El progreso de cuatro años contra el ozono superficial ha desaparecido, borrado por el humo de los incendios forestales. Un estudio financiado por la NASA y publicado este jueves en la revista Science revela que, desde 2015, las llamas han revertido décadas de mejoras en la calidad del aire en Estados Unidos, exponiendo a 43 millones de personas a niveles insalubres de ozono.
El precio invisible del humo: cómo los incendios generan ozono a miles de kilómetros
A diferencia del ozono estratosférico que nos protege de la radiación ultravioleta, el ozono troposférico es un contaminante agresivo. Irrita los pulmones, agrava el asma y aumenta el riesgo para los niños los ancianos y las personas con enfermedades respiratorias. Las normativas habían logrado reducirlo durante años, pero el nuevo estudio demuestra que el humo de los incendios está invirtiendo esa tendencia.
El mecanismo químico es sutil. Los incendios no solo emiten hollín y cenizas; también liberan monóxido de carbono y otros compuestos que, al reaccionar con la luz solar y otros contaminantes ya presentes en la atmósfera, forman ozono. Lo inquietante es que esas reacciones pueden ocurrir a cientos de kilómetros de las llamas activas, arrastradas por las plumas de humo que viajan durante días.
Para cartografiar esa amenaza movediza, los investigadores recurrieron al aprendizaje profundo, una modalidad de inteligencia artificial que encuentra patrones en conjuntos de datos masivos. Combinaron mediciones de casi mil estaciones terrestres, modelos atmosféricos, datos meteorológicos e información satelital de los instrumentos VIIRS y MODIS. Así construyeron el primer mapa de ozono superficial diario con una resolución de un kilómetro cuadrado para todo EE. UU. desde 2003 hasta 2024.
Los incendios borraron en apenas cuatro años lo que décadas de regulación y tecnología habían conseguido.
Cuatro años de retroceso: cuando el aire limpio choca con las llamas

El análisis distingue dos épocas nítidas. Entre 2003 y 2015 el ozono superficial descendió de forma sostenida gracias a la reducción de las emisiones contaminantes. A partir de 2015, sin embargo, esa mejora se frenó o incluso se revirtió en muchas regiones del país. Al comparar los niveles reales con un escenario sin incendios, el equipo descubrió que el humo explicaba la mayor parte del cambio.
En el Medio Oeste, donde los habitantes podían pensar que las llamas lejanas no les afectaban, el golpe ha sido especialmente duro. Sin la influencia de los fuegos, el ozono habría seguido bajando; en cambio, los incendios se tragaron 5,3 años de progreso acumulado desde 2015. “La contaminación de un lugar puede alterar la calidad del aire en otro”, resume Jun Wang, autor principal del estudio y científico atmosférico de la Universidad de Iowa.
Los incendios canadienses de 2023 ilustran la escala del problema. Aquellas columnas de humo, cargadas de monóxido de carbono, elevaron los niveles de ozono a lo largo y ancho del Medio Oeste, el Noreste y el Sur del país. El ozono no respeta fronteras políticas ni geográficas.
La salud en juego: muertes prematuras y una nueva geografía del riesgo
El coste humano asoma en las cifras de mortalidad. Según el estudio, las muertes prematuras vinculadas a la exposición crónica al ozono generado por incendios aumentaron en unas 318 al año a partir de 2013. El promedio pos-2013 es un 46 % más alto que el de la década anterior. Los investigadores calcularon ese impacto combinando estimaciones de exposición, esperanza de vida y densidad de población.
Los 43 millones de personas que, entre 2022 y 2024, respiraron ozono por encima de los estándares federales de calidad del aire son la cara visible de un retroceso que hasta ahora permanecía oculto entre los datos. Muchas de ellas viven en comunidades rurales o remotas donde apenas hay monitores de suelo. Aquí es donde la constelación de satélites de la NASA —incluida la misión TEMPO, lanzada en 2023— empieza a llenar los vacíos, ofreciendo mediciones horarias y una nitidez capaz de distinguir patrones de contaminación en áreas de apenas unos kilómetros cuadrados.
El equipo de Wang no se ha quedado en la publicación científica. Con apoyo de la NASA han creado FireAQ, una plataforma de decisión que lleva las observaciones satelitales, los modelos de previsión y los productos de aerosoles a reuniones semanales con los responsables estatales y locales de calidad del aire. El objetivo es adelantarse: ver hacia dónde viajará la contaminación generada por el humo y dar a las comunidades información útil antes de que el aire se vuelva irrespirable.
La paradoja del ozono es antigua: arriba nos salva, abajo nos enferma. Pero el nuevo trabajo demuestra que el cambio climático, al avivar incendios más intensos y frecuentes, está inclinando peligrosamente esa balanza. La lucha por un aire limpio ya no puede librarse sin contar con lo que arde a miles de kilómetros de distancia.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El humo de los incendios forestales ha revertido cuatro años de progreso en la reducción del ozono superficial en EE. UU., exponiendo a 43 millones de personas a niveles insalubres desde 2022.
- Dónde: Estados Unidos continentales, especialmente el Medio Oeste, y zonas afectadas por el humo transfronterizo de incendios canadienses.
- Institución responsable: Investigación liderada por la Universidad de Iowa con financiación del programa de Salud y Calidad del Aire de la NASA, publicada en Science.
- Cuándo: Estudio publicado el 4 de junio de 2026, basado en datos de 2003 a 2024.
- Impacto a futuro: Revela que cualquier estrategia de calidad del aire deberá integrar el efecto de los incendios forestales; el sistema FireAQ ya traduce la ciencia en alertas tempranas para las comunidades.




