La Reserva Federal (Fed) ha dado un paso más para cerrar el cerco a las stablecoins. Este jueves propuso que los emisores de estas monedas digitales —como USDT o USDC— deban identificar a sus clientes, un requisito que desde hace décadas es estándar en la banca tradicional. La medida, que se alinea con la ley GENIUS firmada por Donald Trump en 2025, ha sido respaldada por el presidente de la Fed, Jerome Powell, aunque otro miembro de la junta, Kevin Warsh, se ha abstenido en la votación.
Qué exige la nueva propuesta de la Fed
La propuesta obliga a los llamados emisores de stablecoins de pago permitidos (PPSI) a establecer un programa escrito de identificación de clientes (CIP). Antes de abrir una cuenta, deberán recopilar el nombre legal, la fecha de nacimiento o constitución, la dirección física y un número de identificación emitido por el gobierno de cada nuevo usuario. Es, en esencia, el mismo marco CIP que los bancos, los brókeres y los fondos de inversión aplican desde hace más de veinte años.
La Fed aceptará comentarios del público durante 60 días antes de perfilar el texto definitivo. La propuesta cierra un vacío que preocupaba a los reguladores: hasta ahora, muchas stablecoins operaban sin ningún tipo de proceso de conocimiento del cliente, lo que facilitaba el blanqueo de capitales. De hecho, la unidad de inteligencia financiera FinCEN estima que alrededor de la mitad de los emisores conocidos ni siquiera se habían registrado como empresas de servicios monetarios (MSB).
Por qué la ley GENIUS es el auténtico motor del cambio
El cambio no llega por capricho. En julio de 2025, el presidente Trump firmó la ley GENIUS (acrónimo de Guiding and Establishing National Innovation for U.S. Stablecoins), el primer marco federal para las stablecoins en Estados Unidos. Esta norma exige respaldo del 100% con activos líquidos, sujeta a los emisores a la Ley de Secreto Bancario (BSA) y obliga a implementar programas de prevención de blanqueo (AML) y cumplimento de sanciones.
La iniciativa de la Fed es la última pieza de un puzzle regulatorio que ya estaba en marcha. En abril de 2026, el Departamento del Tesoro ya había propuesto reglas conjuntas AML y de contrafinanciación del terrorismo (CFT) para los PPSI, y las agencias bancarias FDIC y OCC publicaron sus propias normas sobre licencias, reservas y capital. La fecha de entrada en vigor de la ley GENIUS se activa a más tardar el 18 de enero de 2027, o 120 días después de que los reguladores publiquen las reglas finales, lo que ocurra primero.
El calendario aprieta. Si las reglas finales de identificación de clientes no están listas antes de esa ventana, la ley podría entrar en vigor sin que su arquitectura de control esté completamente desplegada. Eso añade presión a los equipos legales de la Fed y del resto de agencias.
Lo que esto significa para el inversor español y la regulación europea
Para el inversor español, estas normas pueden parecer lejanas, pero no lo son. Muchas stablecoins —especialmente USDC y USDT— se utilizan en Europa como puente entre euros y criptoactivos. Si la Fed impone requisitos estrictos de identidad, los emisores con vocación global podrían extender voluntariamente esos esos controles a todos sus usuarios para no fragmentar su operativa. En la práctica, abrir una cuenta en una stablecoin podría parecerse cada vez más a abrir una cuenta bancaria.
Europa ya tiene su propio marco con MiCA, que también exige la identificación de clientes para los emisores de tokens de dinero electrónico. Sin embargo, la normativa estadounidense introduce un matiz relevante: la propuesta de la Fed considera que la mera redención directa de tokens adquiridos en el mercado secundario activa la obligación de CIP. Es decir, si compras USDC en un exchange y después lo redimes directamente con el emisor, te pedirán el DNI en ese momento. Las transferencias entre particulares a través de contratos inteligentes quedan fuera de esta definición, al menos por ahora.
En el fondo, la dirección es la misma a ambos lados del Atlántico: las stablecoins dejan de ser un rinoceronte sin dueño y pasan a estar al alcance del regulador.
El gobernador de la Fed Michael Barr, que fue el principal responsable de supervisión bancaria de la institución, ha sido la voz más cautelosa dentro del organismo. En una conferencia en marzo de 2026, advirtió de que las stablecoins siguen expuestas a riesgos de calidad de activos de reserva, arbitraje regulatorio y fallos en los controles antilavado. “Aunque algunos proveedores de servicios de activos digitales ya cumplen con requisitos AML en su jurisdicción de origen, es demasiado fácil para los actores maliciosos eludir esas restricciones y operar sin ser detectados”, declaró Barr.
Ese tono de prudencia explica en parte la abstención de Kevin Warsh. Aunque Powell impulsó la medida, la división en la junta refleja un debate más amplio: ¿hasta qué punto la regulación debe replicar el corsé bancario o permitir un margen para la innovación? De momento, ha ganado la tesis de que una stablecoin sin identificación de clientes es un billete de 500 euros digital con ruedas.
La propuesta estará en consulta pública dos meses. Para los emisores, el reto no es menor: tendrán que construir sistemas de verificación de identidad en un plazo récord. Para los usuarios, la comodidad de moverse con seudónimos se reduce otro tramo. El mundo cripto se acerca, paso a paso, al espejo del sistema financiero tradicional. La pregunta es si al final el reflejo devuelve una fotografía mejor o simplemente la misma foto con otro marco.




