China ha alcanzado una cuota de mercado mundial récord del 11% en exportaciones de robots industriales tras facturar 8.030 millones de dólares en 2025. La aceleración de la potencia asiática en automatización presiona directamente los salarios de la industria española y reabre el debate sobre si los operarios artificiales deberían cotizar a la Seguridad Social.
Claves de la operación
- China instaló más de 2 millones de robots al cierre de 2024. El país supera en 4,5 veces a Japón y concentra el 64% de las instalaciones mundiales de robótica en electrónica.
- Europa perdió fuelle: 85.000 unidades en 2024, un 8% menos. España ocupa el tercer puesto de la UE con 5.100 robots, pero más de la mitad van destinados a la industria del automóvil.
- Un estudio de la NBER vincula incrementos del salario mínimo con una mayor robotización. Un alza del 10% eleva la adopción de robots un 8%, lo que plantea un dilema para los responsables de política laboral.
La máquina china: del ‘factory of the world’ al ‘robot factory’
China no solo fabrica los bienes que consume el planeta; también los robots que los producen. Desde 2021, el país instala cada año más unidades que el resto del mundo junto, según la Federación Internacional de Robótica (IFR). En 2024, las plantas chinas sumaron 542.000 robots industriales, una cifra que duplica la de hace una década y que coloca a Asia como imán del 74% de las nuevas automatizaciones.
El parque robótico del gigante asiático superó los dos millones de unidades a finales de 2024, frente al millón contabilizado apenas tres años antes. La estrategia del XV Plan Quinquenal convierte la robótica en vector del sistema industrial moderno, combinándola con la inteligencia artificial aplicada al proceso productivo y a los servicios, donde cada vez más humanoides atienden en restaurantes, hoteles y comercios.
En abril de 2026, la producción china de robots alcanzó un máximo histórico de 93.000 unidades, un 30% más que el año anterior, según MIR Databank. La electrónica acaparó 70.400 robots vendidos en 2025, seguida de componentes de automoción, productos metálicos y baterías. Y Pekín no se limita al mercado doméstico: exporta cada vez más a India, Corea del Sur, Rusia y al sudeste asiático, donde posee muchas de las fábricas.
Europa, y España, en el furgón de cola de la automatización
Mientras China acelera, Europa frena. Las instalaciones de robots en la UE cayeron un 8% en 2024 hasta las 67.800 unidades, una cifra que, sin ser baja, palidece frente a la embestida asiática. España, con 5.100 robots nuevos ese año, se sitúa en tercer lugar comunitario, pero su dependencia de la automoción —más del 50% de los despliegues— la hace vulnerable ante cualquier reconfiguración del sector.
Un reciente informe del Parlamento Europeo sobre el exceso de capacidad china cita precisamente la robótica como uno de los cuatro sectores que pueden amenazar la manufactura futura en la UE. La combinación de menores costes laborales internos, declive demográfico y subsidios públicos permite a Pekín inundar el mercado con robots cada vez más baratos, erosionando la competitividad de empresas españolas que compiten con márgenes estrechos.
La diferencia de costes salariales y la robotización acelerada convierten a la automatización en un factor de precarización, no solo de productividad.

La encrucijada española: productividad o empleo
La relación entre salarios y robots es más directa de lo que aparenta. Un estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos (NBER) concluye que un incremento del 10% en el salario mínimo eleva en un 8% la probabilidad de adoptar robots entre las empresas manufactureras. Aunque el informe no cuantifica el desplazamiento neto de empleo, la evidencia sugiere que la política salarial puede acelerar la sustitución de mano de obra, sobre todo en sectores de baja cualificación.
En España, donde el debate sobre las cotizaciones de los robots aflora de forma intermitente, el temor es que las empresas trasladen la presión salarial a la inversión en automatización foránea. La adquisición de Kuka Robotics, la joya alemana, por el grupo chino Midea en 2016 transfirió tecnología estratégica a Pekín, y hoy ese conocimiento se exporta a mercados competidores. Mientras, el Senado estadounidense ya ha prohibido al Gobierno federal operar robots terrestres procedentes de países incluidos en su lista de amenazas, entre ellos China.
España necesita decidir si quiere competir con robots o con personas. La automatización puede elevar la productividad, pero la concentración en automoción y la escasa presencia en robótica propia dejan a la industria nacional en una posición de riesgo. Reforzar la recapacitación de trabajadores y fomentar la fabricación local de robots, quizá mediante incentivos fiscales, marcaría la diferencia antes de que los costes sociales se vuelvan insostenibles.





