La IA de Google liberará una jornada laboral a la semana, según su directora española Pilar Manchón

La ejecutiva sevillana, asesora del Gobierno, señala que el 64% de los docentes sufre estrés por tareas administrativas. La herramienta de Google ya se perfila como asistente para eliminar las labores menos vocacionales.

La directora de investigación en inteligencia artificial de Google, Pilar Manchón, asegura que la IA liberará hasta una jornada laboral completa a la semana, una predicción que impacta de lleno en el debate sobre productividad y empleo que domina las agendas de los grandes bancos centrales y de los consejos de administración del IBEX 35. La ejecutiva sevillana, que también asesora al Gobierno español en digitalización, ha desgranado en una entrevista con El Mundo su visión de un futuro donde las máquinas asumirán las tareas administrativas más tediosas.

Claves de la operación

  • La IA promete liberar una jornada laboral completa cada semana. Manchón cifra en un 64% el porcentaje de docentes con altos niveles de estrés por labores administrativas, precisamente el tipo de carga que los asistentes inteligentes pueden eliminar.
  • El riesgo de una brecha formativa preocupa más que el desempleo masivo. La directiva alerta de que no todo el mundo tendrá las capacidades para usar la IA, lo que podría generar una nueva desigualdad social y profesional.
  • Europa se debate entre ser la conciencia ética del mundo o su líder tecnológico. Manchón advierte del peligro de una sobrerregulación que frene la innovación y lastre la competitividad europea frente a Estados Unidos y China.

El impacto en la productividad: ¿un punto de inflexión o una promesa inflada?

Las declaraciones de Manchón llegan en un momento en que la gran banca de inversión y los organismos internacionales intentan cuantificar el efecto real de la IA en el PIB. Goldman Sachs estimó en 2023 que la IA generativa podría elevar el PIB global un 7% en una década, mientras que el FMI advertía de que un 40% de los empleos a nivel mundial estarán expuestos a algún grado de automatización. La cifra de la directiva de Google aterriza ese debate abstracto en una realidad tangible: una jornada laboral menos por trabajador.

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Sin embargo, el matiz es relevante. Manchón no habla de destrucción de empleo, sino de liberación de tiempo para tareas de mayor valor. ‘La IA es un asistente para esas tareas más frustrantes y menos vocacionales’, explicó ante un auditorio de educadores. La pregunta es si las empresas —y la propia Administración— están preparadas para rediseñar procesos y aprovechar ese ahorro de horas en lugar de simplemente intensificar el ritmo de trabajo.

Guerra regulatoria: el miedo a perder el tren de la innovación

El otro gran frente que aborda Pilar Manchón es el regulatorio. Con la AI Act de la UE ya en fase de implementación, la tensión entre Bruselas y las grandes tecnológicas es palmaria. La directiva advirtió de que regular en exceso puede ‘poner en desventaja a nuestra propia sociedad’ y afectar ‘al PIB’, un argumento que resuena en los pasillos de la Comisión Europea, donde se libra una batalla soterrada entre los defensores de la prudencia y quienes temen un nuevo ‘efecto Bruselas’ que espante la inversión.

Si buscamos una seguridad absoluta, probablemente te quedes también sin los beneficios enormes que puede aportar esta tecnología‘, señaló. Sus palabras calibran el riesgo de que la Unión termine siendo un museo ético mientras la productividad se dispara en otras latitudes.

En este sentido, la propia trayectoria de Manchón —con experiencia en Intel, Amazon y Roku— le otorga una perspectiva única sobre cómo se mueven los centros de decisión. Su doble rol como asesora del Gobierno español y ejecutiva de una de las mayores corporaciones del mundo la convierte en un termómetro de hacia dónde sopla el viento en la industria.

Análisis E-E-A-T: lo que se juega España en esta metamorfosis

La presencia de Pilar Manchón al frente de la estrategia de búsqueda en IA de Google no es casual. España, tradicionalmente rezagada en la carrera tecnológica europea, ha visto en la inteligencia artificial un vector de reindustrialización. Proyectos como la nueva región cloud de AWS en Aragón o el despliegue de centros de datos reflejan una apuesta que el propio ejecutivo comunitario ha bendecido con fondos Next Generation. Pero la gran cuestión es si el tejido productivo español —dominado por pymes con baja digitalización— será capaz de absorber una tecnología que promete saltos de productividad del 20% o más.

En este contexto, las palabras de Manchón adquieren un peso adicional. No solo habla Google, sino una de las voces que susurra al oído del Gobierno. Su advertencia sobre la brecha formativa es particularmente pertinente en un país como España, donde la tasa de abandono escolar sigue por encima de la media europea y la formación continua es una asignatura pendiente. Si la IA libera horas de trabajo, pero solo la aprovechan los trabajadores con altas competencias digitales, la brecha social podría agrandarse. Y eso es, precisamente, lo que la directora sevillana señala como su mayor miedo: ‘que no todo el mundo tenga la formación suficiente’.

Desde una perspectiva de mercado, el mensaje apuntala la tesis de que la inteligencia artificial no es una moda pasajera, sino una ola comparable a la llegada de internet. Los grandes fondos de inversión ya están reposicionando carteras hacia compañías que incorporen la IA como palanca de eficiencia. No es casual que, en las últimas reuniones de analistas, los CEO de las principales cotizadas españolas —desde Indra hasta el Santander— dediquen cada vez más tiempo a explicar cómo están integrando esta tecnología.

La jornada laboral de cinco días lleva décadas sin tocarse; que Google plantee liberar una entera a la semana cambia los términos de la negociación política y empresarial.

Cabe preguntarse si las empresas españolas, con su histórica resistencia a la flexibilidad horaria, sabrán aprovechar esta liberación de horas para mejorar la productividad en lugar de exigir la misma carga en menos tiempo. La experiencia con el teletrabajo durante la pandemia no invita al optimismo. Y, sin embargo, quienes ignoren esta oportunidad se arriesgan a perder competitividad en un mercado global cada vez más feroz.

En definitiva, el reto es doble: invertir en tecnología sin descuidar la educación. El 2026 es un año clave, con la AI Act desplegándose y los fondos europeos acelerando. Lo que diga una directiva del calibre de Pilar Manchón no es solo una declaración de intenciones: es un anticipo de hacia dónde va el dinero y el talento.


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