News Corp pierde suscriptores en Australia y arremete contra la IA por usar contenido ‘robado’

La cifra de lectores digitales en sus cabeceras australianas retrocede a 1,162 millones, pero los resultados globales siguen siendo sólidos. Robert Thomson intensifica la batalla legal y retórica contra los modelos de lenguaje que, según él, se apropian del periodismo sin compens

He analizado los resultados anuales de News Corp presentados esta mañana. El dato más revelador no está en la cuenta de resultados global, sino en la erosión silenciosa de suscriptores digitales en Australia: 4.000 menos en el último ejercicio fiscal, pasando de 1.166.000 a 1.162.000, según datos internos de la compañía publicados hoy. Una cifra modesta —apenas un 0,3% del total— pero que borra los avances recientes y despierta preguntas sobre la resiliencia del modelo de pago por información en un ecosistema cada vez más moldeado por la inteligencia artificial.

Robert Thomson, consejero delegado de News Corp, no ha dejado espacio para la ambigüedad. Durante la conferencia con analistas, cargó contra las empresas de IA generativa con una artillería verbal poco habitual en un foro de resultados. Las acusó de ser «cleptómanas» y de estar «en posesión de bienes robados». Su enfado refleja una frustración que ya es transversal en la industria de los medios: la sensación de que los modelos de lenguaje se entrenan con contenidos periodísticos sin compensación ni atribución.

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«Estos crasos cleptómanos están en posesión de bienes robados.» — Robert Thomson, CEO de News Corp, presentación de resultados del ejercicio fiscal 2026, 6 de agosto de 2026

El retroceso de los suscriptores australianos se produce en un contexto de resultados globales que, por lo demás, son sólidos. La división de libros y el negocio inmobiliario digital compensaron las debilidades de la prensa. Pero la caída en cabeceras como The Australian, The Daily Telegraph o el Herald Sun —todas ellas con paywalls y apostando por el contenido premium— indica que incluso los mercados maduros de suscripción digital pueden tambalearse cuando la audiencia encuentra respuestas inmediatas, y gratuitas, en los interfaces de IA conversacional.

El movimiento de Thomson va más allá de una queja coyuntural. News Corp ya cerró acuerdos de licencia con algunos gigantes tecnológicos por el uso de sus contenidos. Pero la irrupción de modelos de lenguaje masivos ha reabierto el debate sobre el derecho de autor y el tráfico de referencia. De hecho, grandes grupos editoriales, desde The New York Times hasta la agencia AFP, han emprendido acciones legales en Estados Unidos y Europa para frenar lo que consideran un expolio sistemático. La posición del ejecutivo de News Corp encaja en esa estrategia: la presión retórica y judicial como palanca para forzar nuevas negociaciones comerciales.

🌍 El impacto en España y Europa

En la eurozona, este conflicto tiene ecos directos. La Ley de Mercados Digitales y la futura regulación europea de IA podrían establecer obligaciones de transparencia y compensación para los desarrolladores de modelos fundacionales. Para los grandes grupos españoles —Prisa, Vocento, Unidad Editorial— la batalla australiana de News Corp es un espejo de lo que podría avecinarse en sus propias negociaciones con las big techs europeas. Además, el retroceso de suscriptores digitales en un mercado tan maduro como el australiano subraya la urgencia de diversificar las fuentes de ingresos: si la IA reduce el tráfico directo y el apetito por las suscripciones, las cabeceras que dependen exclusivamente de los lectores de pago quedarán expuestas. En España, donde el paywall aún no está tan extendido como en el mundo anglosajón, la lección es clara: la batalla por los derechos de autor no es solo legal, es también la defensa del único activo que ningún algoritmo puede replicar sin permiso: la credibilidad.


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