Rascafría en verano: la piscina natural de Las Presillas que Madrid tiene y casi nadie aprovecha bien

Rascafría guarda a una hora de la Puerta del Sol tres piscinas naturales de agua de montaña donde el río Lozoya forma pozas limpias y frescas entre prados verdes. El secreto no es que existan —llevan décadas ahí— sino saber cuándo ir y qué hacer para que la experiencia no se parezca en nada a la playa del domingo de agosto.

El termómetro supera los 35 grados en el centro de Madrid y Rascafría está a 63 minutos en coche. Ese dato, tan simple, sigue siendo el mejor argumento para escapar al norte cualquier mañana de julio o agosto. Las Presillas llevan años esperando al viajero que no quiere arena caliente ni parking a 40 euros: tres láminas de agua fría, prados infinitos y la sierra encima como paraguas verde.

Lo que sorprende al llegar no es la belleza —eso ya lo intuías— sino la sensación de haber cambiado de país. El Valle de El Paular huele a resina y a hierba mojada, el agua del río baja directa del Peñalara y la temperatura del agua ronda los 18 grados incluso en pleno agosto. Madrileños que van por primera vez suelen repetir la misma frase: «¿Cómo no había venido antes?».

Publicidad

Rascafría y las tres piscinas que el río Lozoya construyó solo

Youtube video

Las Presillas no son una infraestructura artificial. Son tres pozas naturales que el río Lozoya fue excavando sobre la roca a su paso por el Valle de El Paular, al pie del municipio de Rascafría. El ayuntamiento las habilitó con un pequeño muro de contención, aseos, zona de césped y un quiosco, pero la esencia sigue siendo la misma: agua que nace en las cumbres de Guadarrama y baja limpia, fría y cristalina.

Cada poza tiene profundidad distinta, lo que convierte Las Presillas en un espacio válido para todos los públicos. La zona más somera llega al pecho de un adulto; la más profunda permite un salto limpio desde las rocas del borde. Lo que no varía es la temperatura: fresca pero tolerable, ideal para aguantar dentro el tiempo suficiente para olvidarte de la M-30.

Rascafría en práctica: cómo llegar, cuánto cuesta y cuándo ir

Rascafría se alcanza desde Madrid por la A-1 hasta el kilómetro 69 y luego la M-604 hasta el km 28,6. El trayecto dura entre 55 y 70 minutos según el tráfico. Quienes prefieren no conducir pueden tomar el autobús 194 desde Plaza de Castilla; desde la parada hay unos 13 minutos a pie hasta las piscinas. El río Lozoya es considerado uno de los cursos de agua de mayor calidad para consumo humano de España —el mismo que abastece a la capital—, dato que no está de más recordar cuando te preguntes si el agua está limpia.

El acceso a las piscinas es gratuito; lo que se paga es el aparcamiento, con una tarifa de 9 euros el día completo. La trampa más habitual del fin de semana es llegar a las once y encontrar la zona de sombra ocupada. La solución es sencilla: llegar antes de las diez o ir entre semana. Entre semana Las Presillas se convierten en otro lugar: menos gente, más silencio, más probabilidades de quedarte solo en una poza.

Lo que hay más allá del agua en Rascafría

Youtube video

El baño en Las Presillas ocupa la mañana, pero Rascafría tiene músculo suficiente para llenar el día. A diez minutos en coche está el Monasterio de Santa María de El Paular, uno de los conjuntos monásticos medievales mejor conservados de la sierra madrileña. La entrada es asequible y la visita con los propios monjes cartujos es una de esas experiencias que no se olvidan fácil.

Para quienes prefieren seguir al aire libre, la Cascada del Purgatorio ofrece una ruta de 11 kilómetros de ida y vuelta desde el Puente del Perdón con desnivel moderado. El sendero bordea el río Aguilón entre abedules y rocas cubiertas de musgo, y el choque visual al ver caer el agua desde diez metros de altura justifica cada paso. Conviene calzar botas de montaña y salir temprano.

Cuándo ir y qué llevar: la guía sin rodeos

Mejor época

Julio y agosto son los meses de mayor caudal y temperatura del agua más amable. Junio tiene agua más fría pero el entorno está en su mejor momento: prados verdes, menos gente y días largos. Septiembre es el mes tranquilo por excelencia: agua aún nadable, temperatura exterior perfecta y prácticamente sin colas en el aparcamiento.

Qué llevar

Zapatillas de agua o escarpines marcan la diferencia entre un baño cómodo y uno incómodo; el fondo de las pozas combina roca y gravilla. Añade protector solar, picnic —las mesas de la zona recreativa son amplias— y una capa ligera para cuando el sol baja, porque en Rascafría la tarde refresca más rápido de lo que esperas desde el asfalto de Madrid.

Cuatro razones para ir entre semana y no el sábado

  • Aparcamiento libre: entre semana encuentras hueco sin dar vueltas y a veces ni hace falta pagar.
  • Sombra garantizada: los pinos dan para todos cuando la gente no se amontona.
  • Agua más tranquila: sin la presión de bañistas en cadena, las pozas ganan en calma y en disfrute.
  • Rascafría sin colas: pueblo, monasterio y gastronomía serrana funcionan mejor de martes a jueves.

Rascafría en 2026: más visitada, pero con margen si juegas bien

La demanda de turismo de proximidad en la sierra norte de Madrid no ha parado de crecer desde 2024. Rascafría registra ocupaciones de hasta el 95% los fines de semana de invierno con nieve, y el verano sigue una curva parecida. La buena noticia es que Las Presillas tienen capacidad para absorber afluencia sin degradarse, siempre que el visitante llegue con criterio horario y se respete el entorno.

La tendencia apunta a que la Comunidad de Madrid seguirá invirtiendo en señalización y acceso sostenible al Valle de El Paular. Quien madruque —o simplemente elija martes en lugar de domingo— tendrá durante años una de las mejores escapadas de verano del centro peninsular a poco más de una hora de casa, sin necesidad de vuelo, de hotel caro ni de saber nada que no esté ya aquí.


Publicidad