Tokenización de activos reales en 2026: el mercado escala a 60.000M$ pero el 97% se queda fuera del minorista en EE.UU.

El informe de BeInCrypto Intelligence constata que apenas cinco productos acaparan la mitad de los 60.000 millones de dólares tokenizados, y que el 97% del mercado no está al alcance del pequeño inversor estadounidense. La falta de liquidez y las barreras regulatorias frenan la p

El mercado de activos reales tokenizados (los RWA, por sus siglas en inglés) ha superado los 60.000 millones de dólares a mediados de 2026, según un exhaustivo informe de BeInCrypto Intelligence elaborado con datos del agregador RWA.xyz. Pero la cifra esconde una paradoja: solo el 3% de esos productos está legalmente disponible para el inversor minorista en Estados Unidos. Mientras la tokenización avanza de la mano de BlackRock, Securitize o Tether, la gran promesa de abrir los mercados privados a cualquiera aún no se ha cumplido.

El estudio rastrea más de 7.000 productos repartidos en una docena de clases de activos, desde bonos del Tesoro y crédito privado hasta inmuebles o acciones. El primer dato que impacta es la concentración: apenas 62 activos concentran el 88% del valor total. Todavía más: solo cinco productos —Figure HELOC, Circle USYC, Tether Gold, BlackRock BUIDL y Justoken JMWH— representan aproximadamente la mitad de todo el mercado tokenizado.

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Esa acumulación no sería grave si detrás hubiera un mercado secundario activo. Pero el informe revela que de los 1.289 activos con un valor superior a 100.000 dólares, 910, que suman 32.900 millones de dólares, no registraron ni una sola transferencia semanal. Dicho de otro modo: la mayoría de los tokens de activos reales simplemente no se mueven. Existen, pero no operan.

Por qué el inversor de a pie sigue fuera del negocio

La barrera más evidente es regulatoria. En Estados Unidos, el 97% del mercado de RWA tokenizados no está accesible para el minorista. Solo unos 1.700 millones de dólares, un porcentaje testimonial, pueden ser comprados por un ciudadano de a pie sin sortear fuertes restricciones. Este dato, lejos de ser anecdótico, revela el enfoque con el que nacieron muchos de los primeros productos: diseñados para grandes instituciones, no para el público general.

Tal Elyashiv, cofundador de Securitize, explica que las primeras emisiones no buscaban el trading masivo, sino resolver problemas de infraestructura: cumplimiento, liquidación eficiente y reducción de fricciones entre grandes fondos. El propio fondo tokenizado de BlackRock, BUIDL, se creó para servir a tesorerías corporativas y protocolos DeFi institucionales, no para que cualquier persona invirtiera cien euros. “Esa primera etapa debía demostrar resistencia antes de pasar al trading público”, razona Elyashiv.

Robin Nordnes, consejero delegado de Raiku, señala otro lastre: la incertidumbre en la ejecución. “Los inversores institucionales no moverán capital activamente en blockchain hasta que puedan predecir el momento exacto de liquidación”, advierte. La falta de garantías sobre cuándo se ejecutará una orden encarece los colchones de liquidez y disuade de operativas intradía.

La tokenización avanza, pero la liquidez masiva no llegará hasta que las órdenes se ejecuten con la misma certeza que en una bolsa tradicional.

En paralelo, las acciones tokenizadas tampoco acaban de despegar: el 59% de estos productos solo ofrece exposición sintética al precio, sin que el comprador adquiera propiedad real de la acción subyacente. Es decir, una especie de réplica financiera que, en el fondo, no tokeniza la acción en sí.

De los bonos del Tesoro a las stablecoins: lo que sí funciona

No todo es inmovilismo. El informe señala que los bonos del Tesoro estadounidense son ya la única clase de activo que ha alcanzado una madurez operativa plena. Su liquidez original y la sencillez de su replicación en blockchain han facilitado que fondos tokenizados como BUIDL superen los cientos de millones de dólares en depósitos. Pero, como recuerda Fred Hsu, CEO de D3, “casi todas las demás clases de activos siguen siendo experimentales o están muy concentradas”.

Para Raj Kamal, fundador de TransFi, la verdadera historia de éxito de la tokenización de activos reales no está en los fondos ni en los bienes inmuebles, sino en las stablecoins. “USDC y USDT están resolviendo remesas, pagos B2B, nóminas y flujos corporativos por valor de miles de millones de dólares cada día”, afirma. La tokenización del dólar sí está demostrando su utilidad práctica, y grandes actores como PayPal, Western Union o bancos ya preparan sus propias emisiones.

Esa realidad dispar apunta a un patrón claro: los activos tokenizados triunfan cuando atacan un problema de flujo de trabajo real, no cuando persiguen digitalizar un valor por el mero hecho de hacerlo. El mercado de pagos globales, que mueve decenas de billones de dólares, podría ser el primer gran escalón de adopción masiva, mucho antes que la tokenización de un edificio de oficinas en Madrid.

Tokenización en 2026: una carrera de fondo que apenas empieza

El informe de BeInCrypto Intelligence no solo radiografía el presente: obliga a preguntarnos si la tokenización está fracasando en su promesa de liquidez o si, más bien, estamos asistiendo a una fase de construcción de infraestructura que aún no ha dado sus frutos. Esta redacción cree que predomina la segunda lectura.

No es una novedad que los mercados financieros requieren años para desarrollar los rieles sobre los que luego circula el dinero. En 2020, el ecosistema DeFi sumaba apenas unos miles de millones en valor bloqueado; cinco años después es una industria de cientos de miles de millones. La tokenización de activos reales seguirá un camino similar, pero con un ritmo más lento, porque los activos subyacentes (inmuebles, créditos, participaciones de fondos) están sometidos a marcos jurídicos mucho más rígidos que los criptoactivos nativos.

En Europa, la entrada en vigor de MiCA está allanando el terreno para que los proyectos de tokenización puedan dirigirse al minorista con reglas claras. Mientras tanto, el inversor español que quiera participar en este mercado deberá esperar a que las plataformas autorizadas desarrollen productos aptos para el público general. De momento, la tokenización de activos reales sigue siendo un coto de caza para grandes bolsillos y un puñado de productos muy específicos.

La pregunta no debería ser “¿por qué no despega la tokenización?”, sino “¿para qué problema aporta ya una solución real?”. Y la respuesta, por ahora, se reduce a dos palabras: bonos del Tesoro y stablecoins. El resto llegará, pero con la paciencia que exigen los procesos de ingeniería financiera de verdad.


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