El pasado 7 de julio, un Falcon 9 de SpaceX colocó 81 cargas útiles en órbita, entre ellas el primer satélite nuclear comercial de la historia. El CubeSat BOHR, desarrollado por la empresa estadounidense City Labs, marca un antes y un después en la energía espacial: por primera vez, una compañía privada demuestra que puede utilizar una reacción nuclear para generar electricidad en el vacío sin depender de luz solar ni de plutonio.
Claves de la operación
- City Labs estrena la energía nuclear espacial comercial. BOHR es un CubeSat financiado con un contrato del Pentágono y que ha recibido todas las autorizaciones de la FAA bajo un memorando presidencial de la era Trump.
- La desintegración de tritio ofrece una alternativa más segura. Frente al plutonio que emplean las sondas Voyager, el tritio emite partículas beta de muy baja energía, lo que facilita su manipulación y reduce los riesgos radiológicos.
- Se abre un nuevo mercado para misiones de larga duración. La energía nuclear puede alimentar satélites en el polo sur lunar o sondas a asteroides, donde los paneles solares pierden eficacia, un nicho que interesa tanto al sector de defensa como al civil.
El fin de la dependencia solar: ¿una nueva carrera por la energía nuclear espacial?
Hasta ahora, la inmensa mayoría de los satélites y naves se alimentaban de luz solar o, en contadas ocasiones, de generadores termoeléctricos de radioisótopos basados en plutonio –tecnología reservada a misiones estatales como las Voyager o Curiosity-. El CubeSat BOHR cambia las reglas del juego al utilizar tritio, un isótopo del hidrógeno que emite partículas beta al desintegrarse. Un semiconductor se encarga de transformar esas partículas directamente en corriente eléctrica, sin necesidad de calor ni de combustible químico.
El resultado es una fuente de energía duradera (el tritio tiene una vida media de 12,3 años) y mucho más segura, lo que habilita nuevas misiones comerciales a regiones con escasa iluminación. La NASA ya tiene previsto construir bases en el polo sur lunar, una zona en sombra permanente donde los paneles fotovoltaicos no funcionan. Si la tecnología de City Labs se consolida, los futuros contratistas de Artemis podrían alimentar sus módulos con bloques tritio-beta en lugar de caros y logísticamente complejos sistemas de paneles solares desplegables.
SpaceX, por su parte, demuestra una vez más su capacidad para democratizar el acceso al espacio. La misión Transporter-17, con 81 pasajeros, reduce el coste de lanzamiento a unos pocos miles de dólares por kilogramo, lo que hace viable que una startup pruebe conceptos radicalmente nuevos sin arruinarse. En este vuelo concreto, BOHR viajó como carga útil secundaria y se separó del cohete a los 50 minutos del despegue desde la base de Vandenberg, California.
La energía nuclear comercial en el espacio deja de ser un sueño de las agencias gubernamentales para convertirse en un negocio que ya están captando startups ágiles.
City Labs, un David respaldado por el Pentágono que reta a los gigantes aeroespaciales
City Labs no es un nombre conocido fuera del sector espacial, pero su contrato con el Departamento de Defensa demuestra que Washington apuesta fuerte por las fuentes de energía nuclear miniaturizadas. El memorando presidencial de seguridad nacional 20, firmado por Donald Trump, agilizó las autorizaciones de lanzamiento nuclear, algo que la empresa ha sabido aprovechar. La Federal Aviation Administration dio luz verde sin precedentes a una carga útil comercial activa desde el punto de vista radiológico. Cosas que pasan en 2026.
La pregunta es si City Labs, con una plantilla modesta, puede competir con los herederos naturales de los programas nucleares estatales: Lockheed Martin, Northrop Grumman o Boeing. La ventaja de la startup reside en la simplicidad de la fuente tritio-beta, que elimina la necesidad de manipular plutonio, blindajes pesados y protocolos de seguridad extremos. Un CubeSat de bajo coste con esta tecnología podría interesar tanto a operadores de constelaciones de comunicaciones como a agencias espaciales que quieran alargar la vida útil de sus sondas en el espacio profundo. El plot twist nadie lo vio venir.
No obstante, el eslabón débil sigue siendo la generación de una cantidad de energía suficiente para sistemas más hambrientos. BOHR utiliza sus placas solares para alimentar los subsistemas del satélite; la cápsula de tritio es, de momento, una prueba de concepto que solo genera unos milivatios. Escalarlo a vatios o kilovatios requerirá una inversión considerable y varios años de desarrollo.
Efectos en el ecosistema espacial español: entre la oportunidad y el recelo regulatorio
España lleva una década intentando construir un sector espacial competitivo con actores como PLD Space, que aspira a lanzar el cohete Miura 5, y GMV, especialista en sistemas de navegación. La posibilidad de alimentar satélites o módulos con tritio podría encajar en los planes de exploración lunar europeos en los que participa la industria española, pero el marco regulatorio de la Unión Europea es mucho más restrictivo que el estadounidense en cuanto al uso civil de materiales radiactivos.
Un despliegue comercial de esta tecnología en suelo europeo requeriría una armonización normativa de la que hoy carecemos. Además, la opinión pública europea es especialmente sensible a todo lo que lleve la palabra ‘nuclear’, incluso cuando se trata de isótopos de baja actividad. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
Sin embargo, la señal que lanzan SpaceX y City Labs es inequívoca: el sector privado puede y quiere convertir la energía nuclear espacial en un negocio. Las misiones gubernamentales de exploración seguirán empleando plutonio, pero la capa comercial que está emergiendo alrededor de la Luna, las telecomunicaciones de órbita media y la defensa planetaria necesitará fuentes de alimentación que no miren al Sol. BOHR ha encendido una mecha que los reguladores ya no pueden ignorar.
En esta redacción entendemos que el éxito de esta misión de prueba acelera la conversación en la industria sobre estándares y licencias, y que las próximas convocatorias de la Agencia Espacial Europea podrían incluir líneas de financiación para demostradores nucleares. El tiempo dirá si la energía de la desintegración del tritio se convierte en un producto de catálogo o se queda en un experimento pintoresco de la era post-Artemis.




