Crisis del turismo en EE.UU.: el 45% de los estadounidenses renuncia a viajar por el alza de billetes y combustible

Los datos de la TSA muestran una caída del 2,3% en el tráfico aéreo durante el pasado 4 de julio, mientras las aerolíneas traspasan el alza del combustible al consumidor. En Europa, el grupo IAG ya ha elevado tarifas un 8%, con impacto directo en Iberia.

La temporada de viajes de verano en Estados Unidos se está convirtiendo en un barómetro del gasto del consumidor. El 45% de los estadounidenses ha decidido no salir de vacaciones este año, según un sondeo conjunto de NPR, PBS News y Marist College, lo que representa un retroceso de dos puntos porcentuales respecto al mismo periodo de 2025. La razón principal: el encarecimiento de los billetes de avión y del combustible, agravado por el último repunte de la tensión geopolítica en Oriente Medio.

Un sector lastrado por la guerra y el petróleo

Los datos de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) muestran que durante el fin de semana del 4 de julio —el pistoletazo de salida de la temporada alta— el tráfico aéreo cayó un 2,3% interanual, con 7,3 millones de pasajeros frente a los 7,5 millones del ejercicio anterior. La desaceleración se produce pese al impulso que cabría esperar del Mundial de Fútbol, que este año se celebra con partidos en Estados Unidos, Canadá y México y que, según la firma Sojern, iba a nutrirse sobre todo de viajeros domésticos.

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Las tarifas aéreas ya acumulan una subida del 8,2% desde febrero, de acuerdo con el índice de precios del Departamento de Trabajo estadounidense. El barril de Brent, referencia para el queroseno de aviación, se disparó un 4,84% solo el miércoles —el día en que el presidente Trump declaró roto el alto el fuego con Irán—, lo que anticipa una nueva vuelta de tuerca.

  • United Airlines advirtió en abril de que tendría que elevar precios hasta un 20% por el encarecimiento del combustible.
  • American Airlines ha recortado rutas para agosto y septiembre ante la escalada de costes.
  • Spirit Airlines, la aerolínea de bajo coste, cesó operaciones en mayo tras tres décadas en el aire, alegando en el proceso de quiebra los «conflictos geopolíticos» como factor determinante.

«Normalmente hay un aumento estadísticamente significativo del número de vuelos programados durante el verano, pero la guerra ha afectado realmente la capacidad de las aerolíneas para planificar y anticipar cómo transcurrirán los meses estivales. Hasta el 40% de sus ingresos pueden proceder de la temporada de verano. El efecto colateral del combustible de aviación es aún más intenso que el de la gasolina, en muchos sentidos, porque no hay tanta capacidad.» — John Deal, director general de mercados de capitales del banco de inversión Post Oak Group, en declaraciones a Al Jazeera

Efectos en cadena y la respuesta del consumidor

Las aerolíneas europeas tampoco han escapado al golpe. Lufthansa canceló 200.000 vuelos de corto radio en abril para recortar costes, mientras British Airways aplicó un alza de tarifas del 8% dentro del grupo IAG —matriz de Iberia y Aer Lingus, entre otras— para absorber una factura extra de 2.200 millones de dólares.

Además del queroseno, las compañías del Viejo Continente sufren restricciones de espacio aéreo sobre Rusia, Irán, Irak y Líbano que les obligan a alargar rutas y consumir aún más combustible. Esa doble presión está empujando a viajeros de negocios como Rich Pleeth, ejecutivo londinense, a optar por aerolíneas chinas en sus desplazamientos a Asia, porque pueden sobrevolar territorio ruso sin vetos.

El automóvil gana terreno por descarte: la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA) calcula que 61,4 millones de personas utilizaron el coche durante el puente del 4 de julio, prácticamente la misma cifra que un año antes, mientras el galón de gasolina se situaba en 3,79 dólares, lejos del máximo de 4,48 dólares de mediados de mayo, pero aún un 27% por encima de los 2,98 dólares del 28 de febrero, día en que comenzaron los ataques contra Irán.

🌍 El impacto en España y Europa

La debilidad del consumo turístico estadounidense y el encarecimiento generalizado del queroseno tienen una lectura directa para España. El grupo IAG ha reconocido que la mayor parte del sobrecoste de 2.200 millones de dólares recaerá sobre British Airways, pero Iberia, su filial española, no es inmune: una base de costes más alta acaba trasladándose al pasajero en forma de billetes más caros o de menor oferta de rutas.

Para el sector hotelero y de servicios, la menor afluencia de visitantes norteamericanos —uno de los segmentos de mayor gasto por estancia— podría restar décimas al PIB turístico de la costa mediterránea y de las islas. Además, si el repunte del petróleo se consolida, el Euríbor podría verse presionado al alza por unas expectativas de inflación más persistente, encareciendo las hipotecas variables de miles de hogares españoles.

En paralelo, los consumidores europeos sufren precios en surtidor que en países como Países Bajos ya alcanzan los 2,20 euros por litro, lo que frena el tránsito por carretera y añade otra capa de incertidumbre a la demanda interna de la eurozona.

Lo que revela esta radiografía es que el choque geopolítico está filtrándose al consumo de ocio con una rapidez inusual. Si la subida del crudo se traduce en una segunda ronda de aumentos tarifarios a finales de julio, el aterrizaje suave de la economía estadounidense —y, por arrastre, de la europea— se complicará un poco más.


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