Citroën ha decidido devolver el poder de compra a los europeos con un movimiento que apela a la nostalgia y a la razón económica. La marca del Grupo Stellantis trabaja en resucitar el mítico Citroën 2CV en formato 100% eléctrico, con un precio por debajo de los 15.000 euros. El prototipo se presentará en el próximo Salón de París, y su llegada apunta directa a un segmento que Europa abandonó hace años: los coches nuevos, sencillos y realmente asequibles.
El diagnóstico de la propia Citroën es demoledor. Según Xavier Chardon, consejero delegado de la marca, el mercado europeo ha perdido cerca de tres millones de ventas anuales en las categorías inferiores, y el 60% de esa caída responde a la inexistencia de modelos por debajo de los 15.000 euros. La edad media del parque automovilístico ha superado los 12 años, un síntoma claro de que los conductores no encuentran relevo.
El regreso del mito: un eléctrico por menos de 15.000 euros
El Citroën 2CV original, concebido en los años 30 para motorizar a la Francia rural, se convirtió en un icono de la movilidad sin lujos. Con más de 5 millones de unidades fabricadas hasta su cese en 1990, el ‘dos caballos’ representó la democratización del automóvil en la posguerra. Ahora, Thierry Koskas, director general de Citroën, quiere recuperar esa esencia utilitaria, pero con propulsión eléctrica. Su declaración, recogida por Híbridos y Eléctricos, marca el tono: la misión es ofrecer soluciones sencillas y honestas, eliminando los excesos que inflan los precios.
El precio objetivo —por debajo de los 15.000 euros— lo coloca entre los eléctricos más baratos del mercado, en un escalón que hoy apenas tiene oferta. Competidores como el Dacia Spring o los futuros modelos chinos empiezan a asomarse, pero ninguno parte de un icono cultural tan potente como el 2CV. Citroën busca que el coche sea tan accesible como su antecesor, pero con las obligaciones de seguridad y emisiones del siglo XXI.
La plataforma Smart Car, clave para contener el precio
Para alcanzar ese precio, Citroën recurrirá a la plataforma Smart Car del Grupo Stellantis. Esta arquitectura, derivada de la plataforma CMP, está diseñada desde cero para coches eléctricos asequibles. Simplifica procesos, reduce el número de componentes y permite una fabricación a gran escala. Así, se pueden mantener los estándares de seguridad y el confort característico de Citroën sin recurrir a tecnologías de lujo.
La estrategia no es nueva. Stellantis ya ha utilizado esta base en modelos como el Citroën ë-C3 o el Fiat 600e, aunque el reto ahora es llevarla a un segmento inferior, donde los costes son aún más críticos. La decisión de aplicar la Smart Car al resucitado 2CV demuestra la voluntad de la marca de no hacer un ejercicio de estilo nostálgico, sino un producto de volumen con sentido industrial.

La vuelta del 2CV no es una operación de nostalgia industrial, sino la respuesta a un mercado europeo que ha perdido 3 millones de ventas por la ausencia de coches baratos.
Análisis: ¿puede Citroën reactivar el mercado de coches asequibles?
El movimiento de Citroën llega en un momento crítico. Durante años, los fabricantes europeos han ido abandonando los segmentos más bajos por sus márgenes raquíticos. Mientras, los constructores chinos como BYD o MG empiezan a copar ese hueco con modelos cada vez más competitivos. El 2CV eléctrico es, en parte, una respuesta defensiva: Stellantis no quiere ceder la base de su pirámide de clientes.
Sin embargo, el éxito de la operación no está garantizado. Mantener un precio por debajo de 15.000 euros con una batería eléctrica decente exige un control de costes extremo. Las economías de escala son imprescindibles, y eso implica volúmenes de producción masivos desde el primer día. Si Citroën no logra vender cientos de miles de unidades, el proyecto podría no ser rentable. Además, existe el riesgo de canibalizar sus propios modelos, como el ë-C3.
El verdadero desafío estará en el coste por kilovatio-hora de las baterías. Stellantis confía en sus acuerdos con proveedores y en la producción en Europa, pero la volatilidad de los materiales sigue siendo alta. Conseguir un autonomía suficiente —quizá en torno a 200 kilómetros WLTP— sin disparar el precio final es un equilibrio difícil. Aun así, la apuesta tiene sentido: los europeos necesitan un electrico asequible, y Citroën está dispuesto a darlo.
El prototipo que desvele Citroën en París será solo un primer paso. La verdadera batalla se librará en las cadenas de montaje y en la capacidad de Stellantis para reducir el coste por kilovatio-hora. Si lo logran, no solo habrán resucitado un mito: habrán devuelto al mercado europeo los coches que el consumidor lleva años esperando.




