Peter Brandt, uno de los traders más veteranos y respetados del mundo con más de cinco décadas en los mercados, ha sorprendido al ecosistema cripto al anunciar que podría vender parte de sus bitcoins para invertir en oro. La razón: una ruptura alcista en el ratio XAU/BTC, un indicador clave para medir la fuerza relativa entre ambos activos.
En un mensaje publicado en X el 5 de julio, Brand compartió un gráfico mensual del par XAU/BTC, señalando que el oro está listo para ganar terreno de forma sustancial frente a Bitcoin. “Estoy considerando vender algo de mis bitcoins y pasarme al oro. Me parece que el oro va a subir significativamente contra el BTC”, escribió. En estos momentos, Bitcoin cotiza alrededor de 62.658 dólares, un 50% por debajo de su máximo histórico de octubre de 2025, mientras que el oro se acerca a los 4.175 dólares, tras corregir un 25% desde su récord por encima de los 5.600 dólares.
El ratio XAU/BTC mide cuántos bitcoins se pueden comprar con una onza de oro. Si sube, significa que el metal precioso está superando al activo digital; si baja, Bitcoin domina. Según el gráfico que analiza Brandt, el ratio ha roto al alza una tendencia bajista de largo plazo, lo que suele leerse como una señal de que el dinero institucional podría estar rotando hacia el refugio tradicional. No es una cuestión ideológica —Brandt ha sido históricamente alcista con Bitcoin—, sino una lectura de análisis técnico clásico.
Por qué ahora y qué implicaciones tiene
Bitcoin ha perdido la mitad de su valor desde octubre y, aunque los holders de largo plazo siguen acumulando —añadieron unos 125.000 BTC durante esta caída—, la falta de un catalizador inmediato inquieta. Mientras, el oro se sostiene en niveles elevados, respaldado por la incertidumbre geopolítica y el interés de China en desafiar la fijación de precios de Londres (LBMA) para establecer su propio mercado spot en Hong Kong. Esa maniobra, aunque todavía en desarrollo, podría cambiar la dinámica de los mercados de materias primas durante años.
Brandt es meticuloso. Ya en 2026 había mostrado cautela con Bitcoin, anticipando posibles mínimos entre los 40.000 y los 60.000 dólares antes de un eventual disparo hacia los 250.000 dólares. Su propuesta de rotar parte del capital a oro no implica abandonar la tesis cripto a largo plazo, sino aprovechar una ventana de fortaleza relativa del metal. “El gráfico manda”, suele repetir.
Un gráfico con 50 años de oficio detrás no es una profecía, pero merece ser leído.
Voces discordantes
Ahora bien, no todo el mundo comparte esta visión. Michael Saylor, presidente de MicroStrategy y defensor acérrimo de Bitcoin, atribuye el bajo rendimiento del BTC a la desviación de liquidez hacia la infraestructura de inteligencia artificial, no a una fortaleza intrínseca del oro. En una entrevista reciente, Saylor habló de “500.000 millones de dólares absorbidos por la burbuja de la IA” y describió el momento como “el verano del boom de la IA”.

El conocido analista Michaël van de Poppe fue aún más directo: “Hasta que Bitcoin no consiga duplicar su precio, este gráfico no vale para nada”, escribió en X, subrayando que la volatilidad del activo digital puede hacer que cualquier ventaja del oro desaparezca en semanas. Su postura refleja la de quienes ven en la debilidad actual una oportunidad de compra, no una señal de cambio estructural.
Más templado, el trader Pablo Heman mantiene ambos activos en cartera. “Yo tengo los dos. Creo que Bitcoin al menos tendrá un rebote fuerte si se mantiene por encima de los 55.000 dólares. Y el oro es alcista a largo plazo, de 5 a 10 años, sobre todo si China impone su propio precio en Hong Kong”. Su enfoque es quizá el más sensato para quien no quiere apostarlo todo a una sola carta.
Debate e incertidumbre: el contexto del inversor en 2026
La discusión bitcoin vs oro no es nueva, pero en este 2026 cobra especial intensidad. Tras un ciclo de subidas agotado por la aprobación de los ETF al contado en Estados Unidos, el mercado cripto se enfrenta a la resaca del hype y a la competencia directa de otras narrativas tecnológicas. Mientras, los bancos centrales siguen acumulando oro a ritmo récord —el año pasado compraron más de 1.000 toneladas— y la demanda china por el metal físico no da señales de aflojar.
El ratio XAU/BTC se convierte así en el mejor termómetro. Si la ruptura actual se consolida en velas mensuales, la narrativa del oro como refugio ganará tracción entre gestores tradicionales. Si, por el contrario, el rebote de Bitcoin desde los 55.000 dólares se confirma y supera resistencias, el gráfico de Brandt pasará a ser una falsa alarma. Lo único seguro es que 2026 está siendo un año de enorme incertidumbre, donde no basta con elegir un bando: hay que entender los dos.
Y en esa disyuntiva, quizá la decisión más inteligente no sea optar por uno u otro, sino preguntarse qué porcentaje de tu patrimonio quieres tener en cada uno según tu tolerancia al riesgo. Porque, como bien sabía Brandt, los mercados no perdonan las certezas absolutas.




