Crisis Ormuz Repsol: Imax tacha de ‘naif’ la respuesta de Bruselas y pide ‘más tecnología, menos ideología’

El CEO de Repsol advierte de que Europa ha perdido el 20% de su capacidad de refino y critica el enfoque exclusivo en electrificación y renovables. 'Sin combustibles no hay defensa', sentencia en el foro de Energía y Geoestrategia 2026.

Josu Jon Imaz no se muerde la lengua. El consejero delegado de Repsol ha calificado de ‘naif’ la respuesta de la Comisión Europea a la crisis energética provocada por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, y ha reclamado un giro pragmático que ponga sobre la mesa todas las tecnologías disponibles: petróleo, gas, nuclear y combustibles renovables. ‘Más tecnología y menos ideología’, sentenció.

La intervención, pronunciada en el foro de Energía y Geoestrategia 2026, llega en un momento de máxima tensión para el suministro energético global. El bloqueo del estrecho —por donde transita aproximadamente una quinta parte del crudo mundial— ha vuelto a exponer las costuras del modelo energético europeo. Y para Imaz, la respuesta de Bruselas no está a la altura.

Publicidad

La respuesta ‘naif’ de Bruselas que enfurece al sector

El CEO de Repsol fue directo al grano. La Comisión Europea, explicó, insiste en la electrificación y el despliegue de renovables como única receta ante la crisis. Una solución que ‘tiene sentido a largo plazo’, admitió, pero que ‘en absoluto’ resuelve los problemas inmediatos. Parece que Europa no aprende’, espetó Imaz ante un auditorio lleno de expertos en energía y defensa.

La crítica no es nueva, pero sí el tono. Imaz considera que la respuesta europea es ‘incompleta’ para abordar los problemas reales. Mientras los barcos no pueden cruzar Ormuz, Bruselas habla de objetivos a 2040 y 2050. La desconexión entre el discurso político y la realidad operativa del suministro energético resulta, a su juicio, insostenible.

Y los datos le respaldan. Imaz recordó que el 97% de los transportes depende de los hidrocarburos, un porcentaje que ‘no va a bajar significativamente’ en los próximos años. La electrificación del parque automovilístico avanza, sí, pero el transporte pesado, la aviación y el sector marítimo siguen anclados al petróleo y al gas. El dato es tozudo. Esa realidad, insistió, no se transforma por decreto.

En este contexto, el CEO de Repsol señaló a países como Estados Unidos, Brasil o Canadá como fuentes de suministro energético estables. También a Libia y Argelia en el capítulo gasista. La diversificación geográfica, defendió, no es una opción estratégica más: es una necesidad imperiosa para reducir la vulnerabilidad europea.

Bruselas responde con el horizonte de 2050 mientras los barcos no pueden cruzar Ormuz hoy. Esa desconexión es el problema.

Imaz también cargó contra el estigma del ‘fracking’ en Europa. Mientras el continente rechaza esta técnica, el gas no convencional estadounidense ha amortiguado el impacto de las crisis energéticas en los últimos años. La paradoja es evidente: Europa importa gas obtenido mediante métodos que prohíbe en su territorio. El resultado es una dependencia que no se reduce, sino que se externaliza.

El directivo tampoco ahorró críticas a casos concretos dentro del propio espacio europeo. En Reino Unido, denunció, el entorno regulatorio y fiscal está desincentivando nuevas inversiones energéticas. En Chipre, el potencial gasista del país se desaprovecha porque, según su diagnóstico, el gas ‘terminará siendo procesado en Egipto’. Dos ejemplos que ilustran el fracaso de un enfoque que margina los hidrocarburos sin ofrecer alternativas viables a corto plazo.

Europa pierde el 20% de su capacidad de refino: ‘Sin combustibles no hay defensa’

Josu Jon Imaz

Uno de los pasajes más duros de la intervención se centró en el refino. Imaz lo definió como la ‘columna vertebral’ de la economía moderna. No exageraba. El 98% de las actividades productivas requieren derivados petroquímicos en alguno de sus procesos. Sin embargo, el continente ha perdido el 20% de su capacidad de refino en los últimos años. Un dato que debería encender todas las alarmas en Bruselas. Pero no lo hace.

El consejero delegado de Repsol puso un ejemplo que resuena con fuerza en el actual contexto geopolítico: la defensa. ‘Sin combustibles no hay defensa’, afirmó con rotundidad. Un tanque, un caza o un buque de guerra no funcionan con paneles solares. La logística militar depende enteramente de los hidrocarburos, y una Europa desarmada en términos de refino es una Europa estratégicamente vulnerable. Así de claro.

En este punto, Imaz defendió las inversiones que tanto Repsol como Cepsa (ahora Moeve) realizaron en sus refinerías en un momento en que muchos consideraban esas plantas como activos condenados a la obsolescencia. Aquellas decisiones, que en su día generaron dudas en algunos sectores financieros, aparecen hoy como un acierto estratégico. Tener capacidad de refino propia no es un capricho industrial: es una póliza de seguro.

El foro también contó con la intervención de Duarte Bello, consejero delegado de EDP España, que reclamó un marco regulatorio estable para acelerar la transición energética basada en sostenibilidad, competitividad y seguridad. Y del teniente general Miguel Ballenilla, director del Ceseden, que subrayó que la seguridad energética se ha convertido en el cuarto pilar de la energía, tras la disponibilidad, el precio y la sostenibilidad.

Más tecnología y menos ideología: el debate que la UE no quiere tener

La intervención de Imaz no es un exabrupto aislado. Responde a un malestar creciente en el sector energético europeo, que observa con perplejidad cómo Bruselas insiste en un discurso que los hechos se encargan de desmentir una y otra vez. La estrategia de descarbonización es necesaria, pero su aplicación dogmática está generando tensiones que van más allá de las refinerías y las petroleras.

Europa se enfrenta a una contradicción difícil de resolver: quiere liderar la lucha contra el cambio climático, pero su demanda energética no para de crecer. Quiere electrificar la economía, pero sus redes no están preparadas. Quiere independencia estratégica, pero cierra refinerías y prohíbe tecnologías que otros usan para abastecerla. El resultado es un continente que importa el 90% de su petróleo y más del 80% de su gas mientras predica la autonomía energética.

Imaz puso una comparación demoledora sobre la mesa: el sector del cemento y del acero chinos emiten tanto CO2 como toda Europa junta. ‘Es el espejo del fracaso de nuestras políticas’, sentenció. La descarbonización europea, sin un enfoque global coordinado, corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de virtuosismo moral sin impacto real sobre las emisiones globales.

La propuesta de Imaz se resume en cuatro palabras: neutralidad tecnológica real. Que Europa use todas las opciones disponibles —desde la nuclear hasta los combustibles renovables, pasando por el gas y el petróleo— con una política ‘realista, competitiva y estratégica’. El objetivo no es abandonar la transición energética, sino dejar de abordarla con un enfoque que tacha de ‘naif’. La diferencia no es menor.

El debate está servido. La crisis de Ormuz ha vuelto a demostrar que la seguridad energética no es un capítulo cerrado en los libros de historia, sino una vulnerabilidad activa que puede activarse en cualquier momento. La pregunta que flota en el ambiente tras el foro de Energía y Geoestrategia es si Bruselas escuchará esta vez. O si, como teme Imaz, Europa seguirá sin aprender.


Publicidad