El precio del oro en dólares está protagonizando una de esas semanas que los operadores recordarán. El metal precioso ha subido cerca de un 5% en las últimas sesiones, acercándose a la barrera de los 4.200 dólares y consolidando un suelo en los 4.000. Detrás de este rebote hay una mezcla inusual de factores: la inminente reapertura del estrecho de Ormuz, la debilidad del dólar, las compras masivas de los bancos centrales y el renovado apetito por el riesgo.
El impulso técnico y el alivio geopolítico
Según los datos de XTB, los futuros del oro rompieron al alza las medias móviles exponenciales de 10 y 30 días en la sesión del 6 de agosto, situándose en la la antesala del nivel de los 4.200 dólares por onza. El volumen de negociación, según CME Group, repuntó la semana pasada, señal de que el dinero especulativo está volviendo al metal. Tras varios meses de corrección provocados por la guerra en Irán, el oro tocó un mínimo de diez meses en julio y desde entonces ha rebotado aproximadamente un 4%.
La esperanza de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán sobre el estrecho de Ormuz está desinflando los temores inflacionistas y reduciendo las expectativas de nuevas alzas de tipos por parte de la Reserva Federal a solo una más en lo que queda de año. Los menores rendimientos de la deuda y un entorno de menor presión monetaria a corto plazo benefician directamente al metal, que no paga intereses. A esto se suma un dólar debilitado, que hace al oro más atractivo para compradores con otras divisas.
Compras institucionales y la espiral de deuda
El apetito no se limita a los especuladores. Los ETF respaldados por oro en China han registrado 14 días consecutivos de entradas de capital, rompiendo una larga racha de salidas. Además, el Banco de Corea ha reanudado sus compras de oro, un movimiento que suele interpretarse como un voto de confianza en el metal como reserva de valor en tiempos de incertidumbre financiera.
En paralelo, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años alcanzaron la semana pasada sus niveles más altos desde 2007, mientras los inversores vendían deuda ante el temor a una inflación persistente y a una respuesta lenta de la Fed. La intervención de Estados Unidos para respaldar al yen japonés también añade leña al fuego: Japón mantiene cerca de 1,14 billones de dólares en bonos del Tesoro, y las dudas sobre la sostenibilidad de esa deuda crecen. No es casualidad que el oro, el refugio por excelencia, esté volviendo a brillar.
El oro no está subiendo por miedo; está subiendo por la certidumbre de que la deuda sigue creciendo más rápido que la capacidad de los bancos centrales para contenerla.
Análisis: ¿Suelo sólido o simple tregua?
A mi juicio, el oro está consolidando los 4.000 dólares como un suelo técnico y psicológico que difícilmente se romperá a corto plazo. La combinación de una Reserva Federal que se ve obligada a frenar las subidas de tipos para no estrangular una economía ya tocada, el regreso de los flujos institucionales asiáticos y la persistente preocupación por los desequilibrios de deuda en las grandes economías crea un caldo de cultivo propicio. Sin embargo, no todo es un camino despejado hacia los 4.200.
El factor Ormuz sigue siendo una espada de doble filo. Si la reapertura del estrecho se materializa y el crudo se estabiliza, parte del brillo defensivo del oro podría disiparse. Además, un repunte inesperado del dólar, impulsado por datos de empleo o inflación en Estados Unidos que obliguen a la Fed a ser más agresiva, metería presión al metal. Yo creo que el mercado subestima la posibilidad de que la inflación no ceda tan rápido como se espera; en ese escenario, el oro podría corregir.
Pero la gran baza del oro ahora mismo es la deuda. Con los rendimientos reales en terreno positivo pero los déficits disparados, el metal está funcionando como un seguro contra el riesgo soberano. Los inversores que miran más allá de los próximos trimestres saben que una vez que el miedo a la recesión se asiente, los bancos centrales volverán a pisar el acelerador. Y entonces el oro en dólares podría no conformarse con los 4.200.




