructura clave

El Eurosistema ha confirmado que las pruebas comenzarán en verano de 2027. Durante esta fase, solo los empleados de los bancos centrales participantes podrán utilizar la moneda digital para pagos cotidianos en cafeterías y restaurantes internos. El perímetro es deliberadamente acotado: se trata de comprobar la interoperabilidad técnica antes de cualquier despliegue masivo.

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La lista completa incluye nombres como Worldline, Nexi, CaixaBank, Deutsche Bank y la propia Abanca. Según la documentación oficial, las 36 entidades han sido seleccionadas entre más de 80 candidaturas. El BCE valora especialmente la capacidad de integración con los sistemas de pago instantáneo ya existentes (SEPA Instant) y la diversidad geográfica de los participantes.

Abanca, con sede en Galicia, aportará su experiencia en pagos minoristas y banca digital. Su inclusión contrasta con la ausencia de otros gigantes españoles como Santander o BBVA, que no aparecen en esta convocatoria inicial. Desde la entidad gallega confirman que participarán «activamente» en el diseño de los casos de uso transfronterizos.

Una respuesta a las stablecoins con sello político

El euro digital no es solo un proyecto tecnológico. El BCE y la Comisión Europea ven con preocupación cómo las stablecoins denominadas en dólares —como USDC o USDT— ganan tracción en pagos internacionales, incluso dentro de la UE. Un informe interno de la Comisión, citado por fuentes próximas, alerta de que el 73% de los pagos transfronterizos en criptoactivos se liquidan ya en dólares.

Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, lo ha repetido en varias comparecencias: «No podemos permitir que una moneda privada o extranjera se convierta en el estándar de facto para los pagos digitales en Europa». El piloto de 2027 es, en ese sentido, una prueba de fuego para demostrar que el sector financiero europeo puede ofrecer una alternativa sin fricciones.

No se trata solo de modernizar el euro: es una cuestión de soberanía monetaria frente a un ecosistema de pagos que ya habla en dólares.

La banca europea, sin embargo, ha mostrado resistencias. Las patronales advierten de que un euro digital podría desintermediar el sistema y reducir los depósitos. Por eso, el BCE ha diseñado el piloto con límites de tenencia por usuario (3.000 euros en la fase inicial) y sin remuneración, para desincentivar su uso como reserva de valor.

Las stablecoins, por su parte, han multiplicado su capitalización hasta superar los 200.000 millones de dólares en 2026. Con PayPal lanzando su propia stablecoin en dólares y Meta reactivando su división de pagos con stablecoin, la presión se ha convertido en urgencia para el BCE.

Análisis: ¿llega el euro digital a tiempo?

La pregunta no es si el euro digital funciona técnicamente —los sistemas existen—, sino si llegará al mercado antes de que las stablecoins en dólares hayan consolidado una ventaja insalvable. En 2027, cuando arranque el piloto, llevaremos más de un lustro viendo cómo el dólar digital privado se cuela en carteras europeas sin que Bruselas haya movido ficha regulatoria con suficiente contundencia.

Creo que el BCE ha acertado al tejer una alianza amplia con el sector privado, pero echo de menos un piloto abierto a un grupo reducido de usuarios reales más allá de los funcionarios del Eurosistema. Las cafeterías internas del BCE difícilmente reproducen la complejidad de los pagos transfronterizos en el mercado único. Y en esa complejidad está la verdadera prueba.

Otro frente es la aceptación ciudadana. La confianza en un euro digital dependerá tanto de la tecnología como de la narrativa. Si se percibe como un intento de control estatal, el fracaso está asegurado. Si se articula como una herramienta de autonomía frente a las Big Tech, tiene posibilidades. Por ahora, la comunicación institucional sigue siendo demasiado técnica y poco accesible para el público general.

El verano de 2027 será el primer test serio. Para entonces, el ecosistema cripto-dólar habrá dado varios pasos más. El BCE juega una partida en la que el reloj corre en su contra, pero la selección de 36 actores diversos demuestra que, al menos, han entendido que esto no es un proyecto de laboratorio, sino una jugada de política monetaria con consecuencias globales.


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