El Dow Jones no entiende de dudas. Mientras el resto de Wall Street digiere con cautela los últimos movimientos geopolíticos y el precio de las tecnológicas, el índice industrial cerró la sesión del 5 de agosto en máximo histórico. La combinación del repunte de Nvidia y el acuerdo para restablecer una ruta segura en el estrecho de Ormuz encendió la mecha de un rally que deja al selectivo en territorio inédito.
La jornada terminó con signo mixto. El Dow Jones Industrial Average avanzó lo suficiente como para coronar un récord, pero el S&P 500 y el Nasdaq Composite apenas se movieron. Las grandes empresas de servicios de comunicación y tecnología, que llevaban semanas liderando las subidas, frenaron el rally semanal. El castigo a SpaceX —se hundió un 13,6%— fue el recordatorio de que no todo es ascenso en este mercado.
El Dow Jones, un faro en una sesión mixta
El índice de los 30 valores industriales encontró su fuerza en la renta variable de corte más cíclico. Nvidia, que había cedido terreno en días anteriores, rebotó con convicción al calor de unos resultados empresariales revisados al alza y de la expectativa de que la demanda de chips para inteligencia artificial siga intacta. No fue la única: Goldman Sachs y Caterpillar también aportaron puntos al Dow, en una rotación que huele a búsqueda de valor en sectores castigados.
El movimiento no es casual. Los inversores llevan varias semanas descontando que la Reserva Federal termine de aflojar la política monetaria antes de fin de año, y esa narrativa beneficia más a los valores industriales que a las tecnológicas de crecimiento. Aun así, el Nasdaq se mantuvo plano: la caída de SpaceX, ligada a un fallo en uno de sus lanzamientos comerciales, contagió a todo el sector aeroespacial y recordó que los múltiplos elevados se pagan caros cuando hay ruido operativo.
Nvidia y la geopolítica: el doble motor de la jornada
El otro gran catalizador llegó del Golfo Pérsico. La reaparición de una ruta segura en el estrecho de Ormuz, tras semanas de tensión con Irán, disparó el optimismo sobre el suministro energético global. El crudo bajó con fuerza, y eso alivió los temores inflacionistas que atenazaban a los mercados desde junio. Para una economía estadounidense que todavía colea con el IPC subyacente por encima del 3%, cualquier descenso en la factura energética es gasolina para las bolsas.
La conexión Nvidia-Ormuz no es directa, pero el mercado la tejió en minutos. Menos tensión geopolítica significa menor prima de riesgo en las cadenas de suministro, y eso beneficia a las empresas más globalizadas del Dow. Nvidia, que fabrica en Taiwán y vende al mundo, se convirtió en el emblema de ese alivio. Sus acciones subieron con fuerza, y el Dow lo agradeció porque el valor pondera por precio y cualquier movimiento en un gigante de 2 billones de capitalización mueve el índice entero.
No obstante, el rally semanal de las tecnológicas se interrumpió. Apple y Microsoft cerraron planas, y Alphabet perdió algo de fuelle tras un informe de analistas que rebajó sus previsiones de ingresos publicitarios. La sesión dejó claro que la fiesta no es para todos, y que el Dow ha tomado el relevo del Nasdaq como locomotora de Wall Street.
El Dow Jones encontró en Nvidia y Ormuz el tándem perfecto para un récord que ni los fiascos aeroespaciales pudieron empañar.
Análisis: ¿Es sostenible este récord con la Fed en el horizonte?
El nuevo máximo del Dow invita a una pregunta incómoda: ¿estamos ante un suelo firme o ante un espejismo de verano? Los datos macroeconómicos de la semana —empleo ADP, ISM de servicios— serán la primera prueba de fuego. Si el mercado laboral se resiente más de lo previsto, la rotación hacia industriales podría acelerarse, pero también crecería el temor a una desaceleración brusca. Esa dualidad es la que explica la sesión mixta.
Hay un precedente que me hace ser cauto. En julio de 2023, el Dow también rompió récords apoyado en la misma receta —abaratamiento del crudo y expectativas de pausa en las subidas de tipos—, y en septiembre corrigió un 7% cuando la Fed recordó que la inflación no estaba domada. La historia no se repite, pero rima, y el mercado parece estar otra vez descontando lo mejor de los dos mundos: baja inflación y crecimiento aceptable.
El estrecho de Ormuz añade otra capa de incertidumbre. El acuerdo para una ruta segura es frágil; cualquier incidente con Irán podría reventar la calma en cuestión de horas. Y si el crudo se dispara de nuevo, el Dow, con su alta exposición a energía y materiales, sufriría más que el Nasdaq. Los inversores institucionales lo saben, y por eso el volumen negociado fue un 12% inferior a la media del último mes: pocos se atreven a comprar a estos niveles sin ver antes las actas de la Fed de julio, que se publican en dos semanas.
En cualquier caso, el mercado ha demostrado una resiliencia notable. Que el Dow Jones marque récord después de un año con tipos al 5,5% y con dos guerras activas es, en sí mismo, una anomalía histórica. Quizás el mensaje sea que la economía estadounidense está aprendiendo a crecer con tipos altos, o quizás sea que la burbuja de la inteligencia artificial está hinchando los índices más de lo que reflejan los fundamentales. Lo sabremos en septiembre, cuando la Fed actualice sus proyecciones y el mercado tenga que decidir si este rally es lo que parece o es, simplemente, una pausa en la tormenta.
De momento, la música sigue sonando, y el Dow ha decidido bailar.




