Airbus estrena el A350-1000ULR, el avión comercial de mayor alcance, y Qantas lo encarga para unir Sídney y Londres sin escalas.
Claves de la operación
- La aeronave añade un depósito extra para ganar 1.850 kilómetros de autonomía. Esto le permite superar al A350-900ULR y afrontar trayectos de hasta 22 horas ininterrumpidas.
- Qantas ha formalizado un pedido de 12 unidades, parte del ambicioso Project Sunrise. La aerolínea australiana busca conectar directamente Sídney con Londres y Nueva York, rutas que antes exigían escalas obligatorias.
- La certificación arranca con dos meses de ensayos, y el primer avión comercial llegará en abril de 2027. El aparato de pruebas que acaba de volar será reacondicionado para la configuración de cabina de cuatro clases de Qantas.
La batalla por el dominio de los ultra larga distancia
El A350-1000ULR llega en un momento en que las aerolíneas buscan abrir rutas intercontinentales directas sin el coste de las paradas técnicas. El avión agrega un depósito trasero que le proporciona 1.000 millas náuticas adicionales de autonomía (unos 1.850 kilómetros), elevando el rango hasta conectar puntos separados por más de 18.000 kilómetros. Ese margen extra convierte en factible el puente Sidney-Londres, un sueño que Qantas lleva años persiguiendo con su Project Sunrise.
El rival directo en el segmento de ultra largo alcance sigue siendo el A350-900ULR, ya operado por Singapore Airlines en la ruta a Nueva York. Pero el nuevo modelo amplía aún más la brecha. Boeing, con su 777-8 en desarrollo, aspira a plantar cara, aunque los retrasos en la certificación le restan horas. La ventaja temporal de Airbus puede traducirse en una cartera de pedidos que refuerce su liderazgo en el mercado de los aviones de fuselaje ancho.
El reto de la certificación y la experiencia de 22 horas en el aire
El vuelo inaugural desde Toulouse, que duró 3 horas y 43 minutos y alcanzó 41.000 pies (12.500 metros), marca el inicio de una campaña de dos meses de ensayos. El objetivo es validar todos los sistemas modificados: desde el depósito extra hasta la ventilación, y el nuevo sistema de refrigeración de las cocinas, más ligero y eficiente. En un avión que necesitará quemar menos combustible por cada kilo transportado, cada detalle cuenta.
La cabina, diseñada para trayectos de un día entero, incluirá zonas donde los pasajeros podrán estirar las piernas. Qantas instalará una configuración de cuatro clases en el segundo aparato, que saldrá de la factoría en abril de 2027. Curiosamente, ese avión será el primero en entrar en servicio comercial, adelantándose al prototipo de pruebas que ahora vuela.
Aeronaves como esta redefinen la experiencia del viajero de negocios: ya no habrá excusa para perder un día en una escala. Pero también plantean desafíos de regulación, fatiga de la tripulación y gestión del confort. La autoridad aeronáutica europea y la australiana tendrán que aprobar procedimientos específicos para vuelos tan prolongados.
La capacidad de volar 22 horas sin escalas abre una brecha competitiva difícil de remontar para quien llegue tarde al mercado.
La industria aeronáutica española, en el corazón del proyecto
Más allá de la proeza técnica, el A350-1000ULR supone un balón de oxígeno para el tejido industrial aeronáutico español. España no es un mero espectador: en Getafe (Madrid) se montan los estabilizadores horizontales de toda la familia A350, y la vasca ITP Aero suministra componentes clave para los motores Rolls-Royce Trent XWB que propulsan la aeronave. La carga de trabajo asociada a los 12 pedidos de Qantas y los previsibles contratos adicionales se traducirá en actividad estable para las plantas españolas durante la próxima década.
El sector aeroespacial español facturó más de 12.000 millones de euros en 2025, con un 70% de su producción destinada a la exportación. Programas como este refuerzan la posición del país como uno de los grandes suministradores de Airbus y ayudan a mantener los 50.000 empleos directos que genera la industria. Para las pymes de la cadena de valor, la continuidad de los pedidos de fuselaje ancho es crucial: los contratos de ciclo largo amortiguan las oscilaciones del mercado.
Sin embargo, el riesgo no desaparece. Boeing confía en que el 777X conquiste este segmento cuando por fin reciba sus certificados, y la demanda de viajes de ultra largo alcance podría enfriarse si los precios del combustible se disparan. La apuesta de Qantas, con un avión que aún no ha transportado un solo pasajero comercial, es a largo plazo. Airbus, por su parte, juega la baza de la prontitud: mientras su competidor estadounidense navega en aguas regulatorias, el A350-1000ULR ya está en el aire.





