Polymarket, la plataforma de mercados de predicción que se ha convertido en un referente para apostar sobre elecciones, eventos deportivos o decisiones regulatorias, está en el centro de un escándalo que toca la fibra de la confianza en el ecosistema cripto. Un reportaje de The Wall Street Journal revela que la empresa pagó a creadores de contenido para difundir vídeos engañosos en los que se mostraban apuestas inexistentes, con ganancias ficticias y grabados en réplicas casi idénticas de su sitio web.
La investigación analizó 1.100 vídeos relacionados con Polymarket y encontró que muchos de ellos usaban “copias casi perfectas” de la interfaz real, diseñadas para que el espectador creyera estar viendo operaciones genuinas y rentables. El contenido, además, fue amplificado por un “ejército de redes sociales” gestionado por un contratista de marketing, lo que multiplicó el alcance de esta publicidad sin los correspondientes avisos de colaboración pagada.
El punto más delicado es que, según el WSJ, la empresa dio instrucciones a los creadores para que no revelaran que estaban siendo remunerados. Solo después de que los periodistas empezaran a preguntar, varios de ellos añadieron en sus biografías la etiqueta “@polymarket partner”. Para cualquier usuario, ver a un youtuber o un tiktoker contando sus supuestas ganancias en la plataforma sin saber que es publicidad pagada puede distorsionar la percepción del riesgo y animar a tomar decisiones financieras poco informadas.
Lo que revela la investigación del Wall Street Journal
El reportaje de The Wall Street Journal detalla que Polymarket entregó a los creadores material instructivo y que los vídeos no se limitaban a opiniones personales. Se trataba de contenido guionizado en el que se recreaban operaciones con beneficios muy atractivos, pero que no correspondían a transacciones reales realizadas en la plataforma. Esta práctica, de confirmarse, pondría en cuestión la frontera entre el marketing y la simulación fraudulenta.
Además, los vídeos se beneficiaron de una estrategia de distribución masiva: tras ser producidos, eran empujados por una red de cuentas afiliadas que los replicaban en redes sociales, generando una sensación de viralidad y autenticidad. La combinación de apuestas falsas con un ejército de difuminadores complica distinguir entre usuarios reales y contenido patrocinado, y es por eso que el caso ha levantado tantas ampollas en la comunidad cripto.
La investigación no especifica cuántos de esos 1.100 vídeos contenían representaciones falsas, pero el volumen revisado da idea de una operación promocional de gran escala, no de un puñado de publicaciones aisladas de algún influencer despistado.
La defensa del creador y la promesa de auditoría de Polymarket
Uno de los creadores citados, Razeen Khan, estudiante universitario que trabajó con Polymarket hasta marzo, comparó la estrategia con los anuncios de comida rápida: “Estamos representando lo que realmente ocurre”, dijo. En su opinión, los vídeos mostraban una dramatización de experiencias posibles, no necesariamente operaciones verificables. Sin embargo, en el sector financiero, la línea es mucho más fina. Un espectador que ve a alguien ganar 3.000 dólares en una apuesta política puede tomarlo como una prueba social de que la plataforma funciona, no como un montaje publicitario.
Frente a las acusaciones, Polymarket ha emitido un comunicado en el que asegura estar “comprometida con mantener mercados precisos, justos y transparentes” y anuncia que realizará una auditoría de su contenido promocional. Es un paso necesario, porque si la empresa no aclara cuántas piezas participaron en la campaña y cómo se autorizaron, la sombra de la opacidad se extenderá sobre otros aspectos de su operativa, incluidos los propios mercados de predicción.
Por qué la confianza en los mercados de predicción está en juego
Los mercados de predicción basan su utilidad en la idea de que los precios de los contratos reflejan probabilidades reales, agregadas por las apuestas de miles de usuarios anónimos. Si la promoción comercial se dedica a fabricar una realidad paralela de ganancias fáciles, el activo más valioso —la credibilidad de los datos que salen de esos mercados— queda en entredicho. Y en el mundillo cripto, donde el marketing agresivo ya ha provocado más de un descalabro, el público juvenil especialmente vulnerable a los mensajes de enriquecimiento rápido podría ser el primer perjudicado.
Este episodio no tiene, de momento, una intervención regulatoria concreta, pero la Comisión Federal de Comercio de EE.UU. (FTC) y otros organismos han mostrado cada vez menos tolerancia con la publicidad encubierta en redes sociales. El hecho de que muchos creadores no etiquetaran su contenido como pagado hasta que llegaron las preguntas de los periodistas es, precisamente, el tipo de omisión que los reguladores persiguen. Si Polymarket quiere seguir siendo el termómetro de las expectativas colectivas, tendrá que demostrar que su termómetro no está trucado por dentro.
Cuando el marketing convierte la ficción en experiencia, el mercado pierde su ancla más frágil: la credibilidad.
La historia de Polymarket sirve de aviso para todo el sector: crecer deprisa gracias a los vídeos virales puede traer notoriedad, pero si el precio es la confianza de los usuarios, la factura llega más temprano que tarde. La auditoría prometida será clave para saber hasta qué punto la plataforma estaba al tanto de estas prácticas y si está dispuesta a cortar por lo sano para preservar su reputación.




