El James Webb revela todas las etapas de formación estelar en una sola imagen de la nube Orión A

La imagen, publicada por la NASA y la ESA el 5 de junio de 2026, abarca 150 años luz de la nube molecular y captura desde embriones estelares hasta discos protoplanetarios. Un vistazo inédito a la evolución estelar en un solo campo de visión.

Una sola imagen del telescopio espacial James Webb ha condensado millones de años de evolución estelar en un solo vistazo. El pasado 5 de junio, la NASA y la ESA publicaron la instantánea más detallada jamás obtenida de un fragmento de la nube molecular Orión A, una región donde el gas frío y el polvo cósmico están pariendo estrellas a una escala colosal. La escena, que abarca 150 años luz, contiene todas las fases de la formación estelar: desde los embriones más jóvenes hasta discos protoplanetarios y estrellas recién encendidas. La imagen funciona como un álbum familiar del nacimiento estelar: muestra, en un solo marco, cada paso de la vida temprana de una estrella. Nunca antes se había visto una secuencia tan completa en una sola fotografía astronómica.

Un filamento de polvo y gas que esconde una guardería cósmica

Orión A forma parte de las Nubes Moleculares de Orión, un vasto complejo de gas y polvo que se extiende por cientos de años luz. Esta región, situada a unos 1.350 años luz de la Tierra, es una de las zonas de formación estelar más cercanas a nuestro planeta. Lo que la convierte en un objetivo prioritario para los astrónomos: podemos estudiar el proceso de nacimiento estelar con un nivel de detalle imposible en regiones más lejanas. La nueva imagen del James Webb se centra en un sector pequeño pero extremadamente denso de este filamento, donde la gravedad está comprimiendo la materia hasta encender futuros soles. Los astrónomos llevan décadas intentando captar este mosaico evolutivo con telescopios como el Hubble, pero el polvo frío lo escudaba casi por completo. El Webb, con sus detectores infrarrojos, lo ha vuelto transparente.

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Del embrión a la estrella: cada fase en una sola postal

Lo que hace única a esta instantánea es su capacidad para capturar, en una sola toma, la secuencia completa de la formación estelar. El telescopio, gracias a su visión infrarroja, penetra el velo de polvo que ocultaba estas regiones a otros instrumentos. Así, se distinguen con claridad los embriones estelares, nubes densas que aún no han iniciado la fusión nuclear; los protoestrellas, que emiten potentes chorros de gas mientras acumulan masa; los discos protoplanetarios, anillos de materia a partir de los cuales se formarán planetas; y las estrellas de pre-secuencia principal, ya brillantes pero aún no estables. Es la primera vez que se reúne esta diversidad en un mismo campo de visión. La imagen permite, además, contar cuántos objetos de cada tipo hay en esa región, un dato clave para calibrar los modelos de población estelar.

Los colores de la imagen, asignados para resaltar la composición química y la temperatura, revelan la huella de hidrógeno molecular, monóxido de carbono y silicatos. Cada tono es una pista sobre lo que está ocurriendo en esos lugares. Por ejemplo, las zonas más rojizas señalan las estructuras más frías y de de mayor densidad, mientras que los tonos azulados indican gas ionizado por la radiación de estrellas jóvenes y masivas.

Esta combinación de colores no es decorativa: cada tono se ha asignado a una longitud de onda específica del infrarrojo, donde el polvo es menos opaco. La imagen compuesta permite a los científicos trazar mapas de densidad y temperatura que de otro modo requerirían siglos de observación.

La imagen no captura un instante: captura una secuencia. En esos 150 años luz, el reloj cósmico se muestra en todas las horas a la vez.

Por qué Orión A es una ventana al pasado de nuestro propio Sol

Estudiar Orión A con el James Webb no es solo un ejercicio de exploración; es una mirada al pasado de nuestro propio sistema solar. Hace unos 4.600 millones de años, el Sol nació en un entorno muy parecido a esta nube molecular, rodeado de estrellas hermanas y discos protoplanetarios. Observar con todo detalle cómo colapsa el gas, cómo se fragmenta y cómo emergen los discos es observar la receta de nuestro propio origen cósmico. Por eso, esta imagen trasciende la mera belleza.

No obstante, conviene mantener la cautela. La imagen, por extraordinaria que sea, es un solo fotograma de una película que dura millones de años. No nos muestra la dinámica temporal, solo la instantánea. La comunidad científica está ahora combinando estos datos con observaciones espectroscópicas y simulaciones por ordenador para reconstruir la evolución temporal. El propio equipo del Webb, liderado por Tom Megeath, ha señalado en el comunicado que las variaciones de brillo y la distribución de los chorros protoestelares son coherentes con los modelos actuales de formación estelar, pero que algunas estructuras más difusas aún no encajan del todo. En otras palabras: la imagen confirma el guion general, pero deja espacio para sorpresas.

La colaboración internacional que ha hecho posible esta imagen —la ESA, la NASA y la agencia canadiense CSA— planea seguir apuntando a Orión A en las próximas campañas de observación. Los astrónomos esperan que la combinación de los instrumentos NIRCam y MIRI permita trazar un mapa tridimensional de la temperatura y la densidad del gas, algo que revolucionaría nuestra comprensión de cómo se enciende una estrella. Mientras tanto, esta postal de 150 años luz ya se ha convertido en un referente: la imagen que todo libro de texto querrá incluir.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Una imagen del telescopio James Webb que muestra todas las etapas de la formación estelar en la nube molecular Orión A.
  • Dónde: Nube molecular Orión A, en la constelación de Orión, a unos 1.350 años luz de la Tierra.
  • Institución responsable: NASA, ESA y CSA; imagen procesada por T. Megeath y M. Zamani (ESA/Webb).
  • Cuándo: Publicada el 5 de junio de 2026.
  • Impacto a futuro: Proporciona una visión sin precedentes de la secuencia de formación estelar, esencial para comprender el origen de sistemas planetarios como el nuestro.

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