El Tribunal Supremo ha disparado la guerra de las tardes. Mediaste España ha confirmado este martes que inicia el desarrollo de un nuevo concurso propio que incorporará El Rosco como prueba final, apenas unos días después de que el alto tribunal fallara a su favor en la batalla por los derechos de la icónica prueba de Pasapalabra.
La comunicación oficial del grupo de Fuencarral fue breve pero cargada de intención estratégica: ‘Mediaset España comienza a preparar un nuevo programa que incluirá El rosco como elemento final y principal’. Con esta frase, la compañía despeja la gran incógnita que sobrevolaba el sector desde la histórica sentencia del Supremo, que deja a Atresmedia sin el cierre más emblemático de su programa estrella.
Un concurso diseñado para El Rosco
A diferencia de otras opciones que estaban sobre la mesa, como integrar la prueba en un formato internacional ya existente, Mediaset ha optado por levantar un programa completamente nuevo. La decisión de de construir un formato desde cero revela la ambición de no limitarse a replicar el éxito de Pasapalabra, sino de crear una identidad televisiva propia alrededor del desafío de las definiciones y el cronómetro.
La ventaja competitiva es evidente: por primera vez desde que perdió los derechos de emisión del concurso en 2019, Mediaset posee legalmente la explotación de El Rosco. Esto le otorga una libertad creativa que no tuvo con el fallido El Tirón, aquel intento de 2020 que naufragó en audiencias porque, precisamente, carecía del elemento de fidelización más potente de la televisión española. La prueba original lo cambia todo.

En Fuencarral no olvidan el impacto que supuso la marcha de Pasapalabra a Antena 3. La pérdida no solo desgajó la franja de tarde, sino que arrastró al access prime time y debilitó la audiencia de los informativos de Telecinco. Ahora, con la sentencia que obliga a Atresmedia a reformular el desenlace de su programa más visto, Mediaset ve una ventana de oportunidad histórica.
Por primera vez en siete años, Mediaset tiene la prueba y el argumento legal para atacar la hegemonía de Antena 3 en las tardes.
El tablero que deja la sentencia del Supremo
La resolución judicial que reconoce a la holandesa MC&F como titular de los derechos de propiedad intelectual de El Rosco ha sacudido los cimientos de la parrilla televisiva. Atresmedia, que seguirá emitiendo Pasapalabra, se enfrenta al reto de reinventar su mecánica final sin traicionar la esencia que ha mantenido enganchada a la audiencia durante más de dos décadas. Un desafío de fidelización que puede alterar los hábitos de consumo de millones de espectadores.
Mientras, en Mediaset, el desarrollo del nuevo concurso avanza sin productora adjudicada ni diseño definitivo, pero con una urgencia estratégica que no esconde nadie en el grupo. La compañía busca recuperar el control de una franja que es, además, el principal colchón de audiencia para sus informativos. Perder esa batalla afecta a toda la cadena.
Más que un concurso: lo que está en juego en la guerra de las tardes
La operación va mucho más allá de un formato televisivo. Lo que está en disputa es uno de los mecanismos de fidelización más poderosos que ha conocido la televisión en España. El Rosco, con su combinación de tensión, rapidez mental y cultura general, trasciende al propio programa que lo contiene. La prueba es, en sí misma, un evento diario que segmenta la audiencia y la fideliza de manera casi mecánica.
Mediaset tiene ahora la oportunidad de romper un monopolio de facto que Antena 3 ha mantenido durante siete temporadas. Pero el éxito no está garantizado. La cadena deberá construir no solo una prueba final atractiva, sino todo el andamiaje narrativo que la rodea: un presentador carismático, una mecánica de juego previa que genere expectación, y un ritmo que compita con el hábito ya profundamente arraigado de millones de espectadores que despiden la tarde con Pasapalabra.
El precedente de El Tirón demuestra que no basta con tener un espacio en la parrilla. Aquel formato, producido por Xanela, apenas sobrevivió unos meses. La diferencia esencial es que ahora Mediaset posee el activo que siempre le faltó: la prueba original. Eso le da una base sólida sobre la que construir, pero el reto creativo sigue siendo monumental. No se trata solo de recuperar una prueba, sino de crear un hábito nuevo en una audiencia que ya tiene uno muy consolidado.
El calendario juega a su favor. Con la sentencia del Supremo aún caliente y Atresmedia obligada a reconfigurar su producto estrella, cualquier mínima fisura en la audiencia del Pasapalabra reformulado será una oportunidad de oro para que Mediaset pueda colocar su nuevo formato. La guerra de las tardes acaba de empezar, y esta vez, la munición es de verdad.




