Apple lanza su primer iPhone plegable y desafía el dominio bursátil de Nvidia

La compañía busca redefinir el mercado premium con su primer dispositivo plegable mientras su cotización roza los 315 dólares. La producción de 10 millones de unidades y la ampliación del acuerdo con Broadcom refuerzan su posición frente al líder de los chips.

Apple apunta a fabricar 10 millones de iPhones plegables en 2026 y mete presión a Nvidia en bolsa. El fabricante de la manzana prepara el mayor revulsivo para su línea de smartphones desde el lanzamiento del primer iPhone, justo cuando su capitalización bursátil roza los 4,60 billones de dólares y la batalla por el trono de la mayor empresa cotizada del mundo se recrudece.

Claves de la operación

  • Apple planea producir 10 millones de iPhones plegables este año. La compañía ultima al menos cinco nuevos modelos entre el segundo semestre de 2026 y el primero de 2027, incluyendo un iPhone Ultra en la gama más alta.
  • Su cotización se revaloriza más de un 11% en cinco jornadas. Las acciones de Apple han vuelto a los 315 dólares, mientras que Nvidia cae cerca de un 5% en el último mes y Alphabet se sitúa como tercera en discordia.
  • La ampliación del acuerdo con Broadcom hasta 2031 refuerza su cadena de suministro. El pacto garantiza semiconductores personalizados ante la escasez de chips de memoria por la demanda de la IA y complementa el desarrollo interno de los chips Baltra.

La apuesta por el plegable: 10 millones de unidades y un calendario agresivo

Según ha adelantado El País, el primer iPhone con pantalla flexible llegaría con una producción inicial cercana a los 10 millones de terminales. La cifra supera de largo los volúmenes con los que Samsung irrumpió en este segmento y evidencia que Apple no quiere que el plegable sea un mero experimento: aspira a convertirlo en una categoría de masas nada más nacer.

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El calendario —entre el segundo semestre de 2026 y el primer semestre de 2027— coincide con un relevo en la cúpula: John Ternus sustituirá a Tim Cook como CEO en septiembre. El nuevo ejecutivo se estrenará, por tanto, con una de las mayores renovaciones de la familia iPhone en dos décadas, coincidiendo además con el vigésimo aniversario del dispositivo.

Junto al plegable, Apple trabaja en un MacBook Pro de 14 pulgadas con diseño renovado y en cuatro nuevos iPad Pro que mantendrán las pantallas de 11 y 13 pulgadas pero llegarán en la primavera de 2027. La compañía quiere que los inversores lean este aluvión de lanzamientos como una prueba de que su modelo de negocio sigue teniendo músculo innovador.

El pulso bursátil con Nvidia y la recompra masiva de acciones

El lanzamiento del plegable no es un hecho aislado: se produce en medio de un pulso bursátil cada vez más intenso con Nvidia, que durante meses ha ostentado el título de empresa más valiosa del mundo. En las últimas cinco jornadas, las acciones de Apple se han disparado más de un 11% hasta rozar los 315 dólares, mientras que Nvidia ha cedido cerca de un 5%.

Detrás de esta danza de valoraciones hay dos estrategias de retorno al accionista casi simétricas. En el último trimestre, Apple destinó 36.989 millones de dólares a recomprar títulos y anunció un nuevo programa por 100.000 millones; Nvidia, por su parte, empleó 20.000 millones en recompras y aprobó otros 80.000 millones. Ambos gigantes apuestan a que la reducción del número de acciones en circulación impulse el beneficio por acción, aunque el mercado empieza a preguntarse si las recompras por sí solas sostendrán las valoraciones cuando el crecimiento orgánico se desacelere.

En este contexto, el éxito o fracaso del iPhone plegable podría decantar la balanza. Si Apple demuestra que es capaz de crear una nueva categoría de producto con márgenes elevados, el argumento para que su cotización supere de forma estable los cinco billones de dólares ganaría enteros.

Diez millones de iPhones plegables no son un globo sonda: son la apuesta más seria de Apple por redefinir el premium desde dentro.

Diversificación de proveedores y la sombra del suministro de chips

El músculo industrial que exige un nuevo factor de forma como el plegable ha llevado a Apple a reforzar sus alianzas con los fabricantes de semiconductores. La extensión del acuerdo con Broadcom hasta 2031 garantiza componentes de conectividad, radiofrecuencia y chips ASIC personalizados para varias generaciones de productos. Broadcom, que obtiene aproximadamente el 20% de sus ingresos anuales del gigante de Cupertino, se consolida así como un socio estratégico en un momento en que la demanda de silicio para centros de datos de IA estrangula la disponibilidad de chips de memoria.

En paralelo, Apple acelera el diseño propio de chips de servidor para IA —conocidos con el nombre en clave Baltra—, que se espera nutran las funciones de Apple Intelligence en la nube. La jugada es doble: reducir la dependencia de terceros para la IA y, de paso, blindar el suministro de componentes que también necesitan sus futuros plegables y portátiles.

Sin embargo, la diversificación no elimina todos los riesgos. La producción de 10 millones de unidades en un año inaugural pone a prueba la capacidad de la cadena de suministro en un entorno geopolítico y logístico todavía frágil. Cualquier tropiezo con los paneles flexibles o con los chips de memoria podría ralentizar el despliegue y enfriar las expectativas bursátiles que ya se han ido calentando estas últimas semanas.

En España, Apple mantiene una cuota dominante en el segmento de smartphones de más de 800 euros, donde la fidelidad de marca y el ecosistema de servicios actúan como fosos competitivos muy difíciles de saltar. Un iPhone plegable que combine el prestigio de la manzana con un diseño renovado tiene el potencial de acelerar el ciclo de renovación en un mercado que llevaba años en caída de ventas por la saturación de los modelos tradicionales. Esa baza no solo la jugará Apple en Silicon Valley, sino también en las diez tiendas que opera en la península, que se convertirán en escaparates privilegiados para la nueva categoría.

La pregunta que sobrevuela la operación, por tanto, es si la maquinaria industrial está a la altura de la ambición comercial. Y si los inversores están dispuestos a pagar por adelantado un éxito que todavía tiene que demostrarse en el lineal.


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