Naturgy ha elevado su previsión de beneficio para el conjunto de 2026 hasta superar los 2.100 millones de euros, una cifra que marca un nuevo máximo para la compañía y que supera en un 10% la anterior estimación. El grupo energético ha publicado esta mañana los resultados del primer semestre, que han barrido todas las expectativas del mercado: el beneficio neto alcanzó los 1.215 millones, un 6% más que en el mismo periodo de 2025, mientras que el ebitda escaló hasta los 2.975 millones, un 5% más.
Resultados del primer semestre: beneficio neto y ebitda pulverizan expectativas
La gasista ha logrado un ebitda de 2.975 millones de euros en los seis primeros meses del año, apuntalado por la disciplina operativa y la favorable evolución de los negocios regulados y liberalizados. El flujo de caja creció de forma notable, permitiendo que la deuda neta se reduzca hasta los los 11.745 millones al cierre de junio, frente a los 12.317 millones con los que terminó 2025.
Con estos números, el consejo de administración no ha dudado en revisar al alza las proyecciones para el conjunto del ejercicio. El ebitda previsto superará los 5.500 millones de euros, un 4% más que en el anterior guidance, y el beneficio neto se situará por encima de los 2.100 millones. Ambas magnitudes quedan por encima del consenso de analistas, que ya habían mejorado sus estimaciones tras las informaciones adelantadas por este diario.
Los inversores han respondido con entusiasmo. Las acciones de Naturgy subieron más de un 4% en la sesión del 22 de julio, uno de los mejores comportamientos del Ibex 35, en un contexto de renovada atención a los valores energéticos.
En el capítulo retributivo, la compañía ha comunicado el pago de un primer dividendo a cuenta del ejercicio 2026 de 0,60 euros por acción, que se abonará el próximo 29 de julio. Este pago se enmarca en la política de remuneración comprometida en el plan estratégico 2025-2027, y se mantiene condicionado a la conservación del rating BBB de la deuda, algo que, según los analistas, no corre peligro.
‘Naturgy vuelve a demostrar la solidez de su modelo de negocio y su capacidad para cumplir sus compromisos incluso en un entorno muy exigente’, ha subrayado Francisco Reynés, presidente de la compañía. Reynés también ha anticipado un invierno complejo por la evolución de los precios internacionales del gas, que exigirá gestionar con cuidado los aprovisionamientos para garantizar la seguridad de suministro.
El incremento de la guía anual y el sólido flujo de caja dotan a Naturgy de una capacidad de inversión sin precedentes, justo en el momento en que sus principales competidores europeos pisaban el freno.
El anuncio más relevante para el futuro inmediato de la compañía no está en los resultados del semestre, sino en la confirmación de su nueva ambición corporativa. Naturgy 2.0, como se conoce internamente a la revisión estratégica impulsada por Reynés, se traduce en una «potencia de fuego» para compras de entre 10.000 y 12.000 millones de euros, una horquilla superior a los 10.000 millones que se habían filtrado previamente.
Esa capacidad financiera se destinará prioritariamente a adquirir activos regulados en Europa y Estados Unidos, alejándose de los negocios de generación liberalizada con mayor exposición a la volatilidad del precio de la electricidad. En paralelo, la compañía ha reforzado su presencia en Australia con una inversión de 300 millones de euros, consolidando su apuesta por mercados con marcos regulatorios estables.
La evolución de la deuda ha sido clave para alcanzar este margen de maniobra. La ratio de endeudamiento se mantiene en niveles holgados, y la agencia de calificación ha reiterado su rating BBB con perspectiva estable. Esta solvencia permite a Naturgy acceder a financiación en condiciones ventajosas y sostener una dividendo atractivo mientras busca crecer inorgánicamente.
Naturgy 2.0 y la ‘potencia de fuego’ de hasta 12.000 millones para compras

La estrategia de Reynés va más allá de una mera expansión: busca reposicionar la cartera de negocios para dar mayor peso a las infraestructuras reguladas, que ofrecen retornos predecibles y menor riesgo político. Según fuentes del mercado, Naturgy analiza varios procesos de venta de redes de gas y electricidad en Europa central y en la costa este de Estados Unidos, aunque la compañía no ha concretado plazos.
La cifra de 12.000 millones representa aproximadamente el 40% de su actual capitalización bursátil, lo que podría dar pie a operaciones de gran calado. Reynés ha insistido en que se mantendrá la disciplina financiera y que las adquisiciones no comprometerán el rating ni la política de dividendos.
Análisis: la disciplina financiera que sostiene un nuevo ciclo inversor
La presentación de resultados de Naturgy se produce en un momento de claro contraste con otras utilities europeas, que han reajustado sus expectativas ante la moderación de los precios de la energía. La compañía ha sabido aprovechar la relativa estabilidad de los negocios regulados para generar una caja que ahora le permite dar un salto cualitativo. Sin embargo, la ejecución de este plan no está exenta de riesgos.
El primero de ellos es la volatilidad del gas, una materia prima cuyo consumo se concentra en invierno. Reynés ya ha advertido que la próxima temporada de frío puede ser complicada, y un repunte de precios podría erosionar los márgenes de la cartera liberalizada, aunque también beneficiaría las actividades de comercialización si se gestiona con cobertura adecuada.
En segundo lugar, la competencia por activos regulados es feroz. Fondos de infraestructuras y grandes utilities globales están dispuestos a pagar primas elevadas, lo que puede tensionar las rentabilidades esperadas. La ventaja de Naturgy reside en su conocimiento del negocio gasista y en su ya probada capacidad para integrar activos, pero la presión sobre el precio de compra no será menor.
El verdadero desafío para Naturgy no es encontrar objetivos, sino cerrar operaciones que generen valor sin diluir la rentabilidad por dividendo que ha sido clave para sus accionistas.
Con todo, la hoja de ruta está clara. La compañía buscará crecer allí donde el marco retributivo le dé visibilidad de ingresos a largo plazo, una estrategia que encaja con los planes de transición energética de la Unión Europea, pero que también exige inversiones cuantiosas en redes. El próximo hito será la concreción de alguna operación antes de final de año, lo que despejaría las dudas sobre la capacidad de ejecución del equipo de Reynés.
De mientras, el dividendo del 29 de julio servirá como primer recordatorio de que la generosidad con el accionista no está reñida con la ambición corporativa, siempre que el balance lo permita. Y, por ahora, las cuentas lo permiten.




