Redeia ha presentado su nuevo plan estratégico para 2029 que, a pesar de contemplar un crecimiento de la tasa de activos regulados de hasta el 7% de forma interanual durante el periodo 2025-2029, sumado a una mejora en el retorno financiero que pasaría de 5,58% hasta el 6,58%; no va a propiciar un verdadero crecimiento en los resultados.
Según datos de Bankinter, Redeia para el periodo 2025-2029 podría tener un crecimiento en el beneficio neto atribuido de los accionistas (BNA) de tan solo un 3%, es decir, pasar de 506 millones de euros hasta aproximadamente 575 millones de euros al final de este plan estratégico. A esto se le suma un crecimiento también muy limitado en el dividendo por acción de tan solo un 2% en todo el periodo.
Redeia castigada por un marco retributivo con trampas operativas
Según los analistas este crecimiento limitado responde a un cambio en el paradigma del operador energético pasad se ser una empresa de dividendo a una que prefiere capturar los beneficios de las inversiones para continuar con más proyectos para después beneficiar al accionista. Aunque, el factor más preocupante de este nuevo plan de inversión está en el modelo retributivo propuesto por la CNMC que tiene factores negativos que empujan a la baja cualquier tipo de crecimiento previsto durante el periodo 2025-2029.
Redeia presenta unos resultados sin sorpresas y no prevé consecuencias por el apagón
Según Bankinter, la explicación está en que el regulador ha cambiado la forma en que remunera las inversiones, ya que tradicionalmente, una empresa como Redeia podía invertir y empezar a capturar valor relativamente rápido a través de la retribución regulada. No obstante, con la nueva actualización de este marco, durante la fase de construcción, las inversiones no se remuneran al coste del capital sino al coste de la deuda. Es decir, Redeia al desarrollar red, no gana beneficios por lo que le cuesta construir esa red, dando pie a que sus retribuciones tengan mucho más bajas que antes.

A esto se le suma que, los nuevos activos no comienzan a generar ingresos regulados inmediatamente después de ejecutarse, dando pie a un desfase temporal entre el momento en que la compañía desembolsa el capital y el momento en que empieza a recuperarlo. En otras palabras, Redeia asume hoy el esfuerzo financiero, pero la monetización de esos activos se retrasa varios años.
Este aspecto es especialmente relevante porque coincide con el mayor ciclo inversor de la historia reciente de la compañía. El informe prevé un incremento muy significativo del activo regulado y de la inversión asociada a la adaptación de la red eléctrica para la transición energética, la electrificación de la economía y el crecimiento de la demanda.

Sin embargo, cuanto mayor sea el volumen de inversión, mayor será también el periodo durante el cual una parte creciente del capital permanecerá sin generar una rentabilidad adecuada. El resultado es prácticamente una paradoja: la empresa aumenta su tamaño económico, pero la generación de caja no crece al mismo ritmo.
Redeia pierde valor como grupo
A esta situación se añade otro elemento menos visible: el regulador ha endurecido los estándares de costes operativos, debido a que los niveles de referencia utilizados para retribuir la actividad son más exigentes que los vigentes desde 2013. Eso significa que parte de las mejoras de ingresos que Redeia obtendrá gracias a una mayor base de activos pueden verse neutralizadas si la compañía no consigue generar eficiencias internas suficientes. En términos prácticos se traduce en que el regulador está trasladando más riesgo de ejecución a la empresa, donde en caso de que los costes reales superen los estándares reconocidos, el impacto recaerá directamente sobre los márgenes.
Esta realidad conecta directamente con la idea de que el grupo es hoy más débil de lo que parece, ya que más allá del negocio regulado, que representa aproximadamente el 80% del EBITDA, otros motores de crecimiento aportan cada vez menos.
El negocio internacional se ve penalizado por la depreciación del real brasileño y por una menor actividad en Chile (sus dos mercados internacionales), mientras que la división de fibra óptica sufre la presión competitiva y la renegociación de contratos. Por tanto, mientras el regulador exige más esfuerzo inversor y más eficiencia, la compañía dispone de menos apoyos procedentes de sus negocios complementarios.
En definitiva, Redeia está practicante ante una trampa regulatoria, ya que gran parte de su creación de valor futura depende de un marco menos favorable que mermaría toda la rentabilidad de sus inversiones.




