El telescopio espacial Hubble acaba de ofrecer una radiografía inédita de nuestra galaxia vecina, Andrómeda. Tras medir con precisión casi 200 millones de estrellas individuales, un equipo de astrónomos ha confirmado que la formación estelar en esa enorme espiral se ha reducido a la mitad en los últimos 500 millones de años. El declive no es suave: en los últimos 40 millones de años la caída ha sido aún más brusca. Y la fábrica de soles que domina su disco central empieza a dar señales de agotamiento.
El estudio, recién publicado en The Astrophysical Journal, combina datos de dos ambiciosos cartografiados del Hubble: el Panchromatic Hubble Andromeda Treasury y su extensión sur. Juntos cubren dos tercios del disco galáctico con un nivel de detalle capaz de resolver estrellas individuales a 2,5 millones de años luz de distancia. Es una ventana al pasado de una galaxia que, por tamaño y estructura, es casi un espejo de la Vía Láctea.
Un declive de 500 millones de años
Para reconstruir la historia de formación estelar, los investigadores dividieron las imágenes en miles de cuadrados de 300 años luz de lado y analizaron el color de las estrellas en cada uno. Las estrellas masivas son azules y viven poco; las menos masivas son rojas y longevas. Así, las regiones con brotes recientes aparecen más azules, mientras que las apagadas se tiñen de rojo.
El diagnóstico es claro. Hace 500 millones de años, Andrómeda generaba estrellas a un ritmo equivalente a una masa solar por año. Cuarenta millones de años atrás, ese valor ya se había desplomado a la mitad. Hoy la tasa ha caído hasta aproximadamente una quinta parte de la masa del Sol por año, según los cálculos del equipo liderado por Tobin Wainer, de la Universidad de Washington. “Es como después de correr una maratón: a veces necesitas tomarte un respiro”, explica el investigador.
El trabajo muestra que el frenazo no es uniforme. Casi toda la actividad reciente se concentra en un anillo de formación estelar situado a unos 32.000 años luz del centro galáctico. Y es precisamente ese anillo el que está perdiendo fuelle. Los datos sugieren que no se trata de que falte materia prima —gas y polvo—, sino de que la galaxia está entrando en una fase de reposo natural tras un pasado mucho más vigoroso.
La huella del anillo estelar
El declive del anillo es la firma más evidente del cambio de ritmo. Los mapas de color revelan que la producción de estrellas se ha ido apagando desde las zonas exteriores hacia el interior, como si una onda de quietud recorriera la galaxia. Los investigadores midieron la fracción de estrellas azules en cada parcela y la tradujeron a una tasa de formación en función del tiempo, obteniendo así una película de la evolución reciente de Andrómeda.

El equipo también examinó si la cercana galaxia satélite M32 podría ser la responsable de este frenazo. M32 se encuentra a apenas 16.000 años luz de Andrómeda en el plano del cielo, aunque su posición tridimensional exacta sigue siendo incierta. Los nuevos datos revelan que la región del disco más próxima a M32 muestra un descenso de la formación estelar ligeramente más acusado que el resto, y que ese declive empezó hace unos 60 millones de años. “No podemos afirmar con rotundidad que el descenso se deba a M32, pero está justo ahí y es, sin duda, el sospechoso más probable”, apunta Wainer.
Andrómeda está agotando su combustible. La fábrica de estrellas que fue su anillo se apaga lentamente, y los astrónomos apenas empiezan a entender por qué.
Lo que Andrómeda enseña sobre el futuro de la Vía Láctea
Andrómeda es, en muchos sentidos, un laboratorio para comprender la evolución de las galaxias espirales como la nuestra. Su cercanía permite observarla con un nivel de detalle imposible en sistemas más lejanos, y los cartografiados del Hubble han demostrado que su archivo de datos sigue siendo una mina científica. “Andrómeda es importante porque es una vecina lo bastante cercana para verla con gran detalle y, al mismo tiempo, obtener una perspectiva global”, señala Raja GuhaThakurta, coautor del estudio y astrónomo en la Universidad de California en Santa Cruz.
El hallazgo plantea preguntas incómodas. Si una galaxia tan parecida a la Vía Láctea está entrando en una fase de declive, ¿podría estar ocurriéndonos lo mismo? Los modelos actuales indican que nuestra galaxia también experimentó un pico de formación estelar hace miles de millones de años y que, desde entonces, la tasa ha ido disminuyendo. Pero medir ese ritmo desde dentro es mucho más complicado. Andrómeda nos ofrece un espejo externo: un anticipo de lo que podría ser un futuro sin nuevas generaciones masivas de estrellas.
No obstante, el estudio deja varios cabos sueltos. La interacción con M32 sigue siendo una hipótesis atractiva pero no confirmada, y la falta de datos tridimensionales impide reconstruir con precisión el encuentro. Además, los propios autores reconocen que el declive también podría explicarse por dinámicas internas, sin necesidad de culpar a una galaxia vecina. Para resolverlo harán falta más ojos. El futuro telescopio Nancy Grace Roman, cuyo lanzamiento está previsto como pronto para el 30 de agosto de este mismo año, será capaz de cartografiar la totalidad del disco de Andrómeda y su halo en una sola observación, midiendo cientos de millones de estrellas adicionales. Esa nueva cosecha de datos podría confirmar si el declive es global o si, por el contrario, la galaxia aún guarda reservas de gas capaces de encender una nueva generación de soles.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La tasa de formación estelar en la galaxia de Andrómeda se ha reducido a la mitad en los últimos 500 millones de años, con una caída más brusca en los últimos 40 millones.
- Dónde: Galaxia de Andrómeda (M31), a 2,5 millones de años luz de la Tierra; el declive se concentra en un anillo a 32.000 años luz del centro galáctico.
- Institución responsable: Estudio liderado por la Universidad de Washington (Tobin Wainer) con datos del telescopio Hubble (NASA/ESA), publicado en The Astrophysical Journal.
- Cuándo: Publicado el 27 de julio de 2026; los datos abarcan los últimos 500 millones de años de evolución de la galaxia.
- Impacto a futuro: Ofrece un espejo de la evolución de la Vía Láctea y subraya la necesidad de nuevos telescopios como el Roman para desentrañar la historia completa de Andrómeda.





