La suspensión de las negociaciones sobre un acuerdo en Irán ya son un hecho, no por nada las reacciones del mercado se han traducido en un nuevo pico en los precios del crudo.
Teniendo en cuenta que las incertidumbres en torno a Oriente Próximo han vuelto mientras existe la amenaza de que en julio se acaben las liberaciones de petróleo pensadas para contener los precios de la energía, da pie a que Naturgy tenga dentro de este panorama un buen posicionamiento. Esta situación se debe a que su estrategia se basa en una redirección de su esfuerzo a renovables clásicas, pero sin renegar de su historial gasista, que gracias a sus contratos a largo plazo podría ofrecer la misma energía a un precio más competitivo; igual que una diversificación de las fuentes de origen de este recurso.
Europa quiere desgasificarse progresivamente pero la infraestructura de Naturgy gana peso en el corto plazo
En este sentido, desde los análisis de Morgan Stanley prevén que Europa cara a 10 años va a iniciar un reenfoque centrado en el desarrollo masivo de renovables, renegando del gas para reducir su exposición a crisis internacionales, como es el caso de Ucrania y la última que estamos viviendo por el estrecho de Ormuz. De hecho, la firma de inversión anticipa que para la siguiente década, se dará un ciclo inversor destinado a sectores verdes, añadiendo para el periodo de 2026 y 2030 añada alrededor de 318 GW de nueva capacidad eléctrica, de los cuales hasta 309 GW corresponderían a tecnologías limpias.
Naturgy atrapada en un negocio que Europa quiere reducir: el gas cae a un segundo plano
Tal y como tratamos en este diario, esta situación a priori podría dar pie a que Naturgy estuviera peor posicionada, ya que esa inversión no de redirigía a sus activos gasistas, quedando por detrás de otras utilities europeas y operadores como Redeia, E.ON o SSE, que se beneficiarán de un nuevo ciclo inversor que apuesta por la electrificación de la red europea, con un capex anual europeo en redes podría pasar de unos 45.000-50.000 millones en 2024 hasta cerca de los 90.000-100.000 millones de euros hacia 2030.

El «July cliff» también cambia la narrativa
No obstante, desde entonces la narrativa ha cambiado: la seguridad energética está volviendo a ganar la carrera energética europea por encima de objetivos más a largo plazo como la independencia estratégica. Esto se debe a la temida entrada del «July cliff», es decir la pérdida de la liberación de reservas de petróleo que durante los últimos meses han sostenido artificialmente el mercado energético, que han absorbido parte del impacto geopolítico de la coyuntura iraní.
Por ello, teniendo en cuenta que Naturgy cuenta con una flota propia de ocho buques metaneros, más de 138.000 kilómetros de red de distribución y millones de clientes vinculados al negocio gasista, sumado a una diversificación de compradores. De hecho, durante los momentos de mayor incertidumbre derivados de la crisis iraní, tanto el Gobierno español como Naturgy exploraron fórmulas para reforzar el suministro procedente de Argelia con el objetivo de reducir el impacto de la inestabilidad en los mercados internacionales de gas.

Esto permite construir una lectura diferente de la situación actual, ya que, mientras que el escenario dibujado por Morgan Stanley para la próxima década favorece claramente a compañías más orientadas hacia la electrificación y las renovables, la coyuntura geopolítica está recordando que los activos gasistas siguen teniendo un valor estratégico difícil de sustituir en el corto plazo. Por ello, el verdadero debate para Naturgy no es únicamente si Europa quiere menos gas en el futuro. La cuestión, que se abre al tener esta situación es si el continente puede permitirse reducir demasiado rápido el peso de una infraestructura que sigue funcionando como red de seguridad cada vez que aparece una crisis internacional.
Desde esta perspectiva, la cancelación de las negociaciones con Irán y el fenómeno del “July cliff” convergen en una misma idea: cuanto más tensionado se encuentre el mercado energético internacional, mayor relevancia adquieren los activos capaces de garantizar suministro. Y precisamente ahí es donde Naturgy conserva una ventaja competitiva derivada de un negocio que Europa intenta reducir, pero que todavía no puede permitirse abandonar completamente.




