En las profundidades del vientre de una vaca, dentro de un ecosistema tan bullicioso como una ciudad, un orgánulo nunca antes visto ha emergido como la pieza que faltaba para entender el metano que calienta el planeta. Se trata del hidrogenosoma, una estructura microscópica descubierta en los protozoos ciliados que habitan el rumen bovino, y que según un estudio publicado en Science actúa como fábrica de hidrógeno, el combustible que las arqueas metanógenas convierten en metano. El hallazgo, del que informa Quanta Magazine, abre una nueva vía para mitigar las emisiones del ganado sin desestabilizar su delicado microbioma.
Un ecosistema oculto que transforma hidrógeno en metano
Dentro de cada vaca se despliega un universo microscópico. El rumen, una cámara de fermentación de hasta 100 litros, alberga decenas de millones de bacterias, hongos y protozoos que descomponen la celulosa y las proteínas del forraje. En la cima de esta cadena trófica están los ciliados, grandes depredadores unicelulares que engullen bacterias con sus cilios a modo de escobas. El proceso genera grandes cantidades de hidrógeno, un gas que las arqueas metanógenas aprovechan para producir metano.
El metano es un gas de efecto invernadero 25 veces más potente que el dióxido de carbono. Aunque de vida más corta en la atmósfera, su impacto inmediato en el calentamiento global es demoledor. De hecho, el ganado rumiante —vacas, ovejas y cabras— emite cerca de un tercio de todo el metano atmosférico. Sumado al que procede de vertederos y combustibles fósiles, este gas es responsable de aproximadamente el 30% del aumento de las temperaturas globales desde 1850.
Hasta hace poco, los científicos se centraban sobre todo en los metanógenos como diana para reducir las emisiones. Pero el nuevo estudio publicado en Science cambia el foco: la verdadera fábrica de hidrógeno no son las bacterias ni las arqueas, sino los ciliados y sus recién descubiertos hidrogenosomas.
La pista genómica que llevó al hidrogenosoma
El equipo, liderado por investigadores de la Academia China de Ciencias y la Universidad Agrícola de Nanjing, secuenció los genomas de 450 especies de ciliados del rumen, una hazaña que amplía de forma abrumadora lo que se conocía de estos organismos. Al rastrear las secuencias de las enzimas hidrogenasas —las proteínas que catalizan la formación de hidrógeno— dieron con algo insólito: algunas de estas enzimas eran completamente diferentes a todas las versiones conocidas en el árbol de la vida. Y no estaban repartidas por la célula, sino concentradas justo en el borde de la membrana celular.
Las imágenes de microscopía electrónica resolvieron el misterio. En la base de los cilios, en la periferia de la célula, aparecían pequeñas esferas envueltas por una sola membrana que albergaban la hidrogenasa. Así nacía el hidrogenosoma, un orgánulo nuevo para la ciencia. “Encontrar un orgánulo nuevo es bastante emocionante”, declaró a Quanta Magazine Aaron Turkewitz, biólogo celular de la Universidad de Chicago.

Algunos ciliados, como los isotrichs, están cubiertos de cilios y poseen muchos más hidrogenosomas para alimentarlos; otros, como los entodinomorphs, son más pequeños y sólo presentan estos orgánulos en zonas concretas. La diferencia no es menor: los investigadores midieron las emisiones de metano en 100 vacas lecheras mediante una caja que rodea la cabeza del animal y analizaron la composición de ciliados en su rumen. Aquellas vacas con más isotrichs —y por tanto con más hidrogenosomas— eructaban mucho más metano que las dominadas por entodinomorphs.
Del orgánulo a la atmósfera: cómo reducir el metano sin sacrificar producción
El hidrogenosoma no solo produce hidrógeno; también consume oxígeno, lo que ayuda a mantener el rumen anaerobio y, de paso, favorece aún más a los metanógenos, que detestan el oxígeno. La imagen es reveladora: estos orgánulos están perfectamente situados para suministrar hidrógeno a los metanógenos que se agolpan sobre la superficie de los ciliados, robándoles la primera porción. “Solo apuntar a los metanógenos probablemente no sea suficiente”, advierte Juan Tricarico, investigador en metano entérico de la asociación de productores lácteos estadounidense.
La idea de eliminar por completo los protozoos del rumen para reducir el metano se intentó hace décadas y resultó contraproducente: sin depredadores, las bacterias se disparaban y la producción de hidrógeno y metano aumentaba. El nuevo hallazgo afina la estrategia: no se trata de arrasar todo el ecosistema, sino de actuar sobre los ciliados más problemáticos —los isotrichs— o incluso sobre los propios hidrogenosomas. La investigación también arroja luz sobre por qué aditivos como el Bovaer (3-Nitrooxipropanol) funcionan de manera irregular: su eficacia depende de la abundancia de estos orgánulos, que varía según la dieta y la raza del animal.
La auténtica fábrica de hidrógeno no son los metanógenos, sino unos orgánulos que nadie había visto antes.
Más allá de las aplicaciones inmediatas, el estudio abre preguntas fascinantes. El investigador Rod Mackie, de la Universidad de Illinois, confiesa que ahora mira la transferencia de hidrógeno con otros ojos: “Creo que deberíamos empezar a estudiar la transferencia de hidrógeno entre reinos —bacterias, arqueas, hongos y protozoos— en lugar de solo entre especies de bacterias”. Quedan cabos sueltos: los autores no especificaron la dieta exacta de las vacas, un factor determinante. Pero la ruta está trazada: del orgánulo al clima, pasando por un ecosistema milimétrico, la ciencia tiene ahora un nuevo mapa para desarmar el eructo bovino.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Un orgánulo nuevo, el hidrogenosoma, que produce hidrógeno y oxígeno en la membrana de los ciliados del rumen bovino, facilitando la formación de metano.
- Dónde: Dentro del rumen de las vacas y otros rumiantes; el estudio se realizó en ganado lechero en China.
- Institución responsable: Academia China de Ciencias y Universidad Agrícola de Nanjing; estudio publicado en Science en julio de 2026.
- Cuándo: Secuenciación genómica completada en 2026; confirmación experimental con 100 vacas lecheras en el mismo año.
- Impacto a futuro: Abre la puerta a estrategias de mitigación del metano ganadero más precisas, como actuar sobre ciliados específicos o sobre los propios hidrogenosomas, sin desequilibrar el microbioma ruminal.




