Naturgy atrapada en un negocio que Europa quiere reducir: el gas cae a un segundo plano

Naturgy está en un equilibrio incómodo entre su legado gasista y una transición hacia el nuevo modelo energético europeo.

Europa está avanzando hacia un futuro donde las renovables ganan importancia, mientras que el gas pierde valor progresivamente. Esta es la realidad a la que se enfrenta Naturgy, debido a su alta exposición a negocios vinculados con el GNL (gas natural licuado). Una exposición, que si bien ha sido clave para actuar como activo refugio en crisis energéticas del calibre del estallido de la guerra de Ucrania de 2022 o el cero energético que azotó a toda la península ibérica del año pasado, está perdiendo relevancia dentro del panorama europeo.

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Morgan Stanley prevé este giro de guion por parte de la energía en Europa, ya que después de las crisis energéticas afrontadas, teniendo la última por el estrecho de Ormuz, el continente va a buscar la soberanía e independencia energética en sus renovables. En este sentido, la firma de inversión anticipa que para la siguiente década, se dará un ciclo inversor destinado a sectores verdes, añadiendo para el periodo de 2026 y 2030 añada alrededor de 318 GW de nueva capacidad eléctrica, de los cuales hasta 309 GW corresponderían a tecnologías limpias.

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El problema para Naturgy bajo este contexto, es que su ADN empresarial sigue estando profundamente ligado al gas. En este sentido, la compañía cuenta incluso con una flota propia de ocho buques metaneros, más de 138.000 kilómetros de red de distribución y millones de clientes vinculados al negocio gasista. Un modelo de negocio, que a ojos de Morgan Stanley tiene un futuro reducido ya que Europa ya no está propiciando tanto la garantía de suministro energético, sino reducir de forma progresiva la dependencia estructural del mismo.

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Francisco Reynés, presidente de Naturgy. Imagen: Agencias

De esta forma, Naturgy quedaría peor posicionada que otras utilities europeas y operadores como Redeia, E.ON o SSE, que se beneficiarán de un nuevo ciclo inversor que apuesta por la electrificación de la red europea. En este sentido, la firma bancaria calcula que el capex anual europeo en redes podría pasar de unos 45.000-50.000 millones en 2024 hasta cerca de los 90.000-100.000 millones de euros hacia 2030.

El contraste es importante porque la lógica financiera del nuevo ciclo energético europeo favorece especialmente a los operadores eléctricos regulados. Mientras que, Naturgy, por su parte, arrastra parte de las contradicciones del viejo modelo energético europeo, ya que durante décadas, Europa construyó una enorme infraestructura gasista pensando que el gas sería el combustible puente de la transición energética y que este puente duraría mas tiempo. El problema es que Morgan Stanley detecta un aceleración en esa transición energética que recompensaría a través de las inversiones a las empresas con un mejor posicionamiento en redes y renovables, puntos donde Naturgy tiene dificultades debido a sus ataduras en los contratos gasistas a largo plazo.

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Edificio de Naturgy. Fuente: Naturgy

No obstante, esto no significa que el gas acabe extinto de aquí a una década, de hecho, el informe del banco norteamericano reconoce que la molécula seguirá siendo necesaria durante años para estabilizar el sistema eléctrico europeo mientras avanza la electrificación. Además, Naturgy pese a estar peor posicionada para este futuro más renovable, también ha hecho los deberes en esta materia, no por nada la compañía lleva años intentando reposicionarse parcialmente hacia negocios más alineados con la electrificación y la descarbonización.

En este sentido, la energética ha acelerado su inversión en renovables durante los últimos ejercicios y ha reforzado especialmente su apuesta por tecnologías como el biometano, el hidrógeno verde o la generación eléctrica renovable. Y justo tecnologías como el hidrógeno verde, donde Naturgy participa en varios proyectos, resultan interesantes ya que responde al legado gasista de la empresa y la necesidad de que se actualice hacia economías verdes. Sin embargo, esta tecnología aún tiene retos como los costes elevados y una rentabilidad incierta. Mientras que, Morgan Stanley ve como claras beneficiadas a tecnologías como la eólica marina que a sus ojos sería la fuente de energía que más podría aportar a la generación renovable del futuro.

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Aerogeneradores de Naturgy. Fuente: Agencias.

En cuanto a Naturgy, también está apostando por la generación verde, aumentando su capacidad solar y eólica en España, Australia y Latinoamérica, intentando acercarse a utilities más electrificadas como Iberdrola. El problema en este aspecto es que mientras que la energética vasca ha sabido construir un relato centrado en redes y renovables; Naturgy está en un equilibrio incómodo entre su legado gasista y una transición hacia el nuevo modelo energético europeo. Y es esta dualidad, la que deja a la compañía en una posición muy incómoda en el escenario dibujado por Morgan Stanley.

En definitiva, Naturgy tiene un posicionamiento desventajoso frente al nuevo panorama europeo, a pesar de que tiene ciertos indicios hacia las energías renovables. Por ello, la cuestión es si Naturgy logrará adaptarse rápidamente al nuevo panorama europeo o si, de lo contrario, quedará rezagada en esta carrera hacia la electrificación


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