Reorganización del Santander en la banca comercial: dos nuevos responsables globales

Matías Sánchez asume Particulares y Borja Oyarzábal se encarga de Empresas, mientras Daniel Barriuso deja la unidad para ser asesor de Ana Botín. El movimiento busca acelerar la transformación digital de un negocio que genera el 54% del beneficio.

Santander ha redibujado el organigrama de su negocio más rentable. La banca comercial –que agrupa Particulares y Empresas– estrena dos corresponsables globales: Matías Sánchez y Borja Oyarzábal, mientras el hasta ahora jefe único, Daniel Barriuso, pasa a ser asesor de la presidenta y del consejero delegado, Ana Botín y Héctor Grisi. Es el mayor reajuste directivo en la unidad que genera el 54 % del beneficio del grupo.

Dos co-responsables globales con trayectoria sólida

Matías Sánchez, que hasta ahora lideraba la actividad de Tarjetas, asume la rama de Particulares (Retail). Mantendrá Tarjetas dentro de su perímetro, un negocio que ya estaba integrado en la banca retail. Sánchez acumula casi tres décadas en el grupo: arrancó en Banesto en 1997 y ha sido responsable de Banca Comercial y Digital en Chile y, más recientemente jefe de Productos Retail de Europa y España. Durante su etapa en Santander Chile impulsó el modelo de oficina Work Café, que el banco ha exportado como eje de la reconversión de su red.

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Borja Oyarzábal se encarga de Empresas (Commercial). Consolida así la función de nueva creación que estrenó en 2025, cuando tomó las riendas de Empresas en España y en el grupo. Oyarzábal llegó a Santander desde Tresmares Capital –la plataforma de financiación alternativa propiedad del banco– donde era CEO y seguirá al frente. Antes fue socio y director de Private Equity en Qualitas Equity, consultor en Bain & Company y en PwC. Ambos directivos reportarán al consejero delegado, Héctor Grisi, que en el modelo de gobernanza actual tiene responsabilidad directa sobre la banca comercial.

Daniel Barriuso abandona la primera línea operativa tras casi tres años al frente. Seguirá como asesor de Botín y Grisi, y será consejero en varias filiales –entre ellas, Santander México y Openbank–. Barriuso asumió la dirección en solitario en septiembre de 2023, cuando la entidad creó las cinco áreas transversales del grupo. Antes había sido Chief Transformation Officer y responsable global de seguridad de la información (CISO).

La banca comercial genera el 54 % del beneficio y aglutina a casi 150 millones de clientes. Su renovación digital no es opcional: es la llave de la rentabilidad futura.

Un negocio que pesa más de la mitad del beneficio

La banca comercial es el puntal del grupo, por encima del creciente protagonismo de la banca de inversión o la gestión de patrimonios. En el primer trimestre de 2026, el segmento ganó más de 2.000 millones de euros, un 9 % más que un año antes. De una base de clientes cercana a los 180 millones, casi 150 millones pertenecen a esta unidad, cuyo peso en el beneficio total ronda el 54 %. La banca de inversión aporta el 24 % (889 millones), y Gestión de Patrimonios y Seguros el 13 %, según los datos que constan en la web corporativa del banco.

Esa dependencia explica la urgencia del cambio. Santander lleva meses insistiendo en que debe acelerar la transformación pendiente en la banca comercial, la pata donde la digitalización está menos avanzada. Parte de la mejora de rentabilidad prometida al mercado para los próximos ejercicios se sustenta en este giro, más aún en un contexto de incertidumbre geopolítica y económica con la IA como elemento disruptivo.

La transformación digital: carrera contra el tiempo

Santander quiere convertirse en un banco digital con sucursales, no en un banco de apps sin cara. El plan pasa por implantar grandes plataformas globales que generen sinergias de ingresos –mejor experiencia de cliente– y ahorros de costes al eliminar duplicidades. La reorganización de la cúpula de banca comercial es otra pieza de esa estrategia: poner a dos ejecutivos con perfiles complementarios –uno de retail digital, otro de empresa e inversión alternativa– al frente de la joya del beneficio.

No es un simple cambio de nombres. Barriuso pilotó la etapa fundacional de las cinco áreas transversales, pero ahora el foco se desplaza a la ejecución pura, con la integración de TSB y Webster aún en marcha y la presión de los inversores por ver resultados tangibles. El doble mando busca agilidad: separar el negocio de particulares del de empresas para acortar los ciclos de decisión en un entorno donde la IA fuerza a repensar los modelos de distribución.

A mí no me sorprende que Santander haya apostado por este esquema. En el último año, los bancos que mejor están capeando la presión de costes son los que han roto los compartimentos estancos entre canales y han situado la transformación digital directamente bajo el primer ejecutivo. Con Grisi al mando directo de la unidad y dos perfiles que combinan experiencia interna y externa, el mensaje al mercado es nítido: la banca comercial no es un legado, es la plataforma de crecimiento.

El riesgo, como siempre, está en la ejecución. Doblar el mando en un negocio tan grande puede generar fricciones si los incentivos no alinean los objetivos de Particulares y Empresas. Además, la incertidumbre macro –con los tipos empezando a aflojar y la morosidad repuntando en algunas carteras– mete presión a los márgenes justo cuando la inversión tecnológica no admite demora. Los próximos trimestres dirán si la nueva estructura consigue acelerar la transformación o si, simplemente, añade otra capa de complejidad.


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