Intesa Sanpaolo, el mayor banco de Italia con casi un billón de euros en activos, ha movido ficha en su cartera de criptoactivos de forma contundente. En el segundo trimestre de 2026 la entidad redujo en un 93,7% su posición en el ETF de Bitcoin al contado de BlackRock (IBIT), al tiempo que triplicó su apuesta por el iShares Staked Ethereum Trust (ETHB), el fondo que une la exposición al precio del ether con las recompensas de staking.
El recorte en el IBIT dejó las acciones comunes en apenas 40.723 títulos, valoradas en 1,36 millones de dólares, frente a los 24,85 millones del trimestre anterior. La diferencia es abismal. La posición en opciones call sobre ese mismo ETF también se desplomó de 2,50 millones de acciones subyacentes a solo 18.000. Sin embargo, el banco introdujo una opción put sobre 500.000 acciones de IBIT por 16,65 millones de dólares, lo que añade un matiz defensivo que impide leer el movimiento como una simple huida del activo.
De hecho, Intesa Sanpaolo mantiene una sólida exposición a Bitcoin a través del ETF de ARK 21Shares (ARKB), con 3,47 millones de acciones valoradas en 67,63 millones de dólares, apenas un 3,7% menos que en el trimestre anterior. Es decir, no ha abandonado el barco. Simplemente ha cambiado de camarote y ha apostado con más fuerza por un producto que ofrece algo que Bitcoin no puede dar: rendimiento periódico.
La estrategia detrás del recorte en Bitcoin
La presentación del Formulario 13F ante la SEC no explica los motivos, pero las cifras son elocuentes. El banco ha mantenido su participación en XRP sin cambios (712.319 acciones) y ha reducido su posición en el ETF de staking de Solana a un nivel simbólico: de 2.817 acciones a solo siete. La selección de activos apunta a una preferencia clara por el ecosistema Ethereum.
El nuevo put sobre IBIT también merece atención. Cubre medio millón de acciones con un valor nocional de 16,65 millones de dólares, aunque no se conocen el precio de ejercicio ni el vencimiento. Podría tratarse de una cobertura a la baja más que de una apuesta bajista pura, pero confirma que el banco está gestionando activamente el riesgo de su exposición a Bitcoin sin desprenderse del todo de ella.
Mientras tanto, la cartera de Ethereum gana peso. La posición en ETHB pasó de 116.200 a 349.600 acciones, un incremento del 200% que elevó su valor de mercado de 3,15 a 7,10 millones de dólares. Es aún una fracción pequeña comparada con los 67,63 millones de ARKB, pero la dirección del viento es inequívoca: hacia Ethereum y hacia el staking.
Ethereum staking: el imán para las carteras institucionales
El iShares Staked Ethereum Trust que ha elegido Intesa Sanpaolo se lanzó en el Nasdaq en febrero de 2026 y ya acumula 562,5 millones de dólares en activos netos. Es un producto que replica el precio del ether y, además, reinvierte las recompensas que generan los validadores por asegurar la red. En un entorno de tipos de interés aún moderados y con una regulación europea que va dando certidumbre gracias a MiCA, el staking se ha convertido en uno de los argumentos más potentes para los inversores profesionales.
La gran banca europea no suele improvisar en sus carteras de valores estadounidenses. Que Intesa Sanpaolo haya optado por el staking de ether justo cuando reduce drásticamente su ETF de Bitcoin sin tocar otros productos sugiere que la decisión responde a una estrategia deliberada de rotación hacia activos que generan ingresos pasivos. No estamos ante un bróker especulando: es un banco de 992.000 millones de euros en activos que está reasignando su exposición a criptoactivos con criterios de rentabilidad y riesgo.
Análisis: Del oro digital al activo productivo
Esta rotación no es un hecho aislado. Ya habíamos visto cómo los fondos de pensiones y las tesorerías corporativas empezaban a mirar el staking de Ethereum como una alternativa al rendimiento de la renta fija tradicional. La diferencia es que ahora lo hace uno de los mayores bancos del sur de Europa y lo hace, además, en el mismo trimestre en que reduce su exposición a Bitcoin en un vehículo de la propia BlackRock.
La clave está en la naturaleza productiva de Ethereum. Desde que la red migró a Proof of Stake en septiembre de 2022, cada validador recibe recompensas por mantener la seguridad del protocolo. Ese flujo de ingresos se ha ido sofisticando con la llegada de productos regulados que permiten a un banco participar sin necesidad de operar nodos ni custodiar claves. Es el mismo argumento que se utilizó con el oro digital de Bitcoin, pero ahora con una prima de rendimiento.
Conviene ser prudente. El staking no está exento de riesgos: la posibilidad de slashing (pérdida de parte del depósito por mal comportamiento del validador) y la liquidez limitada de algunos productos en momentos de estrés son factores que el propio folleto del ETF menciona. Además, la regulación europea aún está perfilando cómo tratará los rendimientos del staking en términos fiscales y contables. Pero el hecho de que Intesa Sanpaolo esté dispuesto a asumir esos riesgos con una parte pequeña pero creciente de su cartera envía una señal que el mercado institucional no pasará por alto.
El banco no ha abandonado el barco del Bitcoin, pero ha puesto el motor en el staking de Ethereum.
Habrá que esperar al próximo 13F, con datos cerrados al 30 de septiembre, para ver si esta tendencia se consolida o fue solo un ajuste trimestral. De momento, la rotación existe, está cuantificada y apunta en una dirección que Ethereum llevaba años esperando.




