Mercadona ha instalado mesas y microondas en 30 tiendas de Barcelona para que sus clientes consuman platos preparados en el local, lo que ha provocado una denuncia del Gremio de Restauración por competencia desleal. El conflicto impacta directamente en el precio de comer fuera y en el modelo de negocio de la hostelería local.
Platos preparados con mesa y microondas: la jugada de Mercadona que irrita a los restauradores
La cadena valenciana lleva años ampliando su gama de platos preparados —desde ensaladas hasta guisos tradicionales— que se venden en envases listos para calentar. En 30 supermercados de Barcelona ha ido un paso más allá: ha habilitado una zona con mesas, sillas y microondas para que los clientes puedan sentarse y comer antes de cruzar la línea de cajas. La idea es sencilla: ofrecer una solución rápida y barata para el almuerzo o la cena sin salir del súper.
El movimiento ha tenido una acogida inmediata, sobre todo entre trabajadores y vecinos que buscan un menú asequible sin esperas. Las imágenes se repiten: un plato de lentejas o un pollo al horno por entre 4 y 6 euros, calentado en el momento y consumido en una mesa improvisada junto a la sección de charcutería. La comodidad tiene un precio imbatible.
La denuncia del Gremio: ¿competencia desleal o evolución del consumo?
El Gremio de Restauración de Barcelona no lo ve con los mismos ojos. Ha presentado una denuncia administrativa contra esos 30 supermercados alegando que se produce un acto de “intrusismo y competencia desleal”. Según el gremio, la zona situada entre las cajas de cobro y la salida no puede destinarse a ninguna actividad comercial o de servicio, tal como recoge la ordenanza local de establecimientos y centros de comercio alimentario. La entidad, que dirige Roger Pallarols, argumenta que Mercadona está convirtiendo sus tiendas en espacios de restauración camuflados, con hasta 30 plazas en algunos casos, sin la licencia ni las condiciones que se exigen a un bar o restaurante.

No es la primera vez que el Gremio planta cara a este tipo de modelos. En 2022 abrió una guerra similar contra panaderías con sección de degustación que sobrepasaban el aforo, vendían alcohol y operaban sin la autorización pertinente. Aquella ofensiva detectó 657 panaderías en situación irregular; el Ayuntamiento de Barcelona inspeccionó parte de ellas y halló 57 infracciones en 22 locales, aunque se limitó a emitir avisos sin imponer sanciones. Ahora el foco se amplía a los supermercados, y el Gremio advierte que extenderá la denuncia a otras cadenas en las próximas semanas.
La batalla legal no es solo sobre licencias: esconde el temor a que el supermercado se coma el margen de la hostelería a golpe de precios que un bar no puede igualar.
Cuánto cuesta de verdad comer en Mercadona frente a un restaurante
Para el consumidor, la diferencia de precio es el dato que más pesa. Un menú del día en un restaurante de Barcelona ronda los 12-15 euros, mientras que un plato preparado de Mercadona, calentado en la propia tienda, se mueve en la franja de los 4 a 6 euros. Incluso si añadimos una bebida y un postre adquiridos en el lineal, difícilmente se superan los 8 euros. El ticket se reduce casi a la mitad.
📊 La comparativa de un vistazo
| Opción | Precio medio | Lo que incluye |
|---|---|---|
| Plato preparado Mercadona (consumo en tienda) | 4-6 euros | Comida caliente, autoservicio, sin camarero |
| Menú del día en restaurante | 12-15 euros | Primero, segundo, postre, bebida y servicio de sala |
| Combinación supermercado (plato + bebida + postre) | 7-8 euros | Autogestionado, pero con ahorro de hasta el 45% |
La brecha es amplia y explica por qué cada vez más comensales optan por calentar su tupper en el súper. Sin embargo, la experiencia no es la misma: no hay camarero, el entorno es funcional y el tiempo de consumo está limitado por el horario de la tienda. Aun así, para muchos bolsillos, el ahorro mensual puede superar los 100 euros si se sustituyen varias comidas fuera de casa por esta alternativa.
El impacto para el consumidor y el futuro del ‘comer fuera’
El pulso entre los restauradores y Mercadona refleja una transformación más amplia: la restauración organizada convive cada vez más con el retail alimentario que se mete en su terreno. La hostelería tradicional, con sus costes de personal, alquiler y licencias, difícilmente puede competir con un supermercado que amortigua los gastos de preparación dentro de su cadena de distribución y que usa las mesas como un reclamo para atraer tráfico a la tienda.
Desde el punto de vista normativo, la queja del Gremio puede tener recorrido si se demuestra que la actividad entre cajas y salida vulnera la ordenanza. Pero la realidad del consumo apunta en dirección contraria: el ‘comer fuera’ low cost ha llegado para quedarse, y los supermercados seguirán explorando formatos que difuminan la frontera entre la compra y la restauración. El Ayuntamiento, que ya fue laxo con las panaderías, tendrá que decidir si pone coto a esta práctica o asume que la ciudad ya almuerza en el pasillo de los lácteos.
Para el consumidor, la clave está en la relación calidad-precio. No se trata solo de pagar menos; también importa leer la letra pequeña de la oferta. El plato preparado, aunque económico, puede llevar más sal o aditivos de lo que cabría esperar en un restaurante que cocina al momento. Comparar etiquetas y no dejarse llevar solo por el precio de góndola sigue siendo un ejercicio de consumo inteligente.
🛒 El Veredicto de Compra
- Compara precio por comida: Un plato de supermercado sale hasta un 50% más barato que el menú del día, pero valora también la calidad de los ingredientes y el contexto.
- Ojo con los añadidos: Revisa la lista de ingredientes del plato preparado; a menudo el ahorro se consigue con formulaciones más procesadas que las de un restaurante tradicional.
- El servicio no es lo mismo: Si necesitas un espacio con comodidad, atención y horario amplio, el restaurante sigue siendo insustituible. El súper gana en precio y rapidez, no en experiencia.




