“El acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán es un rescate a China por el impacto que tendría sobre la energía, la inflación y el crecimiento económico chino”, explicó ayer Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis en rueda de prensa, para añadir: “China ha notado el impacto de la pérdida del petróleo gratis de Irán y Venezuela y la explosión de la mayor burbuja inmobiliaria de la Historia”, añadió.
La clave para la economía global es que el shock energético derivado del conflicto con Irán ha tenido, en conjunto, un impacto menor del temido, y en Europa no ha desembocado en una paralización generalizada de la actividad.
“Se ha exagerado el impacto de la guerra; el petróleo empezó a caer antes de que se hablara de paz”
Daniel Lacalle
“La economía global ha demostrado ser mucho más resistente de lo que se temía a comienzos de año”, señaló José Miguel Maté, consejero delegado de Tressis. “El acuerdo alcanzado esta semana entre Estados Unidos e Irán es una excelente noticia que despeja parte de la incertidumbre que ha condicionado los mercados en los últimos meses, aunque no cambia el fondo de nuestra estrategia: seguimos en un entorno de liquidez abundante, crecimiento débil e inflación persistente, en el que la selección y la calidad seguirán marcando la diferencia”, aseguró.
Así, de cara a los próximos meses, Tressis mantiene una visión moderadamente optimista en renta variable global, con preferencia relativa por Estados Unidos, posiciones neutrales en Europa, Japón y mercados emergentes, y aprovechando las correcciones para construir exposición en oro; en renta fija mantienen su preferencia por duraciones de entre tres y cinco años, y entre sus convicciones sectoriales destacan la tecnología y las comunicaciones con beneficios, la eficiencia energética, las infraestructuras y los metales preciosos como cobertura.
La reducción del riesgo geopolítico tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la fortaleza de los resultados empresariales respaldan mantener las carteras invertidas, aunque la inflación persistente, el tsunami monetario y la elevada concentración del liderazgo del mercado exigen mantener la prudencia, la selección y la calidad como ejes de la inversión.

En cuanto a los precios, la desinflación no ha desaparecido, pero tampoco puede hablarse de una victoria definitiva. “La inflación se moderará con relativa rapidez, en buena medida gracias a la corrección de los precios de la energía tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán”, explicó Lacalle.
“Sin embargo, la inflación subyacente y el llamado tsunami monetario –años de políticas expansivas, déficits elevados y balances públicos sobredimensionados– siguen siendo factores esenciales que limitan el margen de los bancos centrales para aplicar políticas verdaderamente restrictivas”, subrayó.
BCE: una bajada injustificada por el conflicto en Irán
Para Tressis, la última subida de tipos del Banco Central Europeo no ha sido una decisión acertada, ya que llega en un momento en que el sector servicios es el componente más débil de la eurozona, y buena parte del repunte inflacionario procede de la energía importada, un factor sobre el que los tipos de interés tienen escasa capacidad de corrección.
El BCE puede enfriar el crédito, el consumo y la inversión, pero no abaratar el precio del petróleo ni reabrir las cadenas logísticas. Por todo ello, Lacalle apuntó: “el BCE va a tener que revertir esta decisión”.
Beneficios empresariales: una temporada de resultados excepcional
La temporada de presentación de resultados del primer trimestre ha sorprendido de forma muy positiva. En Estados Unidos, los beneficios de las compañías del S&P 500 crecieron un 28%, en uno de los mejores trimestres de los últimos años. Sectores como tecnología, comunicación y materiales registraron crecimientos de beneficios cercanos o superiores al 40%, apoyados en el fuerte gasto vinculado a la inteligencia artificial –semiconductores, servicios en la nube y centros de datos– y en el aumento de los precios de las materias primas.
En Europa, el crecimiento de los beneficios por acción se situó en un más moderado 8,8%, en buena parte gracias al sector energético. “Estos resultados son el principal soporte del mercado y respaldan mantener las carteras invertidas, aunque dado el nivel de las valoraciones, será necesario que se confirmen las buenas expectativas de los resultados empresariales para mantener el tono del mercado”, señaló Maté.

Renta variable: un liderazgo todavía muy concentrado
Tressis mantiene una visión positiva en renta variable global, con preferencia relativa por Estados Unidos, aunque advierte de que el mercado continúa mostrando un liderazgo extremadamente estrecho a nivel sectorial.
La actividad corporativa mantiene además un tono muy dinámico en 2026. Las operaciones de fusiones y adquisiciones recuperan protagonismo, impulsadas por la abundante liquidez, la normalización de los tipos de interés y la necesidad de las compañías de ganar escala en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, la defensa o la tecnología.
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A ello se suma la reapertura del mercado de salidas a bolsa, con operaciones de tamaño histórico: la cotización de SpaceX, valorada en más de 1,7 billones de dólares, y la posibilidad de que compañías como Anthropic u OpenAI sigan el mismo camino, apuntan a un mercado dispuesto a financiar proyectos de crecimiento de enorme dimensión.
Renta fija: gestión activa, sin sesgo direccional
Las rentabilidades de la deuda pública se mantienen en niveles elevados en las principales economías desarrolladas tras el repunte registrado en los últimos meses. El crédito de grado de inversión, sin embargo, ha mostrado una notable resistencia, con diferenciales que se han estrechado hasta niveles previos al conflicto en Oriente Medio.
Existe cierta presión sobre la renta fija reforzada por las limitaciones de reembolsos detectadas en varios fondos de crédito privado, en plena escalada de las emisiones vinculadas a la inversión en inteligencia artificial y centros de datos. Ante este escenario, Tressis mantiene en renta fija un posicionamiento defensivo, con exposición a deuda entre tres y cinco años y estrategias flexibles que permitan aprovechar la volatilidad derivada de la evolución de las expectativas de inflación, y con un peso equilibrado entre la deuda pública y la privada.
En materias primas, el oro y la plata mantienen su atractivo como activos refugio frente al deterioro fiscal de las principales economías desarrolladas. “El mundo no está sustituyendo el dólar por otra divisa, sino reduciendo su confianza en la deuda emitida por gobiernos con déficits crónicos y balances deteriorados”, indicó Lacalle.
El dólar, por su parte, conserva su papel como activo refugio y moneda de reserva, aunque podría moderarse de forma táctica si se reduce la prima de riesgo energético.




