China aprieta los materiales críticos: fosfuro de indio sube 250% y deja sin chips a Nvidia

Las restricciones de Pekín al fosfuro de indio elevan un 250% el coste del material clave para los chips ópticos. Nvidia, Coherent y Lumentum ven comprometida su producción de centros de datos hasta 2028.

El dominio chino sobre los materiales estratégicos vuelve a dar un golpe a la industria tecnológica de Estados Unidos. Las restricciones a la exportación de fosfuro de indio, un compuesto esencial para los chips ópticos de los centros de datos, han disparado su precio un 250% y dejan a Nvidia y a sus proveedores sin margen de maniobra hasta al menos 2028.

Claves de la operación

  • China controla el 70% del indio mundial y aplica vetos desde 2025. La respuesta a las sanciones tecnológicas de Estados Unidos ha sido ralentizar las exportaciones de materiales críticos en lugar de bloquear productos terminados.
  • El precio del fosfuro de indio se ha encarecido un 250%. Empresas como Lumentum y Coherent, proveedoras clave de Nvidia, tienen toda su producción vendida para 2026, 2027 y 2028 a pesar de cuadruplicar la capacidad.
  • El cuello de botella estrangula la expansión de la inteligencia artificial. La conexión óptica entre chips es la única vía para escalar las prestaciones de los clústeres de IA, y el freno chino retrasa los planes de los hiperescaladores.

La escalada viene de lejos. En febrero de 2025, Pekín empezó a aplicar controles más estrictos a la cadena de suministro de metales y compuestos catalogados como estratégicos. El fosfuro de indio, que se obtiene a partir del indio metálico —China produce el 70% mundial—, es indispensable para fabricar los módulos fotónicos que interconectan los procesadores dentro de los centros de datos. Sin ellos, los clústeres de miles de GPU no pueden comunicarse a la velocidad que exige la inteligencia artificial.

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La guerra de los chips se libra en la tabla periódica

Nvidia lo vio venir. A finales de 2025, la compañía invirtió 4.000 millones de dólares en dos de los principales productores de componentes ópticos: Lumentum y Coherent. El objetivo era asegurarse el suministro de una tecnología que permitiría saltar las limitaciones físicas del cobre. Sin embargo, la materia prima sigue saliendo de China y, con las licencias de exportación convertidas en un embudo, la inversión se topa con un muro.

La producción de de chips ópticos está totalmente comprometida para los próximos tres años. Según estimaciones del sector, tanto Lumentum como su rival Coherent han vendido por adelantado toda su capacidad hasta 2028, a pesar de haber multiplicado por cuatro las líneas de fabricación. La situación no afecta solo a Estados Unidos: las taiwanesas VPEC y LandMark Optoelectronics también sufren interrupciones en el suministro del material.

Nvidia, Coherent y Lumentum, en la diana del estrangulamiento chino

El movimiento de Pekín es quirúrgico. En lugar de prohibir directamente la venta de los productos terminados, las autoridades chinas ralentizan la concesión de licencias para exportar el fosfuro de indio. Así consiguen que el ecosistema de módulos ópticos no pueda escalar al ritmo que necesitan los hiperescaladores —Amazon, Microsoft, Google— para sus centros de datos de IA. La diferencia con un veto total es que la dependencia se cronifica y las empresas estadounidenses no encuentran alternativas a corto plazo.

La dependencia de un solo país para un material crítico convierte cada centro de datos en un castillo de naipes.

Mientras tanto, la industria china se frota las manos. Empresas como Yuanjie han visto dispararse su cotización precisamente porque están desarrollando componentes de fotónica para centros de datos propios. Pekín tiene un plan detallado para convertirse en la primera potencia tecnológica mundial en 2030, y controlar tanto el gallinero como los huevos que se incuban dentro forma parte de esa hoja de ruta.

Europa y España, espectadores con intereses en juego

La crisis del fosfuro de indio resuena en Bruselas. La Unión Europea aprobó en 2024 el Reglamento de Materias Primas Fundamentales, que aspira a romper la dependencia de proveedores únicos como China para 17 minerales y metales estratégicos. El despliegue de centros de datos en España —AWS invertirá 17.000 millones en Aragón, Google Cloud amplía en Madrid— hace que la factura de esta guerra comercial llegue también al mercado español. Si los módulos ópticos escasean, la expansión prevista en la península ibérica se ralentizará inevitablemente.

No hay una empresa del IBEX 35 directamente expuesta al fosfuro de indio, pero el ecosistema depende de que los hiperescaladores sigan construyendo infraestructura. El gran riesgo para España es que la inversión anunciada se dilate en el tiempo, perdiendo el efecto arrastre sobre la economía local y el empleo tecnológico. Los proyectos de Aragón y Madrid generan miles de puestos de trabajo y colocan al país en el mapa de la soberanía digital europea. Un atasco en los chips ópticos, aunque sea temporal, cambia las expectativas de retorno.

La otra batalla, menos visible, es la de la propiedad intelectual. Las patentes y los procesos de fabricación de óptica integrada están en manos de unas pocas empresas occidentales, pero China está acelerando su propia investigación para no necesitar licencias externas. Si lo consigue, el veto al fosfuro de indio será solo el primer capítulo de una ruptura que va mucho más allá del suministro de materiales.

En esta redacción mantenemos la cautela. La pelota está en el tejado de la diplomacia, y los precedentes recientes —las restricciones al germanio o al galio— no invitan al optimismo. Lo que empezó como un tira y afloja por los semiconductores ha derivado en una guerra de desgaste que se libra, literalmente, en la tabla periódica. Y, de momento, China tiene más cartas químicas que nadie.


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