El CSIC halla células cerebrales patológicas en células que se creían inocuas y reescribe la neurobiología

El hallazgo, publicado en Science Advances, cambia lo que se sabía sobre el papel de estas células gliales en el cerebro sano. Los astrocitos de proyección varicosa aparecen en procesos inflamatorios y podrían ser una diana terapéutica en enfermedades neurodegenerativas.

Durante décadas, los neurocientíficos creyeron que ciertas células del cerebro —los astrocitos de proyección varicosa— eran inocentes acompañantes de las neuronas, exclusivas del cerebro sano de humanos y grandes simios. Su llamativa forma, semejante a un collar de perlas microscópico, era solo una firma de la normalidad. Un estudio internacional con participación del CSIC acaba de demostrar lo contrario: estas mismas células aparecen en procesos patológicos, vinculadas a la inflamación cerebral que subyace en numerosas enfermedades neurológicas.

Astrocitos varicosos: las células cerebrales que no eran tan inocentes

Los astrocitos son las células gliales más abundantes del sistema nervioso central. Su nombre, derivado de su forma de estrella, apenas insinúa el papel de soporte vital que desempeñan: nutren a las neuronas, modulan la comunicación entre ellas y levantan la barrera hematoencefálica. Dentro de esta familia, los astrocitos de proyección varicosa destacan por poseer procesos largos con abultamientos periódicos, una morfología que los científicos habían asociado únicamente al tejido cerebral intacto de Homo sapiens y sus parientes más cercanos.

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El hallazgo, publicado en Science Advances, cambia esa imagen de raíz. El equipo, liderado por la doctora Carmen Falcone de la Towson University (Maryland, EE.UU.) y en el que participan los investigadores del CSIC Francesco Paolo Ulloa Severino y Marta González Martín, del Centro de Neurociencias Cajal (CNC), demuestra que estos astrocitos especializados están presentes en otros mamíferos y, sobre todo, que se activan con fuerza durante la neuroinflamación.

“Hasta ahora se creía que este tipo de astrocito era exclusivo de los humanos y que estaba presente únicamente en el cerebro sano”, explica Ulloa Severino. El estudio revela con claridad que esa aparente inocencia era solo una foto fija. Cuando el tejido nervioso sufre agresión o infección, estas células despliegan su fenotipo patológico.

De la inflamación simulada al collar de perlas: cómo se desencadenó la patología

Para seguir el rastro de la transformación, el equipo recurrió a un modelo animal clásico. La investigadora del CSIC Marta González Martín inyectó en ratones lipopolisacárido, una molécula de la pared bacteriana que el sistema inmunitario reconoce como una señal de alarma. La respuesta fue inmediata: muchos astrocitos desarrollaron prolongaciones irregulares, abultadas, que recordaban al característico collar de perlas de las proyecciones varicosas.

El fenómeno no se limitó a la corteza cerebral. Los investigadores observaron que estas células aparecían también en regiones subcorticales, lo que sugiere que su formación varía según la zona afectada y que la comunicación con otras células gliales podría ser un engranaje fundamental del daño. Durante años, la neurobiología había descrito la activación de los astrocitos como una reacción genérica. Ahora empieza a dibujarse un mapa mucho más fino de subpoblaciones con funciones contrapuestas.

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¿Una posible vía terapéutica? La clave está en la reversibilidad

El hallazgo más prometedor, sin embargo, no es la mera detección del fenómeno, sino su comportamiento dinámico. Los experimentos demostraron que el proceso es reversible: al retirar las citocinas inflamatorias que desencadenan la transformación, las células recuperan su morfología normal. En otras palabras, la conversión patológica no es un punto de no retorno.

Esta plasticidad celular abre una rendija terapéutica que hasta ahora no existía. Si se logra identificar el interruptor molecular que enciende las varicosidades, tal vez sea posible modular su aparición en fases tempranas de enfermedades que cursan con inflamación crónica del sistema nervioso, como la esclerosis múltiple, el alzhéimer o los traumatismos craneoencefálicos graves. No se trata de una promesa inmediata, sino de un giro conceptual: por primera vez, la neurobiología mira a estos astrocitos como células diana y no como meros espectadores.

La imagen de una célula que cambia de forma, enferma y luego sana al retirar el estímulo dañino es una de las secuencias más sugerentes de la neurociencia actual.

El propio Ulloa Severino matiza el optimismo: “La prioridad será entender los mecanismos moleculares que desencadenan la formación de los astrocitos de proyección varicosa y aclarar si estas células agravan el daño neuronal o, por el contrario, protegen al cerebro”. Junto a ese interrogante, los investigadores señalan la necesidad de desentrañar cómo conversan estos astrocitos con otras células gliales, pues esa red de señales parece amplificar o contener la patología.

El estudio, además, amplía el catálogo de especies en las que se observan estas proyecciones. Ya no son solo patrimonio humano. Que roedores las generen bajo inflamación facilita los estudios funcionales en el laboratorio, un paso indispensable para que la neurociencia básica acabe traduciéndose en ensayos clínicos.

La evidencia acumulada por el equipo de Falcone y el CSIC obliga a reescribir páginas enteras del manual de la glía. Allí donde solo veíamos arquitectura celular de fondo, emerge un actor capaz de enfermar y, quizá, de curarse. El cerebro, como casi siempre, resulta ser mucho más coral de lo que imaginábamos.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Los astrocitos de proyección varicosa, considerados hasta ahora células gliales exclusivas del cerebro sano humano, aparecen en procesos patológicos de inflamación y están presentes en otros mamíferos.
  • Dónde: Los estudios se realizaron en ratones, así como en tejido cerebral humano y de otros mamíferos, en el Centro de Neurociencias Cajal (CSIC) y la Towson University (EE.UU.).
  • Institución responsable: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con participación de la Towson University y otros centros internacionales.
  • Cuándo: El estudio se publicó en la revista Science Advances en julio de 2026.
  • Impacto a futuro: Abre la posibilidad de desarrollar terapias para enfermedades neurológicas basadas en la reversibilidad del fenotipo patológico de estos astrocitos.

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