La inteligencia artificial está llevando al límite las redes eléctricas mundiales. Las turbinas de gas, la tecnología más convencional para generar electricidad de respaldo, acumulan listas de espera que se prolongan hasta principios de la próxima década. En medio de ese cuello de botella energético, el exdirector de tecnología de Meta, Mike Schroepfer, acaba de cerrar un fondo de 250 millones de dólares para financiar soluciones de energía limpia que alimenten los centros de datos del futuro.
Claves de la operación
- Gigascale Capital cierra su primer vehículo con 250 millones. El fondo ha sido suscrito por inversores institucionales y respaldará a empresas que “reconstruyen la economía física”, según su fundador.
- La cartera suma más de 25 empresas centradas en fusión, microreactores y chips eficientes. Destacan nombres como Commonwealth Fusion Systems, Radiant y Fractile, que ya trabajan en redes de energía para centros de datos.
- El modelo “bring-your-own-power” se perfila como ventaja competitiva. Ante la saturación de la red, los grandes consumidores industriales se verán obligados a generar su propia electricidad, según Schroepfer.
El fondo que apuesta por la energía que nadie más financia
Mike Schroepfer, conocido en el sector simplemente como Schrep, construyó su trayectoria en el corazón de Silicon Valley. Fue el director de tecnología de Meta durante la explosión de la inteligencia artificial y, antes, uno de los ingenieros clave en Mozilla. Su nuevo fondo, Gigascale Capital, emerge de un estudio sistemático del sector climático que inició durante la pandemia. Junto a Victoria Beasley y Evaline Tsai, ha levantado 250 millones de dólares en una primera ronda que desafía la huida generalizada de los inversores del Climate Tech.
“La sabiduría convencional se ha agriado con la etiqueta de tecnología climática”, recoge el propio sector. Sin embargo, Schroepfer no invierte por razones medioambientales, sino por competitividad. “Las empresas que respaldamos ganan porque son más baratas, más rápidas y más fiables”, declaró. Su tesis se apoya en un dato: la energía solar pasó de producir 40 gigavatios al año a 600 en una década simplemente porque se abarató.
El atasco de la red: turbinas de gas con cita hasta 2030
La electrificación acelerada, la relocalización industrial y el despliegue masivo de la IA están presionando sobre infraestructuras que llevan décadas envejeciendo. Las turbinas de gas, el sistema de generación más común, tienen listas de espera que alcanzan principios de los años 2030. Hasta las soluciones más tradicionales se han convertido en un recurso escaso.
En ese contexto, los centros de datos de inteligencia artificial consumen cantidades ingentes de electricidad y las redes no dan abasto. Muchas empresas ya intentan generar su propia energía, pero se topan con el mismo cuello de botella. El modelo “bring-your-own-power” dejará de ser una opción para convertirse en una necesidad competitiva, según anticipa el exdirectivo.
La paradoja es evidente: la carrera por consumir más energía obliga a reinventar cómo se genera.
La cartera de Gigascale Capital ya cuenta con nombres concretos que ilustran esta filosofía. Commonwealth Fusion Systems y Xcimer Energy trabajan en fusión nuclear comercial, mientras Radiant avanza hacia el primer despliegue de microreactores nucleares en Estados Unidos. Arbor Energy ha firmado un acuerdo para suministrar hasta 5 gigavatios de energía limpia a centros de datos. Por su parte, Fractile anunció una ampliación de 136 millones de dólares para fabricar procesadores de IA diseñados específicamente para reducir el consumo eléctrico.
Iberdrola, Naturgy y la oportunidad que no pueden ignorar
En Merca2.es analizamos este movimiento con una lectura que va más allá de la anécdota de Silicon Valley. La saturación de las redes eléctricas por la demanda de la IA no es un problema lejano: afecta directamente a las utilities españolas que cotizan en el IBEX 35. Iberdrola y Naturgy llevan años invirtiendo en transición energética, pero sus planes de generación no contemplaban un repunte de consumo tan intensivo y concentrado en pocos puntos geográficos.
El enfoque de Schroepfer descansa sobre una premisa dura: la energía más barata gana. Eso choca con el modelo tradicional de las eléctricas europeas, basado en grandes plantas y contratos a largo plazo. La apuesta por microreactores, fusión y chips de bajo consumo podría fragmentar el mercado y dar entrada a competidores que hoy ni aparecen en el radar de los reguladores.
Observamos un riesgo evidente: el fondo maneja tecnologías aún en fase de demostración, y el plazo para que alcancen escala comercial es incierto. Sin embargo, la propia existencia de una cola de varios años para instalar una turbina de gas revela que el status quo ya no funciona. El ex-CTO de Meta, que conoce mejor que nadie las tripas energéticas de los centros de datos, está apostando a que el sistema actual no aguantará la demanda. Y, visto cómo están las listas de espera, puede que tenga razón.
El catalizador que está haciendo urgente la transformación del sistema energético no es ninguna cumbre climática: es la inteligencia artificial. Mientras los inversores huyen de la etiqueta Climate Tech por considerarla demasiado ideológica, la demanda de energía es tan brutal que ni siquiera las turbinas de gas más convencionales dan abasto. La oportunidad existe precisamente porque el problema es real.




