Florentino Pérez ha decidido librar una nueva batalla. Esta vez no es contra la UEFA, los árbitros, Javier Tebas o el FC Barcelona. El presidente del Real Madrid ha optado por marcar distancias con algunos de los grandes medios deportivos españoles en plena campaña electoral, en un movimiento que muchos interpretan como una auténtica «peineta» mediática dirigida a aquellos espacios que considera más receptivos a la candidatura alternativa de Enrique Riquelme.
Desde el entorno del dirigente blanco aseguran que Pérez no tiene intención de conceder entrevistas ni a la Cadena COPE ni al diario Marca durante este proceso electoral. La decisión resulta especialmente llamativa porque ambas plataformas han sido históricamente relevantes para la construcción del relato mediático del madridismo y porque durante años mantuvieron una relación mucho más cercana con el presidente madridista, en el caso de Marca a través de su director Juan Ignacio Gallardo y en COPE vía Paco González.
La ruptura, sin embargo, no surge de la nada. En el caso de la emisora episcopal, la conocida mala relación de Florentino Pérez con algunas de sus principales estrellas, especialmente Manolo Lama y Juanma Castaño, ha contribuido a un clima cada vez más hostil para el dirigente. Durante las últimas semanas se han multiplicado en COPE las críticas a varios de los proyectos más controvertidos de su gestión.
Los problemas derivados de la reforma del Santiago Bernabéu, las dificultades para rentabilizar el estadio tras las restricciones a los conciertos, el estancamiento de la Superliga Europea o algunas polémicas relacionadas con los procesos electorales del club han sido objeto de análisis constantes en programas como El Partidazo o Tiempo de Juego.
Dentro de la propia COPE apenas quedan voces claramente favorables al actual presidente. Uno de los pocos casos es el de Melchor Ruiz, colaborador habitual de Real Madrid TV y periodista que mantiene una línea generalmente comprensiva con la gestión de Pérez. Más ambiguo aparece Siro López, también vinculado al canal oficial madridista en las retransmisiones de baloncesto, pero que no ha dudado en cuestionar algunas decisiones del llamado «Ser superior» durante los últimos años.
Mientras tanto, Enrique Riquelme sí ha encontrado en COPE una plataforma para difundir su proyecto. El empresario ha sido entrevistado tanto en El Partidazo como en Tiempo de Juego, espacios que han recibido repetidas negativas por parte de Florentino Pérez. El contraste resulta evidente. Mientras el aspirante alternativo multiplica sus apariciones mediáticas, el actual presidente selecciona cuidadosamente sus escenarios.
No es casualidad que Pérez haya preferido dejarse ver en medios considerados más cómodos para sus intereses o, al menos, menos agresivos en sus cuestionamientos. Durante las últimas semanas ha concedido entrevistas y apariciones en La Sexta, TVE, El País o La Razón, evitando en cambio aquellos espacios donde previsiblemente tendría que enfrentarse a preguntas más incómodas.
Tampoco le ha ido mal en El Español, con su director Pedro J. Ramírez alumbrando un obsceno videopodcast titulado «Florentino, un grande de España: que no os lo quiten, madridistas».
La guerra de Florentino Pérez con Marca
La situación con Marca presenta además componentes empresariales que trascienden el ámbito estrictamente periodístico. Diversas fuentes próximas al entorno madridista apuntan a que una de las razones del distanciamiento tendría relación con la estructura accionarial del grupo propietario del periódico deportivo.
La familia Agnelli, a través del conglomerado Exor, mantiene el control de la Juventus de Turín y una importante influencia en el ecosistema empresarial que rodea a RCS MediaGroup, matriz de Unidad Editorial, editora de Marca. Las tensiones históricas entre Florentino Pérez y determinados sectores vinculados al club italiano, especialmente a raíz del proyecto de la Superliga, habrían contribuido a deteriorar unas relaciones que ya no atraviesan su mejor momento.
En cualquier caso, el veto informal a determinados medios contrasta con el mensaje que el propio Florentino Pérez intenta transmitir sobre una supuesta campaña de desgaste en su contra. El presidente ha denunciado repetidamente la existencia de sectores mediáticos y empresariales que pretenden erosionar su imagen, una tesis que volvió a exponer recientemente durante una rueda de prensa en la que cargó contra periodistas, empresarios y grupos de comunicación.
Aquella comparecencia provocó una auténtica tormenta de reacciones. Desde COPE, SER y otros medios se sucedieron las críticas a un discurso que muchos interpretaron como victimista y alejado de la imagen institucional que tradicionalmente había proyectado el presidente madridista.
Paradójicamente, la estrategia parece estar beneficiando más a Enrique Riquelme que perjudicándolo. El empresario, que hasta hace pocos meses era prácticamente un desconocido para gran parte del madridismo, ha conseguido situar su nombre en el centro del debate público gracias en buena medida a la dureza de la respuesta desplegada desde el entorno florentinista.
Aun así, los números siguen siendo muy favorables para el actual presidente. Las encuestas que circulan entre distintos sectores próximos al club continúan otorgando a Florentino Pérez porcentajes de apoyo cercanos al 80%. Su enorme capital político, construido durante más de dos décadas y respaldado por un palmarés extraordinario, sigue constituyendo una barrera difícil de superar para cualquier rival.
Sin embargo, la candidatura de Riquelme parece estar jugando una partida distinta. Más que ganar unas elecciones aparentemente imposibles, el objetivo podría consistir en construir una alternativa sólida de cara al futuro y empezar a tejer una estructura capaz de competir cuando se produzca la inevitable sucesión del actual presidente.
En esa línea se interpretan algunos de sus últimos movimientos mediáticos. Anteayer anunció en El Larguero de la SER que Raúl González sería su director deportivo en caso de alcanzar la presidencia. Un mensaje cuidadosamente diseñado para conectar con el sentimiento de buena parte del madridismo y proyectar una imagen de renovación institucional.
Posteriormente fue entrevistado por la emisora catalana RAC1, ampliando así su presencia más allá de los medios madrileños tradicionales. Y en las últimas horas circulaban informaciones sobre una posible aparición en El Hormiguero, donde podría lanzar nuevos anuncios destinados a reforzar la visibilidad de su proyecto.
La consecuencia de todo ello es que Florentino Pérez corre el riesgo de alimentar precisamente aquello que pretende combatir. Cada negativa a determinados medios, cada ausencia en programas críticos y cada señalamiento a periodistas contribuye a reforzar la percepción de que existe una batalla abierta entre el presidente y una parte significativa del ecosistema mediático deportivo.
Lo llamativo es que esta guerra llega en un momento en el que, objetivamente, el privatizador Pérez no parece necesitarla. Sigue siendo el gran favorito para continuar al frente del Real Madrid. Su control institucional continúa siendo enorme y ningún rival ha conseguido todavía acercarse seriamente a sus niveles de popularidad entre los socios.
Por eso sorprende que el presidente haya optado por una estrategia de confrontación que, lejos de debilitar a Enrique Riquelme, está permitiendo que el joven empresario gane notoriedad, presencia mediática y capacidad para colocar sus mensajes en la agenda pública de la mano de su jefe de campaña, Enrique Marqués.





