Michael Selig, presidente de la CFTC: ‘La Clarity Act está tan cerca’ y urge al Senado a votar antes de agosto

El presidente de la CFTC, Michael Selig, aseguró que el proyecto de ley está 'tan cerca' y pedido al Senado que vote antes del receso del 7 de agosto. La norma dividiría la supervisión de los criptoactivos entre la propia CFTC y la SEC, un equilibrio q

Michael Selig, presidente de la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos (CFTC), ha lanzado un mensaje tan directo como urgente: «Estamos tan cerca. Tenemos que conseguirlo». Se refería a la Clarity Act, el proyecto de ley que aspira a ordenar el mercado de criptoactivos en Estados Unidos y cuya votación en el Senado pende de un hilo antes del receso estival.

La ley, aprobada por la Cámara de Representantes el pasado verano, divide la supervisión de los activos digitales entre la CFTC —que se ocuparía de las criptomonedas consideradas materias primas, como bitcoin— y la SEC, que vigilaría aquellas con características de valor. Un reparto que la industria lleva años reclamando y que, según Selig, es «crítico para que Estados Unidos tenga un estándar federal, en lugar de un mosaico de normas estatales que ha perjudicado a las empresas».

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El reloj del Senado y el fantasma del receso

La presidenta de la subcomisión de activos digitales del Comité Bancario del Senado, Cynthia Lummis, confirmó que los negociadores trabajan para publicar el texto del proyecto y someterlo a votación este mismo mes de julio. Pero el calendario es el enemigo: el Senado inicia su receso estival el 7 de agosto. Si no hay votación antes, avisan fuentes legislativas, la ventana de oportunidad podría cerrarse durante años.

La Comisión Bancaria ya dio luz verde a la medida en una votación de 15 a 9, con dos demócratas unidos a los republicanos. Lummis, una de las voces más activas en defensa de la claridad regulatoria, ha insistido en que el objetivo es liberar el texto de la ley y votar antes del parón. Pero la cuenta atrás es real: cualquier retraso más allá del 7 de agosto dejaría la Clarity Act en el limbo, probablemente hasta después de las elecciones de medio mandato de 2026, cuando la composición del Senado podría cambiar.

La piedra en el zapato: las exigencias éticas de los demócratas

El propio Selig no ocultó su frustración: «Hay un poco de deslizamiento hacia cuestiones éticas y otros asuntos, y están descarrilando la oportunidad real de tener un proyecto de ley bipartidista», declaró. Los demócratas presionan para incluir cláusulas sobre posibles conflictos de interés vinculados al presidente Trump, a su familia y a sus negocios con criptomonedas. Además, hay disputas sobre las normas contra el blanqueo de capitales y sobre un apartado reabierto de la GENIUS Act, la ley de stablecoins, que cuestiona si los exchanges pueden pagar intereses sobre los saldos en stablecoins.

Para Selig, estas demandas son una cortina de humo. «Se están metiendo en asuntos éticos que desvían la atención de lo importante», añadió. Sin embargo, los legisladores demócratas defienden que esas salvaguardas son imprescindibles para proteger al consumidor, lo que ha convertido la negociación en un tira y afloja que consume el tiempo del Senado.

El mercado cripto no se juega solo una ley: se juega la certidumbre con la que los inversores institucionales deciden si entran o se quedan fuera.

Análisis: lo que está en juego para Estados Unidos (y para Europa)

Más allá de los tecnicismos legislativos, la Clarity Act pone a prueba la capacidad de Washington para ofrecer un marco regulatorio predecible. Europa ya tiene su reglamento MiCA, que entró en vigor en 2025 y ha atraído a empresas que buscan seguridad jurídica. Si el Senado deja caer la ley, Estados Unidos puede perder una carrera que ya empezó con retraso. Empresas como Coinbase o Circle llevan años pidiendo reglas de juego definidas, y mientras Europa avanza, la incertidumbre estadounidense sigue siendo un lastre para la innovación nacional.

Por otro lado, la división de competencias entre CFTC y SEC, aunque celebrada por la industria, no es una varita mágica. La experiencia europea con MiCA demuestra que una norma común requiere años de ajustes técnicos. Y la insistencia de los demócratas en blindar la ley frente a conflictos de interés con la administración Trump no es un capricho: el mercado recuerda cómo los vínculos personales pueden erosionar la confianza en un regulador. Encontrar el equilibrio entre pragmatismo y garantías éticas es justo lo que define si una ley bipartidista prospera o se convierte en papel mojado.

La ventana se cierra. Selig pide al Senado que vote antes de agosto, y el mercado, que ha demostrado resistencia incluso en medio de las tensiones con Irán en el estrecho de Ormuz, observa. Si la Clarity Act sale adelante, podría ser el espaldarazo que las criptomonedas llevan años esperando en Estados Unidos. Si fracasa, el retraso regulatorio se medirá no en meses, sino en ciclos electorales.


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