Un socavón de ocho metros en la L9 del Metro de Barcelona obliga a desalojar 93 viviendas en Putxet

El socavón, causado por la tuneladora del tramo central, obligó a desalojar ocho fincas en Sant Gervasi-la Bonanova. Los Bomberos han completado la primera fase de estabilización, pero los vecinos no podrán volver al menos hasta el sábado.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un socavón de 8 metros de diámetro se abrió ayer en el patio interior de una manzana del barrio barcelonés de Sant Gervasi-la Bonanova, muy cerca del Putxet, durante las obras de la L9.
  • ¿Quién está detrás? La tuneladora del tramo central de la línea 9 de Metro, bajo supervisión de la Generalitat de Catalunya.
  • ¿Qué impacto tiene? 93 viviendas repartidas en 8 fincas fueron desalojadas de forma preventiva y sus vecinos no podrán volver, como mínimo, hasta el sábado.

Un socavón de unos ocho metros de diámetro causado por la tuneladora que excava la línea 9 del Metro de Barcelona obligó ayer a desalojar 93 viviendas en ocho fincas del barrio de Sant Gervasi-la Bonanova, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi. El incidente, que se produjo poco antes de las once de la mañana en el número 4 de la calle de Rubinstein, activó un protocolo de emergencia que se prolongó durante toda la jornada.

Los Bomberos de Barcelona recibieron el aviso al detectarse el hundimiento en un patio interior de manzana y, en una primera intervención, desalojaron las fincas de la calle de Rubinstein 2, 4 y 6, y de la calle de Teodora Lamadrid 3 y 5. Poco después, la medida se amplió a los edificios de la calle de Sant Gervasi de Cassoles 54, 56 y 58. En total, 93 hogares quedaron vacíos de forma preventiva.

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La Generalitat de Catalunya confirmó a primera hora de la tarde que el socavón estaba directamente relacionado con los trabajos de ampliación del tramo central de la L9, que debe unir las actuales L9 Norte y L9 Sur. La tuneladora, según explicó la directora de Projectes de la Direcció General d’Infraestructures de Mobilitat, Begoña Castiblanque, ya ha rebasado el punto del hundimiento y en estos momentos excava sobre un terreno de pizarras, más estable que los suelos arenosos que atraviesa la zona de Sant Gervasi.

El incidente ha reavivado inevitablemente el recuerdo del hundimiento del Carmel de 2005, provocado también por unas obras de ampliación del metro. Sin embargo, la consellera de Territori, Sílvia Paneque, defendió este miércoles en el Parlament que la tecnología actual “no tiene nada que ver” con la de entonces y subrayó que el túnel ya está asegurado y hormigonado. “La primera prioridad es la seguridad de los vecinos”, afirmó tras detallar que en menos de 24 horas se han producido tres comparecencias públicas.

El desalojo y la incertidumbre de los vecinos

El desalojo se realizó sin que se produjeran heridos y los afectados están siendo atendidos por el Centre d’Urgències i Emergències Socials de Barcelona (CUESB), que hasta el momento ha prestado asistencia a 85 personas. El Ayuntamiento ha convocado una nueva reunión informativa para este jueves a las 12.00 horas, en la que se espera trasladar a los vecinos los avances de los trabajos de consolidación del terreno.

Mientras, los Bomberos ya han completado con éxito la primera fase de estabilización, consistente en inyectar hormigón en la cavidad y sellar la superficie. Ahora entran en una etapa de consolidación que permitirá evaluar si existen las condiciones de seguridad necesarias para el regreso de los vecinos. Sin embargo, la fecha de retorno sigue sin concretarse y la previsión más optimista apunta al sábado como mínimo.

La tuneladora ya ha superado la zona de transición geológica y excava sobre pizarras, pero la vuelta a casa sigue sin fecha.

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El socavón del Putxet —que en realidad pertenece a Sant Gervasi-la Bonanova, aunque la proximidad de la estación de FGC del Putxet le ha dado nombre popular— vuelve a poner el foco sobre la complejidad de las grandes obras subterráneas en Barcelona. El impacto inmediato es la pérdida temporal del hogar para 93 familias, pero las lecturas van más allá.

En términos de seguridad, el protocolo activado ha funcionado: no hay heridos y el desalojo preventivo evitó riesgos mayores. Sin embargo, la transparencia gubernamental, que la consellera Paneque defiende con tres comparecencias en 24 horas, contrasta con las críticas vecinales por la falta de respuestas concretas sobre cuándo podrán volver a sus casas. Esa tensión entre la gestión técnica y la comunicación con los afectados será la que marque los próximos días.

El precedente histórico del Carmel (2005) obliga a la máxima prudencia. Aquel hundimiento, que dejó sin hogar a 84 familias y hundió dos edificios, fue consecuencia de una obra sin el debido control geológico. La Generalitat insiste en que la tuneladora de la L9 opera con sistemas de monitoreo continuo y que el túnel ya está hormigonado. De hecho, la máquina se encuentra ahora 12 metros por delante del punto del colapso y excava en pizarras, un material mucho más estable que las arenas que provocaron el socavón.

El dato que resume la gravedad del suceso es el diámetro del socavón: 8 metros, suficiente para que el terreno se tragara parcialmente un patio interior y obligara a desalojar ocho fincas enteras. Las inspecciones a los comercios de la zona y la revisión de la estructura de los edificios desalojados determinarán si el regreso es posible el sábado o se alargará más.

La Generalitat ha encargado lecturas y comprobaciones constantes, y los Bomberos revisan uno a uno los locales comerciales dentro del perímetro afectado. La incertidumbre vecinal es lógica, pero la respuesta técnica, al menos sobre el papel, parece más sólida que la de 2005. Habrá que ver si la enésima oportunidad para la L9 —la línea maldita del metro barcelonés— se salda esta vez sin un coste social mayor.


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