Un nuevo adyuvante desarrollado por el MIT podría cambiar el rumbo de la lucha contra la polio. La formulación, basada en nanopartículas lipídicas que liberan un derivado de la vitamina A, convierte la vieja vacuna inyectable en un escudo también para las mucosas. El hallazgo, publicado en Science Advances, desbloquea la posibilidad de cortar la transmisión del virus sin asumir los riesgos de la vacuna oral.
Lo que la vacuna inyectable no conseguía
La polio es hoy una rareza en la mayor parte del mundo gracias a campañas masivas de inmunización. Sin embargo, el virus sigue circulando en las aguas residuales incluso en países con altas coberturas. El motivo: la vacuna inyectable (IPV) protege contra la enfermedad pero no frena la replicación silenciosa en el intestino. Quien la recibe puede excretar partículas víricas durante días, alimentando cadenas de contagio imperceptibles.
Ana Jaklenec, investigadora principal del Instituto Koch del MIT, resume el dilema: «Las personas vacunadas con la inyectable no enferman, pero pueden estar contribuyendo a la circulación del virus». La alternativa oral (OPV), que sí genera inmunidad mucosa, carga con un talón de aquiles: al contener virus vivos atenuados, en raras ocasiones muta y recupera virulencia. Y en Pakistán y Afganistán, los dos últimos reductos endémicos, ese riesgo añade leña al fuego.
El escenario ha empujado a los equipos de vacunología a buscar una tercera vía. El objetivo era claro: una vacuna que atesorase la seguridad de la IPV y la respuesta de mucosas de la OPV. «La inmunidad de las mucosas podría ayudar a reducir la diseminación del virus e idealmente eliminarlo», insiste Jaklenec.
Nanopartículas que educan al sistema inmune
El truco bioquímico se llama Am80, un derivado de la vitamina A que ya había demostrado, en manos de colaboradores de la Facultad de Medicina de Harvard, su capacidad para reclutar células inmunitarias hacia el tracto gastrointestinal. El problema era su administración: para generar una respuesta potente hacían falta inyecciones repetidas durante varios días seguidos, algo inviable en campañas de vacunación puerta a puerta.
Los investigadores del MIT encapsularon el adyuvante en nanopartículas lipídicas (LNP). Estas diminutas esferas, similares a las empleadas en las vacunas de ARN mensajero, actúan como un depósito de liberación sostenida. Bastó una sola inyección para que el organismo recibiera Am80 de forma gradual a lo largo de cuatro o cinco días. «El objetivo de la nanopartícula es asegurar que podamos diseñar una plataforma que permita la liberación sostenida de la sustancia durante varios días», explican los autores. Así se elimina la barrera logística que descartaba el uso masivo del adyuvante.
Tras la inyección, las LNP migran a los ganglios linfáticos y dialogan con con las células B y T que han sido expuestas al antígeno de la polio. Ese diálogo activa dos señales de localización que las marcan con destino intestinal. El resultado es doble: las células B empiezan a fabricar anticuerpos IgA, que recubren las mucosas, mientras que la sangre se carga con los tradicionales anticuerpos IgG. La vacuna inyectable de toda la vida, potenciada, empieza a comportarse como la oral, pero sin virus vivos.
Combinar la seguridad de la IPV con la inmunidad de mucosas de la OPV podría cerrar el último resquicio del virus.

El camino hacia la erradicación total
Ensayar la fórmula en ratas arrojó una cifra rotunda: los niveles de IgA específicos se multiplicaron por veinte respecto a la IPV sola. Las dosis de recuerdo, administradas a las cuatro y ocho semanas, mantuvieron la respuesta sin decaer. Los investigadores planean ahora probar la estrategia en modelos animales de mayor tamaño, donde inyectarán la vacuna y el adyuvante ya mezclados en una única formulación, acercándola al formato final que recibiría un niño.
El estudio, revisado por pares y publicado en Science Advances, aterriza en un momento en el que la Organización Mundial de la Salud ha redoblado su presión sobre los países que aún registran casos. La nueva herramienta no solo acelera la hoja de ruta hacia la certificación de erradicación; ofrece una solución para los brotes que, de tanto en tanto, salpican a naciones con altas coberturas de IPV pero con bolsas de población no vacunada.
Ahora bien, el salto de las ratas a los humanos es largo. Queda por demostrar que la respuesta IgA observada en el laboratorio se traduce en un bloqueo efectivo de la excreción del virus en heces, el parámetro que realmente corta las cadenas de transmisión. Además, habrá que vigilar la estabilidad del adyuvante encapsulado en condiciones de calor extremo, habituales en las regiones donde la polio se resiste a desaparecer.
Lo que ya es innegable es que la nanotecnología está afinando las vacunas clásicas con una precisión que apenas imaginábamos hace una década. Si los ensayos en primates confirman la promesa, la historia de la polio podría escribirse con un epílogo que, por fin, hable de eliminación completa, y no solo de control.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Un adyuvante de nanopartículas lipídicas que, combinado con la vacuna inyectable de la polio, genera inmunidad de mucosas y multiplica por veinte los anticuerpos IgA en ratas.
- Dónde: Instituto Koch de Investigación Integrativa del Cáncer (MIT) y Facultad de Medicina de Harvard, EE.UU.
- Institución responsable: MIT, con colaboración de Harvard. Estudio publicado en Science Advances.
- Cuándo: Junio de 2026 (fecha de publicación). Ensayos previos en 2025.
- Impacto a futuro: Podría cerrar el círculo de la erradicación al bloquear la transmisión silenciosa sin riesgo de revertientes, acercando a la humanidad al fin de la poliomielitis.




