El nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella ha puesto el fracking sobre la mesa como la llave para sortear dos crisis simultáneas: el desabastecimiento energético que amenaza con agudizarse durante el Fenómeno del Niño y un déficit fiscal que necesita fuentes urgentes de ingresos. La polémica no se ha hecho esperar. Colombia, uno de los países con mayor biodiversidad del planeta, alberga también una fuerte resistencia ambiental y comunitaria que ve en la fractura hidráulica una amenaza directa al agua y los ecosistemas.
De la Espriella apuesta por el fracking para esquivar la crisis energética
Según el análisis presentado por DW Español, el nuevo ejecutivo colombiano considera que la dependencia de las hidroeléctricas —muy vulnerables a las sequías— deja al país en una posición frágil. Por eso, en palabras de la administración entrante, es necesario acelerar la explotación de gas y petróleo mediante fracking, una técnica que, según sus defensores, permitiría alcanzar la autosuficiencia energética en pocos años.
El argumento no es solo energético. Tal como lo expone un asesor económico citado por el medio, «el fracking se volvió otra vez un tema relevante más que por el tema energético, por el tema fiscal». La idea de inyectar recursos frescos al presupuesto nacional a través de nuevas regalías petroleras resulta tentadora para un gobierno que asume con las cuentas ajustadas.
Barrancabermeja: el temor de un pescador que ha visto el daño de cerca
Luis Camacho lleva 37 años lanzando la red en la ciénaga San Silvestre, en el Magdalena Medio. DW Español recoge su testimonio: ha sido testigo de cómo la explotación petrolera convencional ha contaminado las aguas, reducido el tamaño de los peces y encarecido su oficio. «La vida de nosotros se nos complica más porque hemos escuchado que el fracking va por encima de quien sea», lamenta ante la cámara.
Camacho no quiere que sus hijos hereden esa lucha. Por eso, se opone tajantemente a los planes de abrir nuevos yacimientos en la región. «No estoy de acuerdo en que se haga el fracking aquí en Colombia. Es la que recibe todas esas contaminaciones y a nosotros nos complica», sostuvo.
‘Realizar fracking sin tener previamente estudios de prepiloto y piloto no tendría mucho sentido por los enormes riesgos’, enfatizó Camilo Prieto, experto en energía.
— Camilo Prieto
La promesa de las nuevas tecnologías y el peligro de saltarse los pilotos
El gobierno de De la Espriella asegura que las innovaciones técnicas permitirán aplicar el fracking sin necesidad de las pruebas piloto que el anterior gobierno de Gustavo Petro mantuvo suspendidas. Sin embargo, el experto Camilo Prieto advierte a DW Español que esa decisión es un salto al vacío: sin estudios geológicos detallados —presión de poro, litología, fragilidad de la roca—, no solo se ignoran los riesgos ambientales, sino que la viabilidad económica de los pozos es una incógnita.
Prieto recuerda que, incluso si hoy se diera luz verde, los primeros barriles de crudo obtenidos por esta vía no llegarían antes de dos o tres años. Un plazo demasiado largo para sofocar la crisis inmediata del Fenómeno del Niño, cuya urgencia es hoy.
El movimiento antifracking no se rinde: del Congreso a los tribunales comunitarios
La resistencia no es solo individual. DW Español relata cómo las organizaciones ambientalistas han presentado en seis ocasiones proyectos para prohibir el fracking en el Congreso colombiano sin que ninguno haya llegado siquiera a debatirse. Luis Camacho, cansado de la vía legislativa, se ha unido a las iniciativas locales lideradas por Morales, galardonada con el Premio Goldman 2026.
Morales resume un patrón que, dice, se repite desde Estados Unidos hasta la Patagonia: «devastación, contaminación, transgresión de derechos humanos, desarmonía social». La activista confía en que la movilización de las comunidades afectadas pueda frenar lo que el Congreso no ha querido discutir.
Un debate que trasciende fronteras
Colombia no está sola en esta encrucijada. La creciente demanda de gas y la volatilidad de los precios energéticos han reavivado el interés por el fracking en toda Latinoamérica. DW Español menciona el caso de México, donde la presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido la necesidad de continuar los estudios en las cuencas de Burgos y Sabinas Burro, a pesar del rechazo de organizaciones ambientales y de las comunidades rurales.
La tensión entre seguridad energética y protección ambiental recorre así buena parte del continente, poniendo a prueba los compromisos de los gobiernos con la transición ecológica.
Lo que está en juego en Colombia va más allá de un debate técnico. Es la elección entre un modelo extractivo que promete alivio fiscal a corto plazo y la preservación de unos ecosistemas que sostienen modos de vida centenarios. La administración de De la Espriella tendrá que decidir si el precio de inyectar recursos al presupuesto es asumir un conflicto socioambiental de dimensiones aún impredecibles.
Puedes ver el análisis completo de DW Español sobre esta encrucijada colombiana en el siguiente vídeo:
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