El funeral del ayatolá Alí Jamenei se ha convertido en una exhibición de fuerza del régimen iraní y, al mismo tiempo, en un grito de venganza que bloquea de facto las negociaciones nucleares con Estados Unidos. Lo que veo este 5 de julio en Teherán es una marea humana que clama ‘muerte a América’ y ‘muerte a Israel’, mientras el nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, permanece en paradero desconocido.
Las calles de la capital iraní acogen a millones de personas —según estimaciones de los medios oficiales— en el ecuador de una semana de exequias que culminará el jueves en el santuario del imán Reza en Mashhad. La muchedumbre, pertrechada con banderas rojas e iraníes, corea sin cesar consignas contra Washington y Tel Aviv. Incluso un poeta, Mohammad Rasouli, pidió abiertamente por megafonía la muerte del presidente estadounidense, Donald Trump, ante cientos de miles de asistentes. La tensión es máxima, pero Trump ha optado por un tono conciliador: declaró ayer que ‘ninguna parte disparará a la otra durante los funerales’ y aseguró que las conversaciones nucleares, que entran en su fase técnica decisiva, se retomarán después de los ritos.
Mojtaba Khamenei, el gran ausente en una batalla por la imagen
La República Islámica ha escenificado una unidad que las ausencias ponen en entredicho. Tres de los hijos varones del fallecido —Mostafa, Meysam y Masoud— aparecieron en público por primera vez desde el inicio del conflicto, pero el sucesor designado, Mojtaba, sigue sin ser visto ni oído. Se le supone gravemente herido. La procesión ha reunido a figuras como el presidente Masoud Pezeshkian, el comandante de la Fuerza Quds, Esmail Qaani, o el jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, pero expresidentes como Rouhani o Ahmadineyad han optado por no dejarse ver en el acto central.
‘El funeral de Alí Jamenei está siendo, sobre todo, una batalla por la imagen. La República Islámica ha pretendido convertir la asistencia masiva en un indicador de cohesión nacional, consciente de que ello refuerza su relato de legitimidad tras la guerra. Pero la escena también reveló ausencias significativas: los presidentes y ex ministros Rouhani, Ahmadineyad, Jatamí y Zarif no han estado visibles en el acto central. Al mismo tiempo, tres hijos del fallecido líder supremo se han dejado ver ante las cámaras, mientras Mojtaba permanece desaparecido. Teherán ha mostrado fuerza; pero también dejó ver una continuidad vigilada, incompleta y selectiva.’ — Ehsan Rahimi, analista político iraní, a La Razón
Es precisamente esa fragilidad interna lo que me lleva a pensar que el impasse diplomático se prolongará más allá de lo previsto. Las conversaciones entre Teherán y Washington —suspendidas durante la semana de funerales— son el único canal para un acuerdo que permitiría el regreso del crudo iraní a los mercados globales. Sin ir más lejos, Qatar ha levantado este domingo las restricciones parciales a la navegación que impuso tras la muerte de un ciudadano suyo por metralla, y el aeropuerto internacional de Bandar Abbas ha reanudado los vuelos comerciales. Son dos señales de que el régimen busca aparentar normalidad, pero el trasfondo es de una enorme volatilidad.
El petróleo Brent supera los 90 dólares por el impasse nuclear
El mercado del petróleo no ha ignorado la coyuntura. El Brent, referencia en Europa, cotiza este lunes por encima de los 90 dólares el barril, espoleado por una prima de riesgo geopolítico que no se veía desde los peores momentos de la guerra entre Israel y Hamás. La interrupción de las conversaciones nucleares frena las expectativas de que Irán pueda añadir más de un millón de barriles diarios a la oferta mundial, justo cuando la demanda global de verano presiona al alza los precios. Cada día sin acuerdo encarece el coste de la energía para la industria y los hogares europeos.
En mi análisis, el verdadero factor desestabilizador no es solo el bloqueo puntual de las conversaciones, sino la incertidumbre sobre quién ostenta realmente el poder en Teherán. Si Mojtaba Khamenei está incapacitado, el país entra en una fase de lucha soterrada entre facciones que dificultará cualquier compromiso diplomático. El grito de venganza que hoy recorre las calles de la capital no se apagará cuando terminen los funerales, sino que se traducirá en una posición negociadora más hawkish, con el consiguiente riesgo de que el diálogo nuclear acabe en punto muerto y la tensión militar vuelva a escalar.
🌍 El impacto en España y Europa
Para el consumidor y la empresa española, el repunte del crudo se traduce en un nuevo foco de inflación justo cuando el Banco Central Europeo comenzaba a vislumbrar la senda de los recortes de tipos. Un Brent por encima de 90 dólares sostenido durante semanas eleva el precio de los carburantes —y con ello el IPC del transporte— y encarece la factura energética de sectores como el agroalimentario o el turismo. Además, la prima de riesgo geopolítico retrasa la normalización monetaria: cualquier repunte inflacionista obligaría al BCE a mantener los tipos altos más tiempo, lo que mantiene el Euríbor cerca del 4% y presiona las hipotecas variables de miles de familias.
La economía española, altamente dependiente de las importaciones energéticas, sufre doblemente. Por un lado, el encarecimiento del petróleo drena renta disponible; por otro, la incertidumbre sobre el Estrecho de Ormuz —ruta por la que transita una quinta parte del crudo mundial— reaviva los temores a disrupciones de suministro que nos recordarían a los peores momentos de 2022. Aunque el escenario base sigue siendo el de una desescalada, el funeral de Jamenei nos recuerda que Oriente Medio sigue siendo el mayor factor de riesgo para la estabilidad de precios en Europa.





