El precio de la gasolina en agosto: cinco subidas seguidas disparan el coste del depósito 16 euros más

El sobrecoste para llenar un depósito medio alcanza los 16 euros en pleno agosto, coincidiendo con la 'operación salida' de vacaciones. El fin parcial de la bonificación fiscal dispara la factura de los conductores.

El verano de 2026 se está convirtiendo en un quebradero de cabeza para los conductores españoles. Llenar un depósito medio de gasolina cuesta ahora hasta 16 euros más que hace apenas un mes, y el motivo es una combinación explosiva: cinco semanas consecutivas de subidas en el precio de los carburantes y la retirada parcial de las rebajas fiscales que el Gobierno mantenía desde la crisis de 2022.

Según el Boletín Petrolero de la UE, la gasolina sin plomo 95 ha encadenado su quinta subida semanal y se acerca a los máximos anuales alcanzados en primavera. El diésel, por su parte, vuelve a asomarse a la barrera psicológica de los dos euros en estaciones de servicio de toda España, con especial crudeza en zonas como Barbanza, donde el litro se sitúa ya en en torno a 1,99 euros.

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Un agosto de surtidor caliente: cinco semanas de escalada sin freno

La tendencia al alza comenzó a finales de junio y se ha intensificado a lo largo de julio. Cada lunes, los conductores se han encontrado con un céntimo o dos más en el precio de la gasolina. Al principio, el incremento podía parecer moderado, pero acumulado a lo largo de cinco semanas ha provocado un salto de entre 12 y 16 céntimos por litro en muchas estaciones. Esta escalada sitúa la gasolina en cotas cercanas a su máximo anual y devuelve al primer plano el debate sobre el coste real de la movilidad en España.

El recorte de las ayudas gubernamentales al combustible, que pasaron de una bonificación generalizada de 0,20 euros por litro a una ayuda mucho más limitada y focalizada, ha sido el detonante inmediato. Aquel descuento, implantado en 2022 para paliar el impacto de la guerra en Ucrania, se eliminó en su mayor parte durante el segundo trimestre de 2026. La supresión explica buena parte del sobrecoste actual, aunque no es la única razón.

Factura asegurada: 16 euros más por depósito y el diésel se asoma a los dos euros

Para un turismo con un depósito de 50 litros, el incremento respecto a hace un mes ronda los 16 euros. En agosto, un mes tradicionalmente marcado por los desplazamientos masivos, el golpe es doble: más kilómetros recorridos y un litro de combustible más caro. La segunda operación salida del verano, que arranca este fin de semana, coincide con estos precios en máximos y promete tensionar aún más la demanda.

El diésel, combustible mayoritario en el transporte profesional y en flotas de empresa, roza los dos euros el litro en algunos puntos del país. Aunque la media estatal se mantiene ligeramente por debajo, la tendencia apunta a que esa barrera se rompa en las próximas semanas. Las gasolineras más baratas, concentradas en determinadas provincias, apenas logran contener la presión alcista.

Más allá del verano: qué se juegan conductores, transportistas y el IPC

Las subidas de los carburantes no solo afectan al bolsillo de quien va a la playa. La factura energética de los hogares, los precios de los alimentos que viajan en camión y la competitividad de todo un sector logístico dependen del precio del gasóleo. La inflación de agosto podría repuntar si la gasolina sigue empujando los costes de transporte, en un momento en que el Banco Central Europeo vigila con lupa cualquier rebrote inflacionista.

La combinación de un mercado del petróleo tensionado —con recortes de producción de la OPEP+ y tensiones geopolíticas en Oriente Medio que añaden una prima de riesgo al barril— y una fiscalidad al alza plantea un escenario incómodo para el otoño. Si el crudo Brent se mantiene por encima de los 90 dólares, los surtidores españoles podrían marcar nuevos máximos antes de que termine el año.

El Gobierno se enfrenta mientras tanto a un dilema. Mantener las ayudas al combustible habría costado a las arcas públicas miles de millones adicionales, pero retirarlas en un momento de precios altos traslada el coste directamente al ciudadano y a las empresas de transporte. La presión política para reintroducir alguna medida de alivio crecerá si la gasolina sigue escalando en plena cuesta de enero de 2027.

Cinco semanas de subidas no son un simple repunte: son el reflejo de un mercado del petróleo tensionado y de unas arcas públicas que ya no pueden sostener los descuentos.

Los conductores, por ahora, tienen pocas opciones: buscar las gasolineras más baratas, planificar los repostajes o, en el caso de muchos transportistas autónomos, volver a apretar los márgenes. La gasolina de agosto de 2026 es más cara que nunca para esta época del año, y la tendencia no invita a echar las campanas al vuelo.


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