El Pentágono eleva a crítico el espionaje de Israel: la alianza se tambalea en plena guerra con Irán

La DIA señala un aumento de tácticas agresivas de vigilancia por parte de Israel, en un momento en que Trump y Netanyahu discrepan sobre el fin de la guerra. La tensión aflora mientras las conversaciones de alto el fuego siguen estancadas.

He revisado los informes filtrados esta mañana sobre el Departamento de Defensa estadounidense y la conclusión es incómoda: el Pentágono ha elevado en las últimas semanas el nivel de amenaza por espionaje de Israel de ‘alto’ a ‘crítico’, en un movimiento que tensa aún más la alianza estratégica entre Washington y Tel Aviv en plena guerra con Irán. La Defense Intelligence Agency (DIA) —la inteligencia militar estadounidense— habría tomado esta decisión según fuentes anónimas citadas por NBC News y The New York Times, en un contexto de crecientes discrepancias entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu sobre cómo y cuándo poner fin al conflicto que ambos países iniciaron el 28 de febrero.

El cambio en la clasificación no es menor. La DIA maneja un código de colores y niveles para evaluar las amenazas de espionaje por parte de países aliados, y situar a Israel en el escalón ‘crítico’ implica que la agencia considera que las tácticas israelíes de vigilancia sobre altos funcionarios estadounidenses se han vuelto más agresivas e intrusivas. Las filtraciones apuntan a que el objetivo de esas operaciones sería acceder a los debates internos de la Casa Blanca sobre la estrategia de salida de la guerra con Irán.

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El Pentágono lo niega, pero los precedentes pesan

Un portavoz del Departamento de Defensa, que no ha querido identificarse, ha calificado los informes de ‘falsos’. Sin embargo, la contundencia de las revelaciones de NBC y del Times —ambos con fuentes distintas— obliga a tomarlas en serio. La cadena y el diario neoyorquino no suelen publicar este tipo de historias sin un respaldo sólido.

De hecho, la DIA no habría actuado sin motivos. Los informes mencionan una intensificación de las actividades de espionaje israelí que se remonta a finales de 2024, durante la administración Biden, y que continuó en 2025, ya con Trump en el poder. En ese periodo, Israel habría intentado vigilar al enviado especial Steve Witkoff —entonces negociador principal en las conversaciones nucleares que precedieron al ataque inicial— y a altos cargos del Pentágono como Elbridge Colby y su adjunto, Michael DiMino IV. Además, se recuerdan incidentes previos: en 2021 la inteligencia militar israelí intentó colocar dispositivos de escucha en la sede de la DIA, y en 2025 se detectó a la agencia de seguridad interior Shin Bet tratando de instalar un equipo similar en un vehículo del Servicio Secreto.

“Los informes son falsos.” — Portavoz del Departamento de Defensa de EE.UU., en declaraciones a NBC News y The New York Times, 6 de junio de 2026

Análisis: una brecha que va más allá de la inteligencia

A mi juicio, la elevación de la alerta por espionaje es la manifestación tangible de una fractura política que se ha ido agravando desde que el alto el fuego temporal del 8 de abril se estancó. Donald Trump quiere cerrar el conflicto cuanto antes acuciado por el desgaste interno y el coste político de una guerra que no tiene un apoyo mayoritario en la opinión pública estadounidense. Netanyahu, en cambio, insiste en reanudar las operaciones y ve cualquier propuesta de paz duradera como una rendición estratégica. Los canales diplomáticos están atascados y la confianza entre los dos líderes se ha deteriorado hasta un punto en que la inteligencia de un socio militar es considerada una amenaza en lugar de un activo.

Para los mercados, esta situación añade una capa de incertidumbre geopolítica que ya se refleja en la volatilidad del petróleo. El Brent ronda los 95 dólares por barril y cada señal de descoordinación entre los aliados puede disparar las primas de riesgo. Pero, más allá del crudo, lo que está en juego es la propia arquitectura de cooperación militar y de inteligencia que ha sostenido la presencia estadounidense en Oriente Medio. Si la DIA ha llegado a marcar a Israel en rojo, es porque la desconfianza es ya un dato operativo.

🌍 El impacto en España y Europa

La inestabilidad en la alianza EE.UU.-Israel tiene consecuencias directas para Europa y, en particular, para España. Cualquier recrudecimiento de la guerra con Irán —o una simple falta de consenso entre Washington y Tel Aviv— mantiene el precio del barril de petróleo elevado, lo que presiona al alza los costes energéticos para hogares y empresas. El Euríbor, que sigue siendo sensible a los shocks geopolíticos porque estos retrasan los recortes del BCE mientras la inflación no ceda, podría seguir cotizando en el entorno del 3,5% o más si la prima de riesgo global se enquista. Para España, un país que importa prácticamente todo su petróleo y gas, el encarecimiento prolongado reduce la capacidad adquisitiva de las familias con hipoteca variable y encarece la financiación de un tejido empresarial que ya lidia con tipos altos. No es una crisis en sí misma, pero añade viento de cara a la economía europea.

  • El barril de Brent podría subir por encima de los 100 dólares si las conversaciones de alto el fuego fracasan definitivamente, arrastrando los costes de la gasolina y el transporte en toda la eurozona.
  • La incertidumbre geopolítica frena la inversión extranjera en sectores estratégicos españoles expuestos al comercio con Oriente Medio.
  • Si la descoordinación entre Israel y EE.UU. se traduce en una prolongación del conflicto, el BCE podría verse forzado a mantener los tipos altos durante más tiempo, dilatando el alivio hipotecario que esperan millones de españoles.

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