Repsol ya ha empezado a moverse en las aguas del Caribe, iniciando un desbloqueo clave: los 4.500 millones de dólares que tiene en cuentas pendientes de cobro en Venezuela, a los que se le suman otro 800-900 millones en intereses, que la empresa realizará a través de cinco cargamentos de petróleo que llegarán durante este año, según ha dado a conocer la firma de inversión RBC. Todo un movimiento que a los ojos de los canadienses supone un paso clave en convertir al país caribeño en toda una oportunidad de crecimiento para la petrolera.
Venezuela significa para Repsol hasta un 12% de su valor como compañía, y podría ser mayor en un futuro
La entidad petrolera espera reducir parte de este saldo pendiente, aunque hay más, ya que según ha confirmado la compañía a RBC al menos uno de los cargamentos previstos estaría destinada para aumentar sus inversiones en un 10% en la producción de gas del país en el Cardón IV. Una empresa, que recordemos, Repsol comparte al 50% con ENI y que constituye uno de los principales activos gasistas del país caribeño. Es decir, supondría aumentar el valor de los activos venezolanos, que ya representan entre el 11-12% de Repsol.
La trampa del crudo: ¿por qué Repsol sigue atrapada operativamente en Venezuela?
Por lo que la empresa espera no solo recuperar sus deudas, sino que además aumentar la exposición a estos activos claves, algo que a ojos del banco es clave para justificar incluso una recomendación de Sobre ponderar con un precio objetivo de 32 euros la acción. La firma de inversión se justifica en que Repsol produjo en el año pasado hasta 72.000 barriles equivalentes de petróleo al día en el país, una cifra que -creen que- existe margen para elevarla en los años venideros.

De hecho, desde la dirección de Repsol, han trasladado a los inversores que la producción petrolera podría aumentar hasta un 50% en apenas un año y llegar a duplicarse en un horizonte de tres años, si se mantienen las condiciones adecuadas de inversión o los acuerdos de compensación mediante cargamentos de crudo. No obstante, según sostiene la firma canadiense, el potencial es aún mayor ya que la petrolera considera factible duplicar la producción a largo plazo, aunque con los retos de desarrollar nuevas infraestructuras y ampliar las posibilidades de exportación, debido a los problemas propios que tiene el panorama venezolano.
El panorama venezolano continúa siendo un desafío
No obstante, pese al optimismo del informe, la realidad es que las infraestructuras de crudo y gas venezolanas están completamente rotas, a pesar de que la flexibilización parcial de sanciones y la reapertura limitada del sector venezolano hayan permitido a compañías occidentales recuperar cierta actividad (alcanzando unas exportaciones de crudo de hasta 1,23 millones de barriles por día en abril de este año), la realidad industrial del país continúa profundamente deteriorada. Es decir, el problema de Repsol, ya no está en situación política venezolana, sino en la misma estructura que rige el crudo venezolano.

Un informe estratégico elaborado para el Departamento de Energía de Estados Unidos describe precisamente ese fenómeno: Venezuela no enfrenta una escasez geológica de recursos, sino un colapso progresivo de la infraestructura necesaria para transformar reservas en exportaciones rentables con varios cuellos de botella. Uno de los más destacados son los problemas eléctricos del país caribeño, no por nada, en mayo de 2026 la demanda eléctrica del país supero los 15.500 MW, provocando por consiguiente, apagones y fluctuaciones severas en regiones petroleras clave como Zulia, Monagas y Anzoátegui.
A esto se le suma, la dependencia estructural que tiene el crudo venezolano de otros insumos como la nafta para poder diluirlo y transportarlo debido a su altísima viscosidad. De hecho, el informe dirigido al Departamento de Energía de Estados Unidos, apunta a que para procesar esta clase de crudo proveniente de la Faja Petrolífera del Orinoco, Venezuela necesitó importar aproximadamente 141.000 barriles diarios de nafta pesada para sostener su exportación de abril. Por lo que, la carencia de estos recursos diluyentes por problemas logísticos o bancarios daría pie a que la producción petrolera de empresas como Repsol se vieran interrumpidas inmediatamente.
Aunque, quizás el mayor problema del país es directamente el financiero, ya que el sistema bancario internacional continúa considerando a Venezuela un entorno de alto riesgo. De hecho, bancos internacionales se resisten a procesar pagos, confirmar cartas de crédito o financiar operaciones asociadas a PDVSA. Por no hablar de la “prima Venezuela”, donde proveedores internacionales incrementan entre un 40% y un 60% el coste de servicios y equipos debido al riesgo regulatorio y legal asociado al país.
Por ello, el comportamiento reciente de Repsol refleja una estrategia de expansión selectiva y defensiva más que una apuesta masiva por la reconstrucción venezolana. La empresa no se está retirando del país, pero tampoco está desplegando inversiones comparables a las necesarias para restaurar plenamente la infraestructura nacional. Por ello, por el momento se está centrando en recuperar deuda y aumentar gradualmente producción solo en aquellas áreas donde el riesgo operativo sea manejable, tal y como está empezando a realizar con estos últimos movimientos.




